
En cada objeto que mira la señora Lizcano, encuentra la manera de evocar a su hijo asesinado. Que si ve una foto: “a él le gustaba tomarse fotos”. Que si ve un celular o una mariposa que llega aleteando a su ventana: “ese es Camilo”. Esa sensación, señalan los hermanos del joven de 21 años asesinado en la habitación 401 de un hotel de Chapinero, es lo más parecido a lo que sucede cuando ni la justicia ni la verdad se asoman a dicha ventana. Tras cuatro años de un caso que revela un patrón homicida a personas de la comunidad LGBTIQ+, la justicia deja el mismo sin sabor que más del 80 % de estas investigaciones, según cifras de Caribe Afirmativo: impunidad y procesos con irregularidades. Detrás hay un estigma que esta historia vuelve a poner de plano.
El niño que quería ser grande
Dennis Camilo no llevaba ni dos meses en Bogotá. Su intempestivo asesinato lo presintió su hermano, Duván, antes de la confirmación final por parte de Medicina Legal. Estaba en su trabajo en Pasto, cuando un amigo de Dennis lo llamó a preguntarle si había hablado con su hermano, porque este no aparecía. En ese instante supo que todo estaba mal: “presentía lo peor, él estaba allá solo en medio de un entorno hostil. Estaba haciendo el trámite del pasaporte”.
Su hermano cuenta que Dennis Camilo nació el 7 de julio de 2001 en Pasto y era el menor de tres, “cuando regresé a Pasto tras vivir en Bogotá, me enteré de que había salido del clóset”. La primera impresión de su hermano fue la de sentir miedo: “que sufriera rechazo como el que yo viví”.
Sus miedos tenían sustento: en 2021, Caribe Afirmativo había registrado 205 homicidios de personas LGBTIQ+ en Colombia. En 2022, las ONG documentaron entre 145 y 148 homicidios. Los hombres gays y las mujeres trans concentraban la mayoría de los casos en ambos años.
Esto lo tuvo en mente Duván desde que su hermano salió de casa. “Pasto y Colombia le parecían pequeños a Dennis Camilo para todo lo que quería lograr. Le atraía la idea de generar dinero para salir del país y convertirse en esteticista”, cuenta su hermano.
Claudia, hermana mayor de Dennis, dice: “aunque peinaba y hacía trenzas a sus amigas, no quería trabajar en una peluquería común; su sueño era estudiar para ser esteticista, pero mis padres no tenían los recursos”.
Para sus hermanos, este contexto fue, en parte, lo que lo arrojó a sumergirse en una búsqueda de futuro en la cual, empujado por el dinero, ejerció el trabajo sexual como una alternativa de ingresos. “Viajó por Popayán, Cali, Medellín y Cartagena antes de llegar a Bogotá. Se radicó en la capital aproximadamente en abril de 2022 para tramitar su pasaporte e irse a trabajar a España. Estuvo cerca de un mes y medio en la ciudad, viviendo en Chapinero en una habitación alquilada a unas amigas pastusas”.
El cuarto visitante
El 21 de junio de 2022, Dennis fue contactado por medio de la plataforma Grindr para encontrarse con dos personas en un hotel. El motivo: un supuesto encuentro sexual. “Salió en taxi y en menos de 30 minutos fallecería”, dice su hermano, que siempre ha cuestionado la “coartada” del encuentro que salió mal. Durante el juicio en contra de una de las implicadas, quedó claro que pasaron cuatro personas por la habitación en donde fue asesinado Dennis.
Los dos principales sospechosos, Jhoana Alexandra y Brayan, llegaron sobre las 5:00 de la tarde. Un tercero estuvo unos minutos y luego se fue. Sobre las 8:00 p.m., llegó el cuarto visitante: Dennis Camilo, quien subió directo a la habitación.
Los testimonios recogidos por la juez en el veredicto contra Alexandra, dejan claro que, “pocos minutos después” de la llegada del cuarto visitante, la recepcionista del hotel comenzó a escuchar gritos "desgarradores" de la habitación 401.
Según el patrullero que atendió primeramente el caso, tanto Bernal Parra como la Aguilar, tardaron minutos en abrir la puerta. Luego se excusaron en que la víctima tenía “el fetiche de mantener relaciones sexuales inmovilizado”, y que incluso les pedía que "lo apretaran más", agregando que ellos no sabían hasta qué punto hacerlo. Aunque fueron capturados en flagrancia, la Fiscalía no pidió cárcel en las audiencias de primera instancia.
En el juicio contra la mujer, la juez no compró la versión del supuesto trio, pues añadido a los testimonios, los análisis de la necropsia validaron lesiones más allá de la del cuello. El reporte de Medicina Legal y el testimonio del forense constataron en el cuerpo de Dennis una “evidente surco de presión en la región cervical, además de otras lesiones externas compatibles con un episodio de violencia física”.
La acusada se justificó indicando que duró todo el tiempo escondido en el baño, mientras Dennis era asfixiado, versión que tampoco convenció. “Lo verdaderamente relevante de esa afirmación no radica en su contenido exculpatorio”, dijo la juez, “sino en que evidencia un discurso común construido para justificar la forma en que fue encontrada la víctima”, dijo la juez.
El celular en el cajón
La representación de las víctimas (Organización Temblores) ha denunciado la falta de capacidad e interés de la justicia y la policía para hacer cumplir estas órdenes. Asimismo, los familiares de Dennis Camilo manifestaron su temor de que los condenados se hayan fugado o hayan salido del país.
Daniela Rojas y Lila Arias son las abogadas del equipo de la ONG que trabajan en la representación legal de la familia de Dennis Camilo desde 2023. “Cuando la Policía capturó a los implicados en flagrancia”, dice Lila, “la Fiscalía incurrió en una falla grave al no solicitar medidas de aseguramiento privativas de la libertad en las audiencias preliminares de control de garantías, permitiendo que ambos afrontaran el proceso penal en libertad”.
En agosto de 2023, Brayam Bernal celebró un preacuerdo aceptando cargos con degradación de homicidio agravado a simple, pactando una condena de 208 meses, es decir, poco más de 17 años.
“El juicio oral contra Jhoana Aguilar ante el Juzgado 34 Penal del Circuito de Bogotá se dilató por casi dos años debido a cambios de juez y continuas cancelaciones de audiencias, por lo que presentamos peticiones formales para exigir celeridad. Durante el debate probatorio, Jhoana rindió testimonio afirmando que se había encerrado en el baño y que no presenció lo ocurrido. Finalmente, en julio de 2026 fue condenada a 400 meses de prisión (33 años y 4 meses) en primera instancia, fallo que fue apelado”, añadió una de las abogadas.
En medio de todo esto, surgía una pregunta constante para la familia. ¿Por qué lo asesinaron? Si la Fiscalía logró probar que fue un homicidio y no hubo tales relaciones sexuales, ¿qué motivó el crimen? En busca de esta respuesta, la familia pidió indagar en el celular de Dennis, sabiendo que anteriormente él mismo había comentado de unas presuntas amenazas.
Pero lo que encontraron fue una irregularidad, pues dicho celular no aparecía. Las abogadas tuvieron que recurrir a más recursos hasta que lo encontraron: había estado guardado tres años en un cajón en la casa del policía que lo tomó en custodia inicialmente.
Ante este, las abogadas denuncian la falta de enfoque diferencial de la fiscalía y conciben estos hechos como obstáculos procesales.
Todas las vidas merecen justicia
El modus operandi del homicidio —contacto por Grindr, encuentro en un hotel y el sometimiento físico mediante amarres que buscaban ridiculizar a la víctima— coincide, a los ojos de la defensa, con los patrones de violencia motivada por el prejuicio contra hombres gays identificados por organizaciones como Colombia Diversa y Caribe Afirmativo. “Pese a nuestras reclamaciones, la Fiscalía omitió investigar el caso bajo la hipótesis de un crimen de odio o con enfoque diferencial de género”.
Años después de este homicidio, la comunidad LGBTIQ+ sigue viviendo los mismos miedos. En Colombia, los homicidios y feminicidios contra personas LGBTIQ+ pasaron de 159 víctimas en 2023 a 165 en 2024 y 270 en 2025, un aumento del 63 % en el último año y del 69,18 % frente a 2023.
Bogotá registró 40 homicidios de personas LGBTIQ+ en 2025, según la base de Caribe Afirmativo. Eso equivale al 14,8 % de los 270 casos nacionales. Un gran aumento frente a 2024: la capital pasó de 10 a 40 víctimas, un incremento del 300 %.
Su hermano lo resume crudamente: “era un joven gay, trabajador sexual y de bajos recursos, combinación que puede generar indiferencia tanto en la sociedad como en el sistema de justicia”.
En el caso de Dennis Camilo ninguna de las dos condenas se ha materializado físicamente. A pesar de que los juzgados de ejecución de penas han cursado oficios al INPEC, la DIJIN, la Policía Nacional e Interpol para renovar las órdenes de captura y emitir alertas locales e internacionales, a la fecha no se ha logrado la ubicación ni aprehensión de ninguno de los dos sancionados. Daniela, cierra: “como organización, nos enfrentamos a una tensión constante: desde Temblores trabajamos por un sistema penitenciario garantista y reconocemos que la cárcel no resocializa, pero al mismo tiempo sabemos que la pena privativa de la libertad es la única respuesta de justicia que el Estado ofrece a las víctimas. El caso de Dennis Camilo refleja el fracaso de las instituciones en la prevención de la violencia contra la comunidad LGBTIQ+”.
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