
Detrás de una tela verde todavía se asoman los tejados inclinados y las ventanas cuadriculadas de las casas de la carrera Séptima con calle 54. Los grafitis cubren el primer piso y faltan algunas tejas. Aun así, las fachadas siguen en pie, cercadas por polisombras, en medio de una escena que parece evocar la antesala de una demolición.
El cerramiento rodea construcciones de 1939 a 1943, de arquitectura europea poco común en Bogotá. Tres de los cinco predios estuvieron protegidos poco más de dos años. La condición terminó en 2024 y una licencia abrió paso a su demolición. Allí se proyectaría un edificio de 135 apartaestudios promocionado desde 2020.
La posible pérdida del inmueble movilizó a ciudadanos y colectivos. La Curaduría Urbana 3 autorizó derribar las construcciones y encerrar el lote, pero no levantar el edificio que las reemplazaría. De ese proyecto existen renders y publicidad de Urbanizadora Lindaraja, que en octubre de 2020 lo presentó como «en preventa’ y ‘en licenciamiento»‘.
La fecha deja muchos interrogantes. Empezando porque el proyecto fue anunciado antes de que tres predios del lote fueran declarados bienes de interés cultural: la protección llegó en noviembre de 2021, se ratificó en 2022 y fue revocada en marzo de 2024. Ocho meses después llegó la licencia de demolición. Entonces, ¿Qué cambió durante ese periodo de tiempo? ¿Por qué se negó el estatus de patrimonio? Para desenredar este nudo, primero hay que volver al origen de esta esquina.
Una esquina amasada durante ocho décadas
Mucho antes del pan y la cerveza, los terrenos pertenecieron a Luis Calderón Tejada. Documentos del Consejo Distrital de Patrimonio sitúan allí, hacia 1927, el Parque Bosque Calderón, un lugar de recreación abierto sobre un paisaje que todavía conservaba algo de campo. En 1935, Julio Calderón se asoció con Tulio Ospina y Cía. para urbanizar el sector en tres etapas, mientras Bogotá extendía sus calles hacia el norte.
Sobre esa nueva trama urbana se levantó, entre 1939 y 1943, el conjunto que hoy enfrenta la demolición. Primero apareció la vivienda art déco de la calle 54 #6-21/23/25. En 1940 fue terminada la casa esquinera, registrada sobre la carrera Séptima #53-86 y la calle 54 #6-37. La obra fue proyectada por la firma de ingenieros Puerta Cuervo y por el arquitecto austríaco Otto H. Marmorek.
La casa esquinera sobresalía por sus tejados de barro, frontones triangulares, entramados decorativos y ventanas verticales: una arquitectura de resonancias europeas poco frecuente en Chapinero. Hacia la calle 54 se distribuía una vivienda dúplex; sobre la Séptima, una residencia de mayores dimensiones, con porche, vestíbulo, garaje, zonas de servicio y una escalera circular.
Kevin Alexander Echeverry Bucurú, arquitecto experto en patrimonio y presidente de ICOMOS Colombia, sitúa el conjunto en la transición entre el periodo republicano y la primera modernidad. Según explica, estas formas adaptaron referencias inglesas al clima frío y a las aspiraciones sociales de la Bogotá de 1940. La secuencia arquitectónica continuó con la subestación de 1942 y con la vivienda diseñada en 1943 por Alberto Manrique Martín, autor del Teatro San Jorge y del desaparecido Hotel Granada.
La esquina adquirió otro significado en 1947, cuando el panadero Isidro Pinzón comenzó a vender allí los panes que amasaba en su casa y cocinaba en un pequeño horno. Así nació Pan Fino. Pinzón había aprendido el oficio con panaderos daneses, aunque modificó sus recetas para darles un sabor propio. Con el tiempo, el olor del pan reemplazó la intimidad de las habitaciones y el nombre del negocio terminó confundiéndose con el de la casa.
Una crónica publicada en enero de 1984 todavía encontraba a Isidro Pinzón al frente de Pan Fino y señalaba que la panadería continuaba en la misma esquina 36 años después de su apertura. Para entonces, la residencia había perdido parte de su distribución original y también la escalera circular.
Las fuentes consultadas no permiten establecer con precisión cuándo dejó de funcionar Pan Fino, aunque su cierre se estima a principios de la década del 90. El siguiente cambio documentado ocurrió hacia noviembre de 2013, cuando, según una petición ciudadana presentada en 2020 para solicitar la protección del conjunto, la cervecería Statua Rota instaló allí su primera sede. Su dirección, calle 54 #6-23, correspondía a la vivienda art déco contigua, también utilizada por Pan Fino, y no necesariamente al cuerpo principal de la casa esquinera.
Una protección atravesada por cambios de criterio
La historia institucional del conjunto comenzó con una contradicción. En 2019, un ciudadano consultó al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural por los valores de varias construcciones de la manzana. La entidad respondió que no encontraba méritos suficientes para declararlas bienes de interés cultural.
En octubre de 2020, la Secretaría de Cultura pidió otra evaluación. El IDPC llevó ante el Consejo Distrital de Patrimonio cinco construcciones sobre seis lotes. También circuló una petición ciudadana contra la demolición, aunque el solicitante formal fue el instituto tras una consulta anónima sobre la antigua Pan Fino.
El estudio reconoció deterioro, pérdida de carpinterías, transformaciones interiores y el recorte del antejardín por la ampliación de la Séptima. Pese a ello, destacó las fachadas, la autoría reconocida, la transición entre lenguajes arquitectónicos y la permanencia del conjunto en el perfil urbano de Chapinero.
La votación fue fragmentada. Los dos predios de la casa Pan Fino recibieron seis votos favorables y uno negativo; la vivienda art déco, cinco y uno. La subestación y la casa de Alberto Manrique recibieron dos a favor y cinco en contra. La vivienda de la calle 54 #6-15/19 fue estudiada, pero quedó fuera de la declaratoria y de la licencia actual.
En consecuencia, la Resolución 873 del 23 de noviembre de 2021 protegió tres predios bajo la categoría de conservación tipológica. Los propietarios presentaron recursos, pero en febrero de 2022 el Consejo mantuvo la decisión.
El rumbo cambió de nuevo el 6 de diciembre de 2023, cuando el Consejo recomendó retirar la protección mediante el concepto 8-1. Tres meses después, la Secretaría de Cultura formalizó la decisión con la Resolución 188 del 26 de marzo de 2024. La declaratoria había durado dos años y cuatro meses.
El deterioro no resuelve la discusión. Echeverry advierte que, cuando las cubiertas y las maderas se degradan, la restauración se encarece y el daño puede terminar sirviendo para retirar protecciones o sustentar una demolición. No hay pruebas de que esa degradación haya sido provocada deliberadamente en este caso. Lo comprobable es que el expediente de 2021 ya conocía las alteraciones y, aun así, reconoció valores históricos, estéticos y urbanos.
Las entidades no dieron nuevas precisiones al cierre. Cultura no ofreció una explicación adicional a los actos administrativos y mencionó que todo el tema está bajo la tutela del IDPC, aunque dicha entidad tampoco respondió al cuestionario enviado por El Espectador.
Cinco predios con autorización para desaparecer
Con la protección retirada, el 17 de septiembre de 2024 Urbanizadora Lindaraja, Inversiones Lapage, Decopa y Decobe radicaron ante la Curaduría Urbana 3 la solicitud 11001-3-24-1591 para la demolición. El trámite comprendió cinco predios de la carrera Séptima y la calle 54.
De tal modo, en noviembre del mismo año, la licencia 11001-3-24-2548 autorizó la demolición de 1.047,10 metros cuadrados y un cerramiento de 122,60 metros lineales. Aunque con una salvedad: el documento no permite obra nueva, excavaciones ni la construcción del proyecto residencial.
El alcance también aclara una confusión repetida en redes sociales. Si bien, la licencia abarca cinco predios, pero solo tres tuvieron protección patrimonial. En ese caso, la casa de Alberto Manrique y la subestación nunca fueron declaradas bienes de interés cultural.
Un proyecto anterior a la declaratoria
Con esa autorización, el foco vuelve al destino del terreno. Los renders muestran un edificio de unos diez pisos, con comercio abajo y viviendas arriba. La publicidad ofrecía 135 apartaestudios de una alcoba, de 30 a 33 metros cuadrados, en la carrera Séptima #53-52. Las piezas de Urbanizadora Lindaraja están fechadas el 28 de octubre de 2020.
Los renders, sin embargo, cambian de colores y acabados, por lo que son representaciones conceptuales. Las marcas comerciales del primer piso tampoco confirman futuros arrendatarios. La publicación que permanece indexada prueba que hubo promoción en preventa, pero no que el diseño fuera aprobado ni que la comercialización continúe seis años después. El Espectador intentó contactar con la inmobiliaria pero ni la página web descrita en sus redes sociales, ni el número de contacto funcionaron.

A esa incertidumbre se suma una denuncia sin comprobar. El colectivo ciudad, a parte de cuestionar el daño sobre la memoria de la ciudad, en pleno mes de conmemoración del patrimonio, sostiene que se estarían vinculando interesados mediante una fiducia. Sin contratos, comprobantes de consignación ni el nombre de la fiduciaria, no fue posible verificarlo. Tampoco se sabe cuántas personas habrían separado unidades ni bajo qué condiciones.
No obstante, el señalamiento exige un matiz jurídico. La falta de licencia de obra nueva no demuestra por sí sola una infracción, pues la Secretaría Distrital del Hábitat permite radicar preventas sin adjuntarla inicialmente. El promotor sí debe registrarse como enajenador, presentar los modelos contractuales, identificar el esquema fiduciario cuando corresponda y obtener la radicación para promocionar cinco o más viviendas.
Antes de hablar de irregularidad, debe comprobarse si Apartaestudios 54/7 cuenta con esa radicación, si existe un patrimonio autónomo, qué fiduciaria lo administra y cómo informa la falta de licencia de obra nueva. Lo que si sigue sin respuesta qué cambió entre la defensa patrimonial de 2021 y la exclusión de 2024.
Mientras llegan esas respuestas, la esquina conserva la forma de una ciudad suspendida en el tiempo mientras aguarda al filo de un vortice de fatalidad en el horizonte. Detrás de la tela verde quedan las reminicensias de una residencia, una panadería, una cervecería y la arquitectura de una Bogotá que crecía hacia el norte. Del otro lado están la licencia de demolición y las imágenes de un edificio anunciado desde 2020. En medio quedaron poco más de dos años de protección y decisiones públicas aún sin explicación completa.
Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.
-
Linda(22737)•Hace 3 horasLas van a tumbar para construir un edificio de mier…. igual a todos, desprovistos de identidad o estilo y que no nos aporta NADA al urbanismo ni la memoria de los bogotanos! malditas curadurías e instituciones corruptas!
-
Raquel(46037)•Hace 7 horasGracias David por poner esto en la mirada pública. Triste que todo sea plata para unos amiguillos del concejo y que la ciudad se joda. Como con el metro elevado. Ruidoso e inmundo
-
Felipe(94028)•Hace 9 horasPlata es plata.
-
Ramon(78770)•Hace 10 horasNoooordto esto es un crimen contra el patrimonio y un atentado al legado arquitectónico q le ha dado belleza e identidad a Bogota con su arquitectura gotica tudor y de fondo la vista de los cerros Ni siquiera hacen el esfuerzo por presentar un d diseño q incorpore la casa o al menos q conserve l fachada. Lo q presentan es horrendo un edificio de un gracias q afectará notablemente la imagen y acabará con la herencia q id notifica al acto . Ese esperpento de debe frenar ya con acciones legales y
-
maría(52338)•Hace 10 horasqué triste, se nota el chanchullo…