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Las elecciones legislativas del martes en Israel son vistas como cruciales porque determinarán el futuro político del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien aspira a un nuevo mandato, en un país marcado por tres años de guerra.
Así es como funciona, en líneas generales, el sistema electoral en Israel:
Circunscripción única
El poder legislativo israelí está compuesto por una sola cámara, la Knéset, que cuenta con 120 diputados, elegidos por un período de cuatro años. La ley establece que las elecciones son "generales, nacionales, directas, igualitarias, secretas y proporcionales".
El Parlamento puede ser disuelto anticipadamente mediante un voto por mayoría simple, lo cual es frecuente en Israel. En circunstancias excepcionales, la Knéset puede extender su mandato más allá de los cuatro años, con el voto de una mayoría de 80 diputados.
El país constituye una única circunscripción electoral para los aproximadamente 7,3 millones de electores llamados a las urnas en unos 12.000 centros de votación.
En las últimas elecciones, en noviembre de 2022, la participación fue del 70,6 %.
Los votantes eligen directamente a los diputados a través de las listas de candidatos presentadas por cada partido.
El sufragio es proporcional integral: el número de escaños se distribuye de manera proporcional al porcentaje de votos obtenidos por cada lista.
Umbral y redistribución
Para ingresar a la Knéset, las listas deben superar un umbral del 3,25 % de los votos emitidos. Este porcentaje permite obtener automáticamente cuatro escaños.
La capacidad de los partidos pequeños para superar este umbral puede tener un impacto importante en el equilibrio entre los distintos bloques. Si no lo alcanzan, supone una pérdida importante para las formaciones más grandes de la misma corriente política.
Por eso, Netanyahu lleva varios días presionando a los pequeños partidos de derecha para que se retiren, acusándolos de restar los votos que su coalición necesita.
Como el sistema proporcional no siempre permite obtener un número exacto de bancas con respecto al porcentaje de votos obtenidos, existe un complejo sistema de redistribución de los escaños vacantes basado en una fórmula matemática llamada Bader-Ofer.
Este método asigna estos escaños a los partidos con el mayor promedio de votos por banca, lo que tiende a favorecer a las grandes formaciones.
Esta distribución jugó un papel decisivo en los últimos comicios, en los que se repartieron el equivalente a 300.000 sufragios, es decir, alrededor del 6% de los votos emitidos.
Aunque el número de sufragios fue casi idéntico entre ambos bandos, el de Netanyahu terminó obteniendo una cómoda mayoría de 64 bancas gracias a esta redistribución.
Mosaico electoral
El electorado israelí está fragmentado en una multitud de partidos. La Comisión Electoral registró 38 listas para las elecciones del martes. Desde entonces, dos de ellas anunciaron su retiro.
No obstante, son más que en 2022, cuando se presentaron 29 listas.
Los partidos tradicionales -como el Likud (derecha) y el Partido Laborista (izquierda)- están flanqueados por listas que representan a los ultraortodoxos, a los ciudadanos originarios del exbloque soviético, al movimiento del sionismo religioso y a los ciudadanos de origen druso o árabe, entre otros.
La formación de Gobierno, un ejercicio delicado
La existencia de un gran número de partidos hace prácticamente imposible que alguno obtenga la mayoría absoluta de 61 escaños, necesaria para formar un Gobierno. Al terminar el recuento de votos, comienzan las negociaciones para crear alianzas.
El presidente del país, actualmente Isaac Herzog, debe designar al líder de la lista con más posibilidades de formar una coalición, basándose en las recomendaciones presentadas por los partidos.
En 2021, tras las cuartas elecciones en menos de dos años, Netanyahu no logró formar un Gobierno. Fue entonces que Naftali Bennett asumió el cargo de primer ministro al frente de una alianza heterogénea, pese a que su formación solo había obtenido seis bancas en el Parlamento.
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usucapion1000(15667)•Hace 13 minutosDifícil que el sionismo se deje arrebatar su satánico poder, cuyas ùnicas salidas son el control económico y político, la expoliación de tierras y el genocidio.. La desgracia continuará. porque esos sátrapas dominan la banca internacional y a través de esa, la voracidad insaciable de los borregos mandamás del mundo.