
La derrota de Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones en Brasil fue, sin lugar a dudas, otro golpe para la izquierda global, esta vez con especial estruendo. Flávio Bolsonaro, heredero político del proyecto ultraderechista de su padre, Jair Bolsonaro, obtuvo el 47 % de los votos, frente al 45 % de Lula. El resultado se suma a una tendencia que, en distintos países de la región y del mundo, ha fortalecido a sectores conservadores y de ultraderecha y vuelve a poner sobre la mesa las dificultades que enfrenta el movimiento progresista a nivel mundial.
Este 4 de octubre se llevó a cabo la primera vuelta de las elecciones brasileñas, en la que Flávio Bolsonaro y Lula quedaron como los dos candidatos que se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. El resultado ha sido seguido con atención tanto por sectores progresistas como por las derechas alrededor del mundo, en un momento en el que el mapa político latinoamericano atraviesa un nuevo proceso de reconfiguración.
Una eventual victoria de Bolsonaro consolidaría, además, la fuerza de los sectores de derecha alineados con el presidente estadounidense Donald Trump, después de que este espacio haya ganado aliados en las últimas elecciones de países como Colombia, Chile, Perú y Argentina.
“La sociedad brasileña se ha movido probablemente a la derecha en los últimos diez años. Se ha vuelto una sociedad más conservadora. Hay varios motivos. Está el avance de los electorados evangélicos, cierto enojo de parte de la clase media y media alta brasileña en relación con algunos avances de políticas sociales durante los gobiernos de Lula y, obviamente, los errores de la izquierda en términos de corrupción”, afirmó Matías Franchini, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
El profesor sostiene que Brasil ha girado hacia la derecha y que el bolsonarismo ha logrado unificar a buena parte de ese sector, mientras que las opciones más moderadas han quedado relegadas. Según explicó, esta tendencia también se refleja en el Congreso, donde las fuerzas de derecha tienen una posición dominante. Por eso, incluso una eventual victoria de Lula no cambiaría por completo la correlación de fuerzas que hoy refleja una sociedad brasileña más conservadora.
“Lo que predomina en la región es más un castigo a los oficialismos. Latinoamérica es una región cada vez más difícil de gobernar, donde hay una enorme fragmentación de las preferencias y donde los electorados no tienen paciencia para esperar cambios que se dan con el tiempo”, añadió Franchini.
La prensa internacional identifica varios factores detrás del resultado de la primera vuelta en Brasil. Las encuestas no anticiparon que Flávio Bolsonaro superaría a Lula, en un resultado que sorprendió frente a las proyecciones previas. A esto se suma la estrategia de Bolsonaro para concentrar el voto de la derecha, lo que lo dejó cerca de evitar una segunda vuelta. La derecha también llega fortalecida por sus buenos resultados en las elecciones a gobernaciones y legislativas. Además, la ausencia de Lula en el debate y una participación del 78,9 %, la más baja en una primera vuelta desde 1998, marcaron el escenario electoral, según CNN en Español.
El profesor considera que Lula ya no tiene la relevancia que tuvo en el pasado como referente de la izquierda latinoamericana y global. A su juicio, los escándalos de corrupción y el desgaste de un liderazgo que acumula tres mandatos y se acerca a los 80 años han reducido su influencia, tanto dentro como fuera de Brasil.
Pero el resultado brasileño difícilmente puede leerse como un fenómeno aislado. Las elecciones muestran hasta qué punto se ha globalizado la disputa política entre proyectos de izquierda y derecha. Hace apenas unos años, la región parecía inclinarse en la dirección contraria, con victorias como las de Gustavo Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile, Lula en Brasil y Andrés Manuel López Obrador en México, además del posterior triunfo de Claudia Sheinbaum.
El actual giro hacia la derecha, sin embargo, no parece responder únicamente a una adhesión ideológica. También está relacionado con el descontento con los gobiernos de turno, la preocupación por la seguridad, la situación económica y, sobre todo, con un voto de castigo de ciudadanos que no sienten que los proyectos políticos que llegaron al poder hayan cumplido sus expectativas.
“En la mayoría de los casos, las elecciones de la derecha han representado un castigo al partido en el poder. Estamos viviendo en una época de mucha frustración en el cuerpo político, con mucha inseguridad personal y económica. Entonces hubo una ola hacia la izquierda en varios países que ahora está volteando hacia la derecha”, aseguró Lawrence Gumbiner, exdiplomático y analista internacional.
El experto afirma que la inseguridad se ha convertido en uno de los principales problemas de América Latina. En los últimos años, las actividades criminales y de organizaciones transnacionales han aumentado significativamente, mientras que las políticas impulsadas por gobiernos de izquierda no han logrado contenerlas. Sin embargo, tampoco está claro que las estrategias de la derecha vayan a ofrecer mejores resultados.
Por su parte, Franchini señala que en América Latina no solo se ha producido un avance electoral de los gobiernos de derecha, sino también el surgimiento de nuevas derechas. Menciona los casos de Bolsonaro, Javier Milei, José Antonio Kast y Abelardo de la Espriella como expresiones de una corriente que se distancia de la derecha tradicional y que forma parte de un movimiento de alcance global, articulado en buena medida alrededor del liderazgo de Donald Trump.
Lo paradójico de este avance de las derechas en Latinoamérica es que, pese a la fuerte influencia de Trump en la región, en Estados Unidos podría estar ocurriendo un movimiento en sentido contrario. El Partido Demócrata, principal rival del Partido Republicano de Trump, busca recuperar terreno de cara a las próximas elecciones de medio término, unos comicios que, aunque no eligen al presidente, pueden alterar de manera significativa el equilibrio de poder en Washington.
Ese posible avance demócrata tampoco necesariamente respondería a un resurgimiento de la izquierda, sino a un voto de castigo contra Trump. El rechazo a sus políticas económicas, migratorias y exteriores podría estar movilizando a sectores del electorado que en 2024 optaron por el Partido Republicano.
El experto considera que este año los demócratas podrían obtener una victoria significativa, aunque no necesariamente como resultado de un resurgimiento de la izquierda, sino del rechazo a la gestión de Donald Trump. “Las políticas de Trump, particularmente las económicas, han generado una fuerte ola antirrepublicana”, explica. Aun así, señala que los demócratas no cuentan con un apoyo sólido en las encuestas.
Mientras sectores de la izquierda, como los Socialistas Democráticos de América, han ganado fuerza y protagonizado algunos éxitos electorales, siguen siendo una corriente minoritaria y demasiado populista para buena parte del electorado. El cambio más relevante, según el experto, estaría en los votantes independientes y moderados que apoyaron a Trump en 2024 y ahora estarían inclinándose nuevamente hacia el Partido Demócrata.
“Creo que es muy preliminar hablar de estas elecciones como un giro significativo. Trump es una figura política muy polarizante y estamos viviendo en tiempos de mucho populismo. Entonces, el péndulo natural en la política se está moviendo un poquito más rápido, pero no creo que sea debido a un giro ideológico en Estados Unidos o el mundo”, afirmó Gumbiner.
Pero leer este fenómeno como un fenómeno exclusivamente latinoamericano también sería un error. Europa atraviesa igualmente un avance de las políticas de derecha y conservadoras que no se veía con esta fuerza hace varios años. Allí, como en América Latina, las preocupaciones por la migración, la seguridad y el costo de vida han alimentado el descontento con los gobiernos tradicionales.
“En Europa, las izquierdas tuvieron mucha dificultad para lidiar con la cuestión migratoria. La crisis de 2015 impulsó el crecimiento de la extrema derecha en varios países europeos y, en muchos casos, esta terminó aliándose con la derecha tradicional para formar gobiernos”, afirmó el profesor.
El experto advierte, sin embargo, que este proceso no ha sido lineal y que también se han registrado algunas reversiones. Señala como ejemplos al Reino Unido, que volvió a tener un gobierno laborista tras varios gobiernos de derecha, y a Suecia, donde las recientes elecciones mostraron un retroceso de la derecha y un avance de las fuerzas progresistas.
En España, el desgaste de la izquierda también se ha hecho evidente durante el Gobierno progresista de Pedro Sánchez. Los españoles acudirán a las urnas el próximo 29 de noviembre, varios meses antes de lo previsto, después de que el presidente anunciara el adelanto de las elecciones generales. La decisión llegó tras la derrota parlamentaria del Gobierno: el Congreso rechazó los dos decretos ley de vivienda con los que el Ejecutivo pretendía responder a la crisis habitacional, lo que dejó en evidencia la fragilidad de su mayoría.
La votación, que será la quinta elección general del país en una década, estará marcada en buena medida por el creciente descontento ciudadano frente a la crisis de vivienda, uno de los principales problemas que enfrenta actualmente España.
Javier Carbonell, analista político del Centro Europeo de Política, señala que España atraviesa una “paradoja política”: pese al crecimiento económico y al balance progresista de los gobiernos de Pedro Sánchez en asuntos como la transición ecológica, las políticas sociales, los derechos de las personas LGBTQ+, la ayuda al desarrollo y la regularización de migrantes, fue precisamente la vivienda, un tema en el que la izquierda partía con ventaja política, la que terminó llevando al presidente a convocar elecciones anticipadas.
En ese sentido, más que un giro ideológico definitivo hacia la derecha, lo que parece repetirse en distintas democracias es una profunda insatisfacción con los gobiernos de turno. La izquierda ha perdido terreno allí donde no logró responder a preocupaciones concretas como la inseguridad, la migración, la vivienda o el costo de vida, pero la derecha tampoco tiene garantizado un respaldo permanente. El péndulo puede moverse nuevamente en la dirección contraria cuando los gobiernos conservadores no cumplan las expectativas de sus electores.
Brasil, Estados Unidos y Europa reflejan electorados más fragmentados y menos pacientes, dispuestos a castigar a los gobiernos de turno. Más que un giro ideológico definitivo, el escenario refleja un creciente descontento con la política y la búsqueda de respuestas a problemas cotidianos.
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Juan Antonio(45350)•Hace 10 horasTrumpeto y sus samicas en LA destruyendo lo que queda de democracia en estos andurriales
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Dion Casio(66071)•Hace 10 horaslos 15 minuticos del facismo ordinario. Sin duda por su mal comportamiento se volverán a hundir y quizás para siempre!
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luis(46988)•Hace 11 horasLa mano de Trump interfiriendo en Brasil , no hay duda.
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Olegario(51538)•Hace 11 horas“tampoco está claro que las estrategias de la derecha vayan a ofrecer mejores resultados (en seguridad) …” Y lo de Bukele, qué? Pasar de 110 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2015 a menos de 2 en 2025, no es un dato relevante? Lo que hizo Bukele fue defenestrar a los corruptos del aparato judicial, y eso deberían hacer TODOS los gobiernos que quieran de verdad mejorar sus índices en seguridad. Los mafistrados son las vacas muertas en ese camino.
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Brayan Tibocha(jbw8b)•Hace 11 horasQué bien 👍👌!! El mundo gira hacia la derecha, i.e., gira hacia el progreso, la innovación, el avance, el premio al esfuerzo, al estudio, al trabajo duro.