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Admito que llegué a ser de esas personas que se precian de decir las cosas sin filtro. De presumir una supuesta sinceridad que no era más que una suerte de pereza cognitiva alentada por el cinismo y que, de haber continuado, se habría convertido en un tipo de crueldad que no tiene retorno… porque seguramente fui cruel con muchas de mis expresiones pasadas. No sé si cambié siguiendo algún instinto de preservación o simplemente porque hay modas que no me gusta seguir. Supongo que uno no madura por inteligente sino por pura ley del mercado: a medida que uno crece, busca una personalidad más escasa para seguir recibiendo ofertas.
Digo que esa actitud frentera de decir las cosas sin filtro es una moda porque desde hace unos años es el mecanismo más efectivo para hacerse un lugar visible en la sociedad. No voy a repetir todo el rollo de las burbujas de redes sociales y sus efectos nocivos en la realidad compartida. Sólo quiero apuntar a que la gente apoya masivamente a quienes se expresan con crueldad, ya sean personalidades que entretienen o que buscan poder político. Haber crecido en los noventa, bajo la promesa de que estudiar y trabajar duro era suficiente, hace muy difícil entender que ahora vivamos en la era del prestigio del insulto.
Se trata de la popularización de una confusión lamentable. De manera masiva, varios millones de quienes viven en esta época, que les permite hacer uso de su voz y su voto, están confundiendo la crueldad con la valentía. Soltar pensamientos sin haberlos remojado lo suficiente, y jactarse de que son más valiosos entre más hieren a otros, es cruel y punto; por eso genera consecuencias negativas. Lo que sucede es que eso es visto como tener el valor de pagar ese precio por decir la verdad, lo cual no es cierto. Valentía es sacar el tiempo y hacer el esfuerzo de tirar a la basura ideas chambonas y ser capaz de perderse los aplausos de un tercero por vomitarle palabras a otro.
Miro hacia atrás, cuando tuve ese cinismo, y me doy cuenta de que todo empieza por no querer reconocer que influir en otros implica el enorme trabajo de hacerles ver lo que uno piensa, pero dentro del mundo que esas personas ya reconocen, no dentro del de uno mismo. Y por ahí se empieza a recorrer un camino cuyo único destino posible es infligir dolor con lo que uno dice y apartar a empujones a quien uno buscaba acercar. Entre otras cosas, escribo esto porque ahora me parece tan obvio, pero doy fe de que me costó mucho.
Cada día me convenzo más de que no hay valentía en decir las cosas sin filtro. He concluido que los millennials llegamos a romantizar ese cinismo porque fue un estilo de vida noventero. Esas eran las épocas en las que la incorrección política era reivindicada por lo que hoy se identifica como progresismo, lo cual dio un giro de 180 grados en un par de décadas, pero a ese cuento hay que dedicarle otro espacio.
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Alberto Gómez(jbw8b)•18 de septiembre de 2026 – 10:53Igualmente petro confundió crueldad con valentía al hacer públicas las condiciones de salud del niño Kevin, al hacer públicas las condiciones de salud mental de Angie, al decirle a un ministro de estado "ningún negro me viene a decir", al decirle a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia "no entiendo como un negro pueda ser conservador", al llamar a respetables periodistas "muñecas de la mafia", y un largo etc. Ése señor sí que confundió crueldad con valentía.
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Alberto(3788)•17 de septiembre de 2026 – 19:45Honesto escrito.
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JAIME(1016a)•17 de septiembre de 2026 – 18:13Mas vale un minuto colorado que toda la vida pálido. Al pan pan y al vino vino. Sin herir pero con franqueza. Prefiero al me dice la verdad cara a cara y no me envía razones
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Lucila(60806)•17 de septiembre de 2026 – 15:09Hizo un planteamiento,pero se fue desviando,en explicaciones que no cuentan y terminô echândole la culpa a otros,que nada tienen que ver con su manera de ser y hablar.La torre de Babel… o de Babas
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HENRY(19574)•17 de septiembre de 2026 – 12:14Lamar las cosas por su nombre no constituye.en manera alguna, por que las cosas que se dicen no pueden ser ajenas a la ralidad y a como las perciben las personas que son objetivas en sus apreciaciones. POr ejemplo, los pasos hacia la DICTADURA que está dando el DestripaDOR en la Presidencia
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Atenas(06773)•17 de septiembre de 2026 – 11:11Bueno, Daniel, en la próxima entrega ya nos precisarás a qué te referías. Y en tal sentido: pensar antes de hablar o amarrar la lengua al cerebro, es cosa sensata; no sea como dicen algunos deslenguados muy ufanos "Yo digo todo lo q’ pienso" como si lo suyo fuera verdad revelada y otros dicen "Es q’ yo soy muy franco", y no por proferir una sandez se tiene razón, esta procede de exponer argumentos y pruebas si es necesario. Lo otro es botar corriente como lo hace la jauría. Atenas
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Ulises20(10892)•17 de septiembre de 2026 – 07:34No señor, llamar las cosas por su nombre no es cinismo ni valentía. Decir la verdad, a los únicos que ofende es a quienes sacan provecho de la mentira. Otra cosa es el insulto, repudiable y provocador, contrario a un debate, a generar convivencia aún en el disenso.
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Dionisio(cvtsc)•17 de septiembre de 2026 – 07:04Esa práctica hoy se conoce en RRSS como sincericidio. Y el filtro para evaluar opiniones es "opinión calificada". Así que tranquilo, Sr Ruge, usted a lo suyo.
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Manuel jose(f4n5o)•17 de septiembre de 2026 – 05:19Buena columna, estamos buscando imagen y buscar importancia con gritos acompañados y mentiras, no se permite el dicenso, deliberación, estamos perdiendo en esencia la democracia, de ahí los gobiernos autoritarios, dictatoriales.