
¿Cinco pares de medias por COP 5.400? Al carrito. ¿Una camisa tipo polo por COP 31.000? También. ¿Un conjunto de pijama por COP 35.000? ¿Por qué no? Los precios bajos, un catálogo casi infinito y la sensación de que siempre se puede comprar algo más es parte del éxito que ha acompañado a plataformas como Temu, Shein y Aliexpress.
El problema es que estas gigantes chinas del comercio electrónico se han convertido en un desafío para el comercio local. No hace mucho el empresario Arturo Calle dijo ante la Comisión Tercera de la Cámara de Representantes que, por su impacto, ha tenido que despedir a unos 2.000 trabajadores. También mostró, entre sus papeles, un pantallazo en el que uno de sus bolsos, ahora pirateados, es ofrecido en una de estas plataformas a un valor exageradamente bajo.
El impacto de los “minimis”
Cuando una persona compra en estas plataformas, el pedido ingresa al país bajo la categoría de “minimis”, la cual permite que todo paquete de menos de USD 200 esté exenta de pagar impuestos.
Hace unos años esto no representaba un problema mayor, pues el comercio electrónico aún no había experimentado el auge que tuvo durante la pandemia. Comprar por internet tampoco era un hábito tan extendido entre los consumidores. Hoy, en cambio, es una realidad que viene ganando protagonismo año tras año.
Según el Ministerio de Hacienda, en 2024 las importaciones colombianas de “minimis” alcanzaron los USD 1.552 millones. Aunque se lee fácil, su peso es considerable: el doble de lo registrado en 2022 y cerca del 3 % del total de las compras externas de Colombia. El 75 % de estos paquetes provenían de China, y el 60 % de los mismos, eran textiles, confecciones, calzado y accesorios.
Como lo explica Yansen Estupiñán, quien es el gerente del Centro Comercial Neos y uno de los líderes más destacados entre los comerciantes de San Victorino, los “minimis” plantean un choque entre el modelo de comercio tradicional y el que imponen las plataformas.
Es decir, durante años, pequeños y medianos comerciantes de múltiples municipios del país han llegado a Bogotá en busca de distribuidores mayoristas para surtir sus negocios. Esta dinámica deja a su paso una derrama económica, así como la creación de puestos de trabajo. El modelo de las plataformas quita todos esos intermediarios del proceso, pues el producto llega ya con un precio bajo al consumidor final.
“Si ese mayorista no viene a comprarnos, desde luego el comerciante baja su producción y sus ventas. Si antes una famiempresa confeccionaba 15.000 prendas mensuales, ahora solo hace unas 3.000”, detalla.
¿Qué hacer?
Para el Congreso la palabra mágica sería “impuestos”. Justo ahora se debate un proyecto que busca eliminar los “minimis” en Colombia, lo que implicaría que todo paquete comprado a una empresa en el exterior deberá pagar IVA, exceptuando los casos en los que los tratados de comercio obliguen lo contrario.
Para los ponentes de esta iniciativa, es decir, las representantes María José Pizarro y Olmes Echeverría de la Rosa, plataformas como Temu, Shein y Aliexpress no son simples tiendas en línea, sino ecosistemas logísticos y de mercadeo altamente sofisticados.
Bajo el modelo actual, un producto nacional vendido por COP 100.000 debe incluir el 19 % de IVA. En cambio, una plataforma internacional puede vender uno similar por COP 81.000 si está exenta de ese impuesto. Según los argumentos del proyecto, esta diferencia constituye una forma de elusión tributaria sistémica, contraria a los objetivos de fomento de la industria nacional y equidad tributaria. Por eso, cobrar el IVA a estas importaciones nivelaría las condiciones de competencia.
Esto no es nuevo en el mundo. Estados Unidos suspendió por tiempo indefinido la exención arancelaria para los envíos de menos de USD 800. La Unión Europea, por su parte, eliminó el beneficio para las importaciones de menos de EUR 150. En México también se retiró la medida que cobijaba productos provenientes de países con los que no existe un tratado comercial, como China.
Para Camilo Bohórquez, gerente de Mercadeo y Comercialización de Multiplaza Bogotá, aunque las condiciones no son iguales (pues el comercio local debe asumir costos como arriendos, nómina, impuestos, IVA y aranceles), las medidas que se adopten no deberían cerrarles las puertas a las plataformas internacionales de comercio electrónico, ya que esto terminaría afectando a los consumidores.
“Competir sólo por precio contra plataformas de esa escala es muy difícil y no es el único camino. El comercio local se diferencia por calidad, garantía, servicio posventa, asesoría, inmediatez y la posibilidad de probar el producto. Pero no es cierto que lo local siempre sea más costoso ni que lo importado sea de menor calidad. El consumidor valora una propuesta completa, con buena relación entre precio, calidad y experiencia, y ahí las marcas colombianas tienen mucho que mostrar”, dice.
Estupiñán coincide en que estas plataformas no deben ser vistas como enemigas, sino como competidoras que están mostrando que el mercado colombiano sí necesita ajustes. Desde su análisis, la estrategia local no debería poner sólo el foco en nivelar la cancha desde el punto de vista tributario, sino en verdaderamente crear condiciones para que el comercio local pueda competir de cara al usuario.
Un ejemplo de esta asimetría está en la publicidad. Mientras plataformas como Temu, Aliexpress y Shein bombardean a los consumidores con notificaciones, ventanas emergentes y algoritmos que parecen adivinar su próxima compra, muchos comercios locales dependen de herramientas más tradicionales, como los avisos en sus establecimientos y la distribución de volantes. Algunos también recurren a campañas publicitarias en redes sociales.
“Proponemos que el Gobierno establezca una plataforma, subsidiada inicialmente. La Cámara de Comercio tiene una, pero no sirve para nada, porque no tiene el ADN de lo que nosotros necesitamos. Con una especie de Temu colombiano, apoyado por el Estado, podríamos competir a nivel de venta electrónica”, detalla Estupiñán, al indicar que esta estrategia también debería incluir incentivos para los que trabajan vendiendo sus productos en internet, como menos impuestos y más capacitaciones en áreas como el marketing digital.
Catalina Osorio, docente de administración de negocios internacionales de Areandina, sede Pereira, tampoco cree que aumentar los aranceles sea suficiente para resolver el problema. Explica que los establecimientos físicos enfrentan costos logísticos, una alta carga tributaria, informalidad y baja productividad. Por eso propone una estrategia integral que, además de revisar los aranceles, contemple impuestos para las plataformas digitales, de manera que exista mayor equidad tributaria y estas contribuyan como puntos de venta o intermediarios comerciales.
“Hay que fortalecer los sistemas y el personal de la DIAN para garantizar un control aduanero eficaz y, al mismo tiempo, impulsar medidas que mejoren la competitividad del comercio nacional. Debemos proteger tanto a los establecimientos físicos como a las empresas que han encontrado en el comercio electrónico una alternativa para vender sus productos, pero siempre bajo un criterio de equidad”, concluye Osorio, al advertir que Colombia debe ajustar los modelos que han sido exitosos en otros países, no replicarlos.
¿Plataformas adictivas?
Diversos análisis y estudios han puesto la lupa sobre Temu, al considerar que su diseño es adictivo. Una de esas investigaciones la adelanta la Unión Europea, cuyos funcionarios buscan determinar si las dinámicas de la plataforma pueden generar comportamientos compulsivos entre los usuarios.
Quienes han estudiado este tema señalan que plataformas como Aliexpress y Temu ofrecen una experiencia “gamificada”, es decir, emulan la experiencia de un videojuego con ruletas giratorias (que recuerdan la apariencia y uso de las máquinas tragamonedas) que prometen descuentos ridículos y productos a COP 0.
A esto se suma una página principal que se personaliza con base en las búsquedas e intereses de los usuarios, lo que eleva la probabilidad de recompra o refuerza esa sensación de que en ese mar de productos todavía queda algo que se está necesitando.
Los usuarios también reciben constantemente notificaciones con promociones. Además, cuando dudan si comprar un producto, se encuentran con temporizadores que los apremian a tomar una decisión y avisos de que quedan pocas unidades disponibles, estrategias que buscan acelerar la compra.
Esto tiene un nombre: “Patrón oscuro hiperactivo”, que según los expertos es una interfaz digital diseñada con técnicas de manipulación para generar adicción, maximizar el tiempo que se pasa conectado e inducir a interactuar de forma compulsiva con una aplicación, red social o sitio web.
En suma, competir con plataformas como Temu y Shein exige revisar los impuestos y aranceles, pero también mejorar las condiciones del comercio colombiano para atraer a los consumidores. Esto implica avanzar en la digitalización y ofrecer herramientas para competir en un mercado caracterizado por una amplia variedad de productos a precios bajos.
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Robert(36139)•Hace 6 horasESTAS PLATAFORMAS DE VENTAS APROVECHAN ILEGALMENTE TRATADOS COMERCIALES CON OTROS PAISES PARA NO PAGAR IMPUESTOS EN COLOMBIA. EN ESTE MOMENTO MANDAN SU MERCANCIA POR EEUU, PARA NO PAGAR NI ARANCEL NI IVA, EN PRODUCTOS DE U$ 200 O MENOS QUE NO SON PRODUCIDOS EN EEUU SI NO EN CHINA. ROBANDO A COLOMBIA Y PERJUDICANDO LA INDUSTRIA NACIONAL.
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Danny(k65wp)•Hace 4 horasAtt: Arturo Calle,, 😐🤨🤨
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