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Hace unos días, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) emitió una nueva alerta sobre el fenómeno de El Niño, en la que indicó que la probabilidad de que sea el más intenso de los últimos 76 años ahora es del 75 %.
Como ha explicado el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), las anomalías de temperatura del océano Pacífico observadas han alcanzado valores históricos, comparables con eventos extremos registrados desde 1950. El CIFEN agrega que en Colombia, durante El Niño, se espera el incremento de temperatura del aire en gran parte del territorio, junto con reducción de la precipitación y caudales en diferentes regiones.
A ojos de Paola Echeverri, coordinadora regional Andes de WWF Colombia, debido a que los niveles de los ríos pueden disminuir hasta el 50 %, “no solo se afecta la disponibilidad de agua para el consumo humano y actividades productivas, como se ha documentado, sino que también se afecta la calidad del agua de estos ecosistemas, ocasionando cambios en la temperatura, la circulación del agua, afectando posiblemente la diversidad y abundancia de las especies o recursos hidrobiológicos”.
Lo cierto es que, como han repetido varias entidades y centros investigativos, los efectos de este tipo de eventos de variabilidad climática no se distribuyen uniformemente en el territorio, por lo que existen regiones con mayor riesgo, como lo son el Caribe y los Andes.
Y uno de los puntos que ha llamado la atención en los últimos días es lo que ocurre en Santander. Por ejemplo, once municipios de Santander mantienen actualmente racionamientos de agua debido a la disminución de los caudales en algunas fuentes hídricas de la región, así como problemas en los sistemas de abastecimiento. Además, según el reporte más reciente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), dos incendios forestales permanecen activos en el departamento.
¿Qué factores influyen en la protección del agua?
Recientemente, y con el cambio de Gobierno Nacional, en el departamento se han mantenido las discusiones sobre los instrumentos para proteger los ecosistemas claves relacionados con el ciclo del agua en el departamento. Cabe recordar que, durante los primeros días de la administración de De La Espriella, se revocó la resolución mediante la cual se había declarado la Reserva de Recursos Naturales Renovables de carácter definitivo ‘La Baja’, ubicada por fuera del páramo de Santurbán.
La nueva propuesta, según ha dado a conocer el nuevo Ministerio de Ambiente, liderado por Fabio Arjona, es volver a realizar las consultas con las comunidades, e incluso se lanzó la idea de crear un parque nacional natural en esta zona del país.
Sin embargo, como recuerda Echeverri, de WWF Colombia, si bien las áreas protegidas son fundamentales, la seguridad hídrica se construye en toda la cuenca, no solamente dentro de esas áreas. “La forma como ocupamos el territorio tiene mucho que ver con nuestra capacidad para enfrentar períodos secos: la pérdida de cobertura vegetal, la degradación de suelos, ciertas prácticas agropecuarias, la ocupación de zonas estratégicas para el agua y una expansión urbana que no considere la capacidad de las fuentes pueden aumentar la vulnerabilidad”, sostiene Echeverri.
En línea con esto, la experta señala que se necesita seguir avanzando en un ordenamiento territorial que dialogue con la planeación en torno al recurso hídrico. “No podemos planificar dónde crecerán las ciudades, dónde producir alimentos o dónde desarrollar infraestructura sin preguntarnos primero de dónde vendrá el agua y qué capacidad tiene esa cuenca para sostener esas actividades, especialmente en escenarios de cambio climático y fenómenos extremos como lo es El Niño”, subraya.
Una afectación desigual
Otro de los puntos que resalta WWF Colombia es que los factores que aumentan la presión sobre estos recursos no se reparten por igual a lo largo del territorio. En particular, algunas zonas, en particular las rurales, llevan más el peso de lo que ocurre en las ciudades.
“Esto hace que en las zonas urbanas haya desabastecimiento en algunas de ellas y en las zonas rurales, afectaciones sobre los cultivos, afectaciones asociadas a incendios forestales, afectaciones relacionadas con capacidad de regulación para mantener cultivos y demás”, afirma Echeverri, de WWF Colombia.
Estas diferencias, de acuerdo con la experta, estarían relacionadas con la oferta hídrica, así como con la capacidad para tomar decisiones de las diferentes situaciones que se presenten a lo largo del fenómeno, que tendrá su periodo más intenso entre finales de 2026 y principios de 2027.
De acuerdo con Echeverri, en el área metropolitana existe una capacidad institucional y técnica importante para monitorear fuentes como Suratá, Tona, Río Frío y Río de Oro, además de infraestructura de regulación y almacenamiento. “Pero el reto es mucho mayor en municipios pequeños y sistemas rurales. Allí se debe fortalecer el monitoreo de caudales, los planes de contingencia, el almacenamiento y, sobre todo, la capacidad de anticiparse al desabastecimiento en lugar de responder cuando el agua ya falta. Más que de cuencas, los reportes de impactos están a nivel de municipio, como Málaga, Capitanejo, Vélez, Guavatá, Socorro”, indica la experta de WWF Colombia.
La interconexión agua y energía
El problema para el acceso de agua que se podría agravar en los próximos meses no solo afectaría al consumo doméstico o las actividades de riego, sino también la generación de energía en el país. Cabe recordar que, según datos del Ministerio de Minas y Energía, cerca del 70% de la energía eléctrica en Colombia proviene de fuentes hidroeléctricas.

De esta manera, cuando disminuyen las lluvias, también lo hacen los niveles de los embalses, afectando la oferta de electricidad en Colombia. “En Santander existe una oportunidad para avanzar hacia una matriz energética más diversificada y resiliente, combinando la generación hidroeléctrica con solar y otras fuentes, pero haciendo esa transición con criterios ambientales y de planificación territorial”, opina Echeverri, de WWF. “Es importante recordar que Santander ya cuenta con pequeñas centrales hidroeléctricas que dependen, por ejemplo, directamente de los caudales de los ríos Lebrija y Fonce”.
En línea con esto, la organización ambiental señala que el sector energético contribuye a proteger las cuencas que sustentan la generación y a promover eficiencia en el uso del agua y la energía.
Entre las sugerencias de Echeverri está que el sector energético debe continuar participando activamente del aumento de la resiliencia de los ecosistemas que proveen el recurso hídrico en la región, la gestión de procesos de conectividad y participación comunitaria para el mantenimiento del recurso hídrico incluso en épocas de escasez.
Para revisar esta situación y promover las discusiones en torno al uso de los recursos hídricos en el departamento, este miércoles, 16 de septiembre, se realizará el Encuentro por el Agua y las Energías Renovables en Bucaramanga (Santander), en el que se reunirán investigadores, funcionarios públicos, representantes de la sociedad civil, entre otros, para encontrar soluciones y metas comunes para asegurar la sostenibilidad en el uso del agua en el departamento.