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Muchos recordarán la polémica que el año pasado desató una decisión del municipio de Timbío, en Cauca, que prohibió los “piropos”, más bien el acoso callejero del que son víctimas sobre todo las mujeres. Por un lado, salieron a relucir las posiciones en contra, que consideran ese tipo de expresiones simpáticas y halagadoras. Por otro, se hicieron escuchar las voces -por supuesto en gran parte voces femeninas- de quienes creen que los chiflidos y comentarios callejeros -que por tiernos o inofensivos que los quieran hacer parecer, llevan una connotación sexual- son intimidantes, abusivos e indeseados, más aun si vienen de desconocidos, en un país con cifras alarmantes de violencia contra las mujeres. (Lea: La prohibición de los piropos).
Pues bien, Colombia, mucho menos América Latina, no es el único lugar en donde ocurre el acoso callejero y en donde se está dando una lucha por detenerlo. En los últimos días se hizo viral la iniciativa de Noa Jansma, una mujer de 20 años y que reside en Ámsterdam, Holanda. Jansma decidió dejar de callar y superar el miedo, la taquicardia y el congelamiento que a muchas mujeres nos asaltan al recibir comentarios morbosos e incluso ser tocadas. Una horrible sensación que probablemente también han experimentado las madres, hermanas, hijas o amigas de los acosadores callejeros.
Ella inició un proyecto en Instagram: tomarse selfis con todas las personas que la acosaran en la calle. De acuerdo con The Independent, sólo un hombre le preguntó por qué quería una foto juntos. "No les genera sospecha porque creen que lo que hacen (lanzar "piropos") es completamente normal", dijo la joven según ese medio de comunicación.
En las imágenes, se ve a los presuntos acosadores puestos en evidencia posando con la mujer, sonriendo, casi orgullosos de su no-hazaña, e incluso en grupo -muchos contra ella-. De hecho, algunos la tocan, la abrazan.
En sus publicaciones, cuenta cómo algunos de los chifladores empedernidos la habrían seguido por la calle por cerca de 10 minutos y diciendo cosas como: “Chica sexy, ¿para dónde vas? ¿Puedo ir contigo?”.
Agradeció el apoyo a su proyecto, que terminó, mas no el acoso callejero, que es con frecuencia el primer tipo de acoso sexual al que nos vemos expuestas las mujeres. Muchos ejemplos de eso surgieron con el hashtag #MiPrimerAcoso, que se hizo también viral hace unos meses.
Charlotte Gush, de Vice, señaló un punto clave en su artículo sobre el proyecto Noa Jansma: “Un comentario en su cuenta de Instagram da una idea de cuánto trabajo nos queda por hacer, culturalmente, para concienciar a todo el mundo de lo inaceptable y delictivo de este comportamiento: "Por favor, haced fotos de los hombres que no os piropean. Habrá que tenerlos en cuenta, ¿no?", se lee”.
La periodista les responde de la mejor manera: “Hombres: no vais a ganar ningún premio por no acosar a las mujeres por la calle. Es un comportamiento de persona decente. No hay nada que agradecer. El piropo es un juego de poder para afianzar la sensación de propiedad sobre la mujer y su cuerpo, es la opresión del patriarcado en acción. Nunca es un halago. Nunca. No somos de vuestra propiedad ni lo seremos nunca”.