8 Feb 2022 - 2:00 a. m.

Colombia está perdiendo un parque nacional natural

El Parque Nacional Natural Tinigua es un corredor esencial para la biodiversidad de los Andes y la Amazonia, y es clave para mantener el sistema hídrico. Pero está agonizando debido a la deforestación de los últimos años. En semanas recientes los incendios se multiplicaron, disminuyendo aún más sus bosques.

Daniela Quintero Díaz

Periodista Medio Ambiente

Sergio Silva Numa

Editor Salud - Medio Ambiente - Ciencia - Educación
Imagen del PNN Tinigua tomada hace unos días en un sobrevuelo.
Imagen del PNN Tinigua tomada hace unos días en un sobrevuelo.
Foto: Cortesía FCDS

Las imágenes de la Amazonia colombiana que circularon las últimas semanas en redes sociales son escalofriantes. En enormes extensiones de tierra en las que antes había cientos de árboles ahora se ven chamizos y pastizales quemados. “Es que esto es una barbaridad”, atina a decir Rodrigo Botero.(Lea: Minería ilegal en el Amazonas: otro fenómeno que agudizó la pandemia)

El pasado 28 de enero Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, hizo uno de los sobrevuelos en donde tomó esos videos y fotografías. Durante el tiempo que estuvo en la avioneta, pasó por varios sectores del Área de Manejo Especial de La Macarena (AMEN), un vasto lugar que el Gobierno creó en 1989 con la promesa de resguardarlo. Allí confluyen cuatro Parques Nacionales Naturales (PNN), que son un corredor biológico entre la Amazonia y los Andes.

Uno de ellos es Tinigua, en Meta. Cuando Botero lo sobrevoló, cuenta, no esperaba encontrar imágenes como esas. Sabía que los incendios que se han producido desde hace varias semanas estaban destruyendo la selva, pero lo que vio fue mucho más grave de lo que imaginaba. “Tenía la expectativa de que hubiera bosque, pero los últimos remanentes de Tinigua se están acabando. La capacidad de transformación se ha acelerado. Esto que está pasando es muy grave”, cuenta por teléfono.

En sus palabras, Tinigua, un parque que también se creó a finales de la década de 80, puede ser el sitio de toda la Amazonia (no solo en la colombiana) que está sufriendo el proceso de transformación más acelerado. “No conozco a ningún otro que esté en una situación tan preocupante”, reitera.

Para comprenderlo un poco mejor, basta darles una mirada a la siguiente gráfica. En la primera se puede observar lo que ha estado sucediendo en las últimas semanas en la Amazonia. Los puntos rojos muestran los incendios que se presentaron entre el 22 de enero y el 4 de febrero. A diferencia de los otros parques nacionales, en el PNN Tinigua hay una alta concentración. Para ser más precisos, según los datos de Global Forest Watch, hubo 700 alertas de incendios, un valor “inusualmente alto” en comparación con el mismo período de años anteriores.

“700 alertas es una locura”, dice Sandra Vilardy, profesora de la U. de los Andes y directora de Parques Cómo Vamos. “La magnitud de lo que está pasando en Tinigua es muy grande. Es increíble”. (Puede leer: Alerta por escasez de agua potable en Leticia, Amazonas)

A lo que se refiere Vilardy es que entre 2002 y 2020 en este parque, que por años cautivó a biólogos, se perdieron 48 mil hectáreas de bosque primario húmedo. Eso equivale, más o menos, a poner una tras otra tres ciudades tan grandes como Bucaramanga. En esta otra gráfica se puede apreciar mejor esa tragedia: el color rojo representa el bosque primario que ha desaparecido. La otra ilustración resume el problema: Tinigua ha sido el parque más deforestado desde 2018.

¿Qué quiere decir esto? ¿Colombia está perdiendo uno de sus parques más importantes? “Quiere decir que en los últimos 20 años perdimos el 90 % de los bosques primarios de un parque amazónico. Y eso tiene muchas implicaciones”, cuenta Vilardy.

Una de las más graves es que destruir Tinigua es romper la conectividad entre dos puntos de biodiversidad vitales: los Andes y la Amazonia. Además, explica, al haber sido un territorio donde prevaleció la presencia de actores armados por décadas, la ciencia no sabe con precisión la riqueza qué se esconde en este parque nacional.

Hay, además, otro inconveniente. Como señala la doctora en Geografía, Dolores Armenteras, que se ha dedicado a investigar los incendios de la Amazonia, los ecosistemas colombianos no están adaptados al fuego. De manera que cuando se presentan hay cambios en su composición y su estructura, lo cual lleva eventualmente a una pérdida de biodiversidad.

Un buen ejemplo es lo que sucede con los murciélagos, animales muy importantes por su rol en la dispersión de semillas y en el control de plagas. En su tesis para graduarse de maestría en ciencias de la U. Nacional, Laura Obando, de la mano de Armenteras, comprobó con grabadoras de ultrasonido que tras los incendios había menor diversidad acústica de los murciélagos. Sin embargo, en algunos puntos quemados hace más de 8 o 19 años, encontró que había una ligera recuperación. (Le puede interesar: Los incendios en la Amazonía, una situación que se prende cada día más)

“En mi caso fui a Guaviare, al municipio de Retorno, y en los límites del Retorno y Calamar, una zona que en este momento tiene muchos puntos de calor. Fui en 2020 y volví en 2021. Cuando regresé, dos de esos bosques en donde trabajé ya no existían”, añade Obando.

Más riesgos y más ruegos

Con la destrucción del PNN Tinigua, otro de los puntos que más le preocupan a la profesora Vilardy, PhD en ecología y ambiente, tiene que ver con el papel de estos bosques en el ciclo del agua. Dejar que se pierdan, dice, es dejar de tener una fuente muy importante en la regulación de este ciclo, pues emite agua mediante evapotranspiración, alimentando las lluvias de valles interandinos.

Para decirlo de otro modo, parte de la circulación del agua depende de la selva del Amazonas. Lo que allí suceda repercute en los páramos de Chingaza y Sumapaz, que son las fuentes que les permiten a quienes viven en el centro del país bañarse todos los días.

Antonio Nobre, uno de los científicos brasileños que más conocen la Amazonia, lo había advertido tiempo atrás: talar árboles puede alterar el clima y los patrones de lluvia. Como cada árbol, le dijo hace unos años a este diario, puede bombear a la atmósfera unos 1.000 litros de agua en forma de vapor, eso quiere decir que, juntos, todos los árboles de esta región permiten que entre la selva y la atmósfera circule un río más grande que el Amazonas. “Ríos voladores”, era como los había llamado.

Una preocupación más tiene que ver con otra tarea básica de los bosques: capturar carbono. Con la intensiva quema y deforestación los de Tinigua, de acuerdo con los datos del Global Forest Watch, ahora están emitiendo más emisiones de las que son capaces de capturar. Entre 2001 y 2020 emitieron 1,65 millones de toneladas de CO2 (equivalente). (Lea también: Gobierno presentó el cartel de “los más buscados” por deforestación en la Amazonia)

La gran pregunta en este punto es: ¿por qué, si todos los años se repiten los incendios, no se ha logrado prevenirlos? “Esa es la parte asombrosa, porque esta situación es previsible y prevenible”, responde Rodrigo Botero. “Hay que mejorar mucho la capacidad de reacción y de interacción con las comunidades”.

“Sabemos que todos los años hay actividades clásicas de quema. Tenemos un histórico, pero tenemos que estar alerta para que la situación no se desborde. El Gobierno tiene que actuar y poner en funcionamiento los instrumentos legales que ha creado. Hoy podemos hacer seguimiento a esta situación de manera gratuita en internet, a la que pueden acceder los ministerios, los gobernadores y los alcaldes. No comprendo cómo no actuamos tras semanas de incendios”, anota Vilardy.

En sus trabajos, la profesora Armenteras ha demostrado que estos fuegos no son un asunto anecdótico, sino un patrón que se repite. En algunas ocasiones está asociado con el mantenimiento de pastos. En otras, prenderle candela a la selva es una herramienta para deforestar. Es la manera más fácil de “limpiar” un terreno y “mover” la frontera agrícola. Ganadería, cultivos ilícitos y la apertura de nuevas vías son otros de los factores que inciden en la deforestación, que se multiplicó tras el Acuerdo de Paz. “Hay falta de gobernanza en el territorio”, sintetiza ahora. “Es muy difícil entender por qué no se logra implementar las medidas de prevención, y siempre las respuestas son reactivas”.

Al intentar trasladar estas inquietudes al Gobierno, fue difícil hallar una respuesta concreta. Parques Nacionales Naturales, por su parte, nos dijo que la vocería la tiene la Dirección Nacional de Bomberos y Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd). Al consultar a esta última entidad, aseguraron que están haciendo monitoreo y seguimiento, pero aclararon que ellos no dan ninguna declaración frente a las afectaciones en los PNN. El viceministro de Ambiente, Nicolás Galarza, afirmaron, es el vocero autorizado. Pero al cierre de esta edición, del Ministerio de Ambiente tan solo dijeron que, por el momento, no hay un consolidado de hectáreas afectadas en Tinigua y que al menos ayer no hubo incendios activos.

Toda esta compleja situación condujo a un grupo de más de 180 académicos colombianos a redactar una carta al presidente Iván Duque y al ministro de Ambiente, Carlos Correa. En ella reiteran su preocupación: “Las acciones deben ser preventivas, no reactivas. Esta es una tragedia anunciada y año tras año en temporada seca vemos, con impotencia y dolor, al Amazonas arder”, escribieron. (Puede ver: Fotos: La Macarena en llamas. Alerta por numerosos incendios que acaban el bosque)

“Es urgente diseñar e implementar una hoja de ruta que movilice articuladamente al Ejército Nacional, los bomberos de todo el país, la Defensa Civil y la Fuerza Aérea Colombiana (...) Es inadmisible que en territorios protegidos como el Parque Nacional Natural Tinigua, la Serranía de la Macarena y la Serranía de la Lindosa, los Bomberos dependan de voluntarios para apagar el fuego y no cuenten con agua ni sistemas aerotransportados para sofocar los incendios”, se lee en otro apartado.

Más adelante les recuerdan lo inevitable: “Esta situación está llevando al norte del Amazonas a un punto de quiebre irreparable (...) Lo que está en juego es la pérdida de biodiversidad de la que depende la vida en el planeta y el agudizamiento de la crisis climática”.

*Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e Infoamazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.

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