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Hace siete meses, la NASA completó con éxito su misión Artemis II, cuyo objetivo era llevar a cuatro astronautas a volar alrededor de la Luna y sentar las bases para futuros vuelos tripulados a la superficie lunar. El primer balance de la misión, publicado 10 días después que llegó la tripulación, señaló que todo salió según lo previsto.
Sin embargo, la agencia estadounidense realizó un análisis adicional de una de las partes de la nave espacial Orión que más dudas generaba antes de la misión: el escudo térmico.
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Durante la primera misión de Artemis, que no llevó astronautas a bordo, esta parte de la nave perdió más material del esperado durante el regreso a la Tierra. Después del vuelo de prueba de 2022, los ingenieros encontraron que fragmentos de la capa carbonizada se habían agrietado y desprendido en distintos puntos.
“El vuelo de prueba de Artemis I nos dio la oportunidad de comprobar nuestros sistemas en el entorno del espacio profundo antes de incorporar a la tripulación en futuras misiones”, dijo Amit Kshatriya, de la NASA.
Este imprevisto obligó a la NASA a investigar cómo hacer para que el escudo pudiera proteger de manera segura a una tripulación, como estaba previsto para Artemis II.

Durante esa segunda misión del programa, Orión alcanzó una velocidad máxima 39 veces superior a la del sonido y soportó temperaturas externas que superaron los 2.200 grados Celsius. "A pesar de esto, los cuatro astronautas que iban en su interior permanecieron en un entorno relativamente fresco, con una temperatura en la cabina de unos 21 a 24 grados °C durante su viaje de regreso desde la Luna”, sostuvo la agencia.
Esto se logró gracias al escudo térmico y unos cambios que hizo la NASA. La agencia modificó la trayectoria de reentrada de la Orión para la misión Artemis II. Esto consistió en reducir la distancia máxima que la nave podía recorrer tras entrar en la atmósfera terrestre antes de amerizar en el océano Pacífico. Los análisis previos a la misión indicaron que limitar esta distancia permitiría reducir el tiempo que el escudo térmico permanecía expuesto al rango de temperaturas en el que se produjo el fenómeno observado en el escudo térmico de la misión Artemis I.
Las inspecciones iniciales, que incluyeron imágenes captadas por buzos justo después del amerizaje y revisiones posteriores a bordo del buque de recuperación, confirmaron que el sistema funcionó según lo esperado, “mostrando una reducción significativa en la cantidad de grietas y en la pérdida de material carbonizado en comparación con la misión Artemis I”, según la NASA.
Sin embargo, para confirmar esa información los expertos en sistemas de protección térmica iniciaron un examen exhaustivo del escudo térmico. Este se hizo tras el regreso de la nave al Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, una vez concluida la misión lunar.
Desde allí, el escudo térmico fue trasladado al Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA, en Huntsville (Alabama). En agosto, comenzaron los trabajos de extracción de muestras y la realización de escaneos internos mediante rayos X, con el fin de obtener información técnica adicional sobre el sistema y el comportamiento del material.
Los resultados confirmaron lo que los científicos de la misión esperaban y lo que habían podido determinar tras las primeras revisiones: el escudo térmico de la nave Orión, en la misión Artemis II, respondió como se esperaba.
“El rendimiento de Orión y los análisis realizados por el equipo en la misión Artemis II demuestran la robustez del sistema y su capacidad para garantizar la seguridad de la tripulación”, dijo la agencia.
Toda esta información servirá para optimizar la misión Artemis III y las venideras, en las que se espera que el humano vuelva a pisar la Luna, y que establezca una presencia permanente o sostenida en el satélite.
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