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Laura Sarabia regresó oficialmente a la Casa de Nariño el viernes 23 de febrero; tres días después, el lunes 26, apareció sentada a la derecha del presidente Gustavo Petro y frente a la vicepresidenta Francia Márquez en el consejo de ministros. El martes estuvo en primera fila durante el encuentro del mandatario con la reina de Países Bajos, una imagen que se repitió ese mismo día en la reunión con el alcalde de Bogotá y el miércoles con la visita a Palacio de la bancada Caribe del Congreso.
El jueves viajó con el jefe de Estado a Cartagena para participar en la conferencia que reúne a todos los alcaldes del país y, finalmente, el viernes aterrizó en San Vicente y las Granadinas para acompañarlo en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a la que también llegaron otros ocho presidentes y siete primeros ministros de la región.
La agitada semana que tuvo esta mujer de 29 años ayuda a entender cuáles son sus roles en la Presidencia y da pistas de su dimensión en el proyecto político de Petro. Para algunos funcionarios de Palacio, este regreso contundente simplemente comprueba algo que ya se venía comentando: “Sarabia nunca se fue”.
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Y es que los eventos oficiales que tuvo en los últimos días fueron apenas eso, las apariciones en público, ya que sus primeros 10 días de gestión como directora del DAPRE estuvieron marcados por varias movidas políticas de bajo perfil que seguramente producirán efectos en los próximos días.
Incluso antes de posesionarse, en medio de la disputa en el Congreso por los votos para las reformas sociales, Sarabia ya estaba llamando a políticos de todas las orillas para intentar inclinar la balanza a favor del Gobierno. Una vez en el cargo, agilizó la llegada a la Presidencia de su gente de confianza, incluidos varios que se habían ido con ella al Departamento para la Prosperidad Social (DPS), donde estuvo menos de seis meses.
Hasta el momento, al menos siete funcionarios de esa entidad volvieron junto a Laura Sarabia: tres abogados y cuatro asesores de comunicaciones. En este último grupo está María Elena Romero, quien ya estuvo en el DAPRE y es considerada por algunos como la mano derecha de Sarabia. En esta nueva etapa, la comunicadora también estaría cerca de la primera dama, Verónica Alcocer.
A Sarabia también le atribuyen haber destrabado los nombramientos del nuevo director de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado, Gustavo Eduardo Gómez, y de quien trabajará codo a codo con él: la secretaria jurídica de la Presidencia, Paula Robledo. Gómez reemplazará a la renunciada Martha Lucía Zamora y Robledo a Vladimir Fernández, hoy magistrado de la Corte Constitucional.
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Todo ocurre justo cuando el Congreso y los órganos de control tienen bajo la lupa a varias carteras y entidades de la administración por escándalos que han dejado en entredicho sus gestiones, lo que a su vez ha generado ruidos de posibles movimientos en el Ejecutivo. Ya se han visto los primeros cambios con la llegada de fichas petristas a entidades técnicas como Planeación Nacional (Alexánder López), Prosperidad Social (Gustavo Bolívar) y Gestión del Riesgo (Carlos Carrillo). Por todo esto, también se espera que Sarabia llegue a poner orden.
Los movimientos que han acompañado el regreso de Sarabia también han generado incertidumbre entre algunos funcionarios que llegaron con el anterior director del DAPRE, Carlos Ramón González, hoy en cabeza de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), entidad que, a propósito, le comparte información valiosa y reservada a quien cumple las funciones de secretario de Presidencia o jefe de gabinete.
González, durante los 10 meses que estuvo en el cargo, nombró y contrató a personas cercanas a su partido, la Alianza Verde, en cargos de primer nivel y les dio funciones trascendentales, como el manejo de la agenda de Petro y la contratación de la Presidencia, que este año tendrá un presupuesto de $1,1 billones para inversión y funcionamiento.
Varios aseguran que Sarabia, al igual que González, querrá tener en esos puestos a gente que conozca de cerca, por lo que es probable que durante las próximas semanas se vivan algunos revolcones en las oficinas de Palacio. Una de las que ya salió fue Luz Ayda Gómez, la comunicadora que manejaba la agenda del presidente y quien ahora estará en el Ministerio de las TIC. Este movimiento, sin embargo, se gestó días antes de la llegada de Sarabia, lo que a su vez demostraría que en el interior del Gobierno ya se preveían algunos cambios en el primer circulo de Petro.
Según se comenta por los pasillos de la entidad, entre los que estarían en la “cuerda floja” se destacan la consejera para las Regiones, Sandra Ortiz (exsenadora de la Alianza Verde) y Lyda González, directora administrativa.
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Aunque para muchos Sarabia nunca dejó de ser la mano derecha de Petro, lo cierto es que su posesión en la dirección del DAPRE le da incluso más funciones y relevancia. Será ella quien manejará el famoso “computador de Palacio”, figura utilizada para referirse a las cuentas de la burocracia que se entrega a los sectores políticos.
Así mismo, tendrá a su cargo la supervisión de la seguridad del presidente, lo que la relaciona directamente con la casa militar. A todo esto se suma la coordinación de la agenda del mandatario y la línea directa con el gabinete, por lo que muchos esperan que sea ella quien, cuando sea necesario, les comunique a los ministros las renuncias y otras decisiones del mandatario.
Sarabia también tendrá acceso privilegiado a consejos económicos y de seguridad y, probablemente, será quien controle las visitas al piso tres de la Casa de Nariño, donde está el despacho presidencial, vecino únicamente de su oficina, pues cuando era jefa de gabinete se ordenó trasladar las demás dependencias a otros lugares. Todo esto sin sumar el rol político que tendrá con sus relaciones en el Congreso, pues allí muchos destacan su capacidad de “tender puentes”.
Todo esto también comprueba que los escándalos que rodean a Sarabia —el caso de su exniñera Marelbys Meza, la pelea con Armando Benedetti y la supuesta financiación irregular de la campaña presidencial— no minaron la confianza de Petro en su “querida funcionaria”, a quien volvió a elegir, según comentan quienes la conocen, por su eficiencia, que podría darle equilibrio a su gobierno.
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