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El país transita por un momento fundamental para definir la ruta de los próximos cuatro años: la construcción del Plan Nacional de Desarrollo. En materia educativa, contamos hoy con importantes referentes e insumos que pueden contribuir a su formulación y materialización durante el próximo cuatrienio.
Invitamos al Departamento Nacional de Planeación a considerar las propuestas recogidas en el Plan Decenal de Educación, el Foro Educativo Nacional y el III Congreso Pedagógico Nacional, experiencias acompañadas por la Universidad Pedagógica Nacional y construidas con la participación de más de mil maestros y maestras de instituciones de educación superior, grupos de investigación en educación y centros de estudios e investigaciones docentes de FECODE.
Con profundo respeto y en ejercicio de la responsabilidad que la Ley 30 de 1992 reconoce a la UPN como asesora del Ministerio de Educación Nacional, señalo tres ventanas de oportunidad para pensar el nuevo Plan Nacional de Desarrollo:
La primera es importancia de la formación de maestras y maestros. Tanto en las investigaciones de la Asociación Colombiana de Facultades de Educación (ASCOFADE) como en el III Congreso Pedagógico de FECODE se ha insistido en una pregunta que compartimos: ¿para qué y para quién formamos educadores y educadoras? Reducir su formación a técnicas orientadas a mejorar indicadores y estándares desconoce que las maestras y los maestros investigan, interpretan el mundo y producen saber pedagógico en contextos socioculturales específicos, desde compromisos éticos y políticos. La formación inicial, en ejercicio y posgradual debe constituirse en una política pública articulada, con recursos y participación real de quienes enseñan. La educación es también una práctica de cuidado que implica valores y virtudes como la responsabilidad, la solidaridad, el respeto mutuo y el reconocimiento, más allá de la instrucción y el aprendizaje.
Esto exige fortalecer las facultades de educación, las universidades formadoras y las Escuelas Normales Superiores, cuyo nuevo marco legal reclama reglamentación y condiciones para su desarrollo institucional. Exige, además, reconocer la investigación que nace de las aulas, las experiencias de educación popular y los conocimientos construidos en territorios rurales, indígenas, afrodescendientes y urbanos. La pedagogía no puede desaparecer detrás de un catálogo de competencias.
La segunda ventana de oportunidad es el fortalecimiento de la educación superior pública. El artículo 69 de la Constitución protege la autonomía universitaria y la Ley 30 de 1992 reconoce las libertades de enseñanza, aprendizaje e investigación. Esa autonomía supone una responsabilidad con la sociedad y requiere condiciones materiales para ejercerla. La Ley 2568 de 2026 modificó los artículos 86 y 87 de la Ley 30 y abrió una posibilidad importante para avanzar hacia una financiación más estable. El desafío del próximo cuatrienio es hacerla efectiva mediante asignaciones suficientes y verificables.
Asimismo, el programa de gratuidad debe contemplar la permanencia del estudiantado. Ampliar los cupos exige contar con profesoras y profesores, bibliotecas, laboratorios, alimentación, bienestar y condiciones dignas de estudio y trabajo. Dignificar la profesión docente y consolidar su formalización es también una tarea urgente.
La tercera ventana de oportunidad es una tarea que no admite aplazamientos: desarrollar el nuevo marco de competencias y recursos del Sistema General de Participaciones. Hablar de calidad sin financiación suficiente, especialmente en los municipios con mayores desigualdades, es pedirle a la escuela que resuelva, por sí sola, problemas que pertenecen a toda la sociedad.
El país tiene hoy la oportunidad de convertir los acuerdos pedagógicos en decisiones de gobierno. No pedimos unanimidad ni desconocemos las legítimas diferencias en torno a la política educativa. Insistimos en que el nuevo Plan Nacional de Desarrollo dialogue con aquello que el magisterio, las universidades y las comunidades ya han pensado y construido. Gobernar también es saber escuchar. La educación es una responsabilidad compartida y no puede quedar atrapada entre un gobierno que termina y otro que comienza.
En suma, reconocer estos referentes legales y asumir estos compromisos constituye una condición de posibilidad para hacer de la política pública educativa un acontecimiento democrático en el marco de un Estado social de derecho.
Nota: celebramos los 20 años de la Licenciatura en Artes Visuales de nuestra Universidad Pedagógica Nacional, una trayectoria construida colectivamente por estudiantes, maestras, maestros, egresados y egresadas que han hecho del arte un lugar para pensar, sentir y transformar el mundo. Son dos décadas formando educadores y educadoras que reconocen en la sensibilidad, la memoria, la diferencia y la creación posibilidades para construir conocimiento, cuidar la vida y aportar a la paz. Esta celebración nos recuerda que el arte es una forma fundamental de comprender y transformar nuestra realidad.