
Flávio Bolsonaro no ganó la presidencia de Brasil. Tampoco reconoció el resultado tras obtener casi la mitad de los votos bajo los reflectores de su herencia política y a la sombra del intento de golpe de Estado por el que su padre, Jair Bolsonaro, permanece detenido en su domicilio. Hoy es indiscutible líder de la oposición, heredero de una dinastía política tan controvertida como popular en el país. Mientras millones celebran que Lula se quede en el Palacio de Planalto, otros permanecen en el descontento que Bolsonaro representa.
Las elecciones brasileñas se disputaron en dos jornadas. En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,1 % de los votos, frente al 45 % del mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, pese a que este lideraba encuestas previas. En la segunda vuelta, Bolsonaro no logró consagrarse, y el actual mandatario se impuso con un 51,78 % de los votos.
Antes de lanzarse a la presidencia, Flávio Bolsonaro fue senador por Río de Janeiro desde 2019. Previamente, pasó 16 años como diputado de la Asamblea Legislativa de ese estado. Aunque soñaba con ser futbolista, terminó estudiando Derecho y comenzó su carrera política a los 21 años. Como sus hermanos, ha defendido a su padre y ha participado en la construcción del movimiento de derecha que convirtió al bolsonarismo en una de las fuerzas políticas más influyentes de Brasil.
Es el hijo mayor de Jair Bolsonaro, fruto de su primer matrimonio con Rogéria Nantes Braga. Sus hermanos de esa unión son Carlos y Eduardo Bolsonaro. También tiene dos medios hermanos por parte de padre: Jair Renan y Laura Bolsonaro.
Flávio, al igual que sus hermanos, creció en un entorno profundamente influenciado por la disciplina militar, una cultura que posteriormente se convertiría en parte de la identidad política de la familia. Aunque no se criaron en un cuartel, la dinámica del hogar estaba tan impregnada de referencias castrenses que Jair Bolsonaro acostumbró a llamar a sus hijos por códigos numéricos, según su orden de nacimiento. Flávio, el mayor, era el "cero uno"; Carlos, el "cero dos"; Eduardo, el "cero tres", y su medio hermano Jair Renan, el "cero cuatro".
Precisamente, los vínculos del clan con los entornos de seguridad y defensa han estado acompañados de controversias y cuestionamientos por sus presuntas conexiones con las milicias (grupos paramilitares) de Río de Janeiro. Estas organizaciones armadas ilegales ejercen control territorial en distintas comunidades mediante la extorsión, las amenazas y la violencia. Los posibles vínculos de integrantes del entorno Bolsonaro con estas redes han sido objeto de escrutinio público e investigaciones oficiales a lo largo de sus carreras políticas.
En el centro de estas controversias aparece el propio Flávio Bolsonaro. El primogénito ha sostenido que, cuando impuso la Medalla Tiradentes —una de las principales distinciones del estado de Río de Janeiro— al expolicía Adriano Magalhães da Nóbrega, no tenía conocimiento de que este estuviera vinculado con el crimen organizado. Sin embargo, el caso adquirió otra dimensión cuando se conoció que la madre y la esposa del expolicía, señalado como presunto sicario y vinculado con las milicias, trabajaron durante años en el gabinete parlamentario de Flávio.
Las investigaciones judiciales también examinaron un presunto esquema de rachadinha, una práctica de corrupción en la que empleados públicos entregan parte de sus salarios al político que los contrató. Según las acusaciones, este mecanismo habría operado en el entorno del entonces senador. Aunque el caso fue archivado, alimentó los cuestionamientos sobre las finanzas de la familia Bolsonaro y sus relaciones con personas investigadas por presuntos vínculos criminales.
Además, ha estado envuelto en otras controversias que se intensificaron durante las últimas semanas de su campaña. Entre ellas figura una investigación de la Policía Federal y del Supremo Tribunal Federal de Brasil por presuntos delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal y de divisas. Las pesquisas apuntan a posibles vínculos financieros con Daniel Vorcaro, expropietario del Banco Master, detenido en medio de un escándalo financiero de gran magnitud.
Según las indagaciones mencionadas en el caso, Flávio habría solicitado donaciones millonarias a Vorcaro para financiar Dark Horse, una película sobre la vida de su padre, Jair Bolsonaro. Las autoridades sospechan que estos recursos, presuntamente canalizados a través de intermediarios y cuentas compartidas, podrían estar relacionados con operaciones financieras irregulares. El alcance de estas sospechas y su eventual relación con fondos públicos o gastos electorales debe establecerse a partir de las pruebas y las actuaciones judiciales correspondientes.
El candidato ultraderechista ha negado las acusaciones y las ha calificado de falsedades con motivaciones políticas. Sin embargo, las investigaciones han vuelto a poner el foco sobre su historial financiero y han reavivado las preguntas sobre movimientos de dinero en efectivo en sus cuentas que fueron objeto de alertas del Consejo de Control de Actividades Financieras (COAF) de Brasil.
Una campaña de mano dura y continuidad familiar
La campaña de Flávio Bolsonaro se construyó sobre tres ejes: la seguridad pública, la reducción de impuestos y la defensa de los valores conservadores. Su estrategia consistió en presentarse como el heredero político de Jair Bolsonaro, con la promesa de recuperar el proyecto de la derecha brasileña y devolverle al país una agenda centrada en el orden, la libertad económica y el fortalecimiento de la autoridad del Estado. Al mismo tiempo, buscó convertir la situación judicial de su padre en una bandera política, al defender una amnistía para él y para los condenados por los ataques del 8 de enero de 2023 contra las instituciones brasileñas.
En materia de seguridad, prometió endurecer las penas, ampliar la capacidad penitenciaria y tratar a las principales organizaciones criminales como grupos narcoterroristas. Su programa también contemplaba reducir la edad de responsabilidad penal, reforzar la vigilancia mediante tecnologías de reconocimiento facial y aumentar los recursos destinados a combatir el crimen organizado. En el terreno económico, propuso reducir impuestos, recortar al menos diez ministerios, disminuir los cargos públicos de libre nombramiento y retomar las privatizaciones. Estas propuestas, junto con su discurso conservador, le permitieron movilizar a sectores descontentos con la izquierda y consolidar su posición como una alternativa al proyecto de Lula.
El apoyo que logró reunir no resulta sorpresivo si se analiza el panorama latinoamericano actual, marcado por el avance de fuerzas políticas de derecha. Durante la campaña, el brasileño buscó fortalecer sus relaciones con dirigentes conservadores de la región y proyectarse como parte de un bloque político que comparte posiciones sobre seguridad, economía y orden público. Entre sus aliados internacionales figuran el presidente de Argentina, Javier Milei, y otros dirigentes que han expresado afinidad con el ideario bolsonarista.
El apoyo internacional más visible provino del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien respaldó públicamente la candidatura del brasileño. Esta postura generó críticas por parte de la campaña de Lula da Silva, que cuestionó la intervención de Trump en el proceso electoral. Entre las propuestas de política exterior de Bolsonaro figuraban precisamente la incorporación de Brasil al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por la administración estadounidense para coordinar acciones contra el narcotráfico y el crimen organizado en la región.
En el plano internacional, Bolsonaro también buscó recomponer las relaciones con Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha expresado su cercanía con sectores de la derecha brasileña, mientras que las relaciones bilaterales se deterioraron durante el mandato de Lula. La tensión aumentó después de las críticas del mandatario brasileño a las operaciones militares israelíes en los territorios palestinos y de las posteriores disputas diplomáticas entre ambos países.
Las promesas de combatir la criminalidad, reducir los impuestos y buscar la amnistía de su padre también conquistaron a buena parte del electorado. Si bien no llegó a la presidencia y queda por ver los caminos que tomará tras no reconocer el resultado, su Partido Liberal se impuso en las elecciones legislativas, lo que le garantiza poder al bolsonarismo durante los próximos cuatro años. Ese quizá sea el mayor reto para Lula.
En medio, queda una sociedad profundamente polarizad. Tras la derrota, queda por definirse el futuro del bolsonarismo, así como el equilibrio político y geopolítico de América, que también dependerá en buena parte de las elecciones de medio término en Estados Unidos el próximo 3 de enero.
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Perrinola(18909)•26 de octubre de 2026 – 08:26¿Por quién habrá votado Laura Bolsonaro?