A principios de 2026, en la páginas de El Espectador, compartimos algunas de las fotografías que han documentado la enfermedad de Minamata, que afectó la salud de los habitantes de esta ciudad en Japón debido a la liberación de mercurio en los ecosistemas.
Esta inició alrededor de 1930, cuando la corporación Chisso liberó metilmercurio al mar durante su producción de acetaldehído, un componente para plásticos que representaba el 80 % del mercado japonés. Durante 24 años, las comunidades costeras consumieron pescado contaminado sin saberlo: el sabor y olor permanecían inalterados. En 1956 aparecieron los primeros reportes de una “enfermedad extraña” y gatos con comportamiento errático, pero la empresa y el gobierno no detuvieron la contaminación. Pasaron 12 años más antes del reconocimiento oficial.
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Aunque pueda parecer un evento lejano, se trata de una problemática vigente y que líderes sociales denuncian en nuestro país. Este el caso de Juan Campo, delegado de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), quien cuenta que “hace mucho años empezamos a ver el efecto de todos estos químicos en el agua, como el mercurio, con de casos de deformaciones congénitas tanto en animales como en las personas en la región de La Mojana, en Córdoba”.
Lee Bell, asesor de políticas sobre mercurio y contaminantes orgánicos persistentes de la Red Internacional para la Eliminación de Contaminantes (IPEN, por sus siglas en español) y ha estado involucrado en la implementación del Convenio de Minamata, es uno de los investigadores que le ha seguido la pista a los efectos del mercurio en el mundo y en Colombia. “Es muy difícil decir qué va a pasar con el mercurio a nivel global, pero está teniendo un efecto difícil de dimensionar en las comunidades más vulnerables y toda la cadena alimentaria”, aseguró Bell, que estuvo de visita en Bogotá.
El mercurio, conocido por los químicos como Hg, es utilizado en múltiples industrias como en la medicina, pero también en la minería, en particular en la explotación ilegal de oro. Se estima que la minería de oro, que se encuentra en una “fiebre mundial” por los altos precios, genera alrededor del 38 % de todas las emisiones de mercurio a nivel mundial.
Por esta, y otras razones, el mercurio fue catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como uno de los “diez químicos de mayor preocupación en el mundo”. Para enfrentar este desafío, hace más de una década más de 100 países firmaron la Convención de Minamata para restringir y, eventualmente, prohibir su uso.
En diálogo con El Espectador, Bell, quien estuvo hace unas semanas en Colombia en un evento de Colnodo, habla sobre las discusiones que vienen para restringir totalmente esta sustancia en el mundo, y sobre lo que deben saber las personas y los gobiernos para evitar las problemáticas asociadas con su presencia en los ecosistemas.
Desde hace décadas se conoce los impactos potenciales del mercurio en la salud humana y en los ecosistemas ¿Qué tan crítica es la situación en el mundo en este momento?
Lo que estamos viendo es que hay grandes cantidades de mercurio circulando en el aire, en los océanos y en los ríos. Y uno de los problemas es que perdurará durante mucho tiempo. Incluso, si mañana elimináramos todo el mercurio de la sociedad, seguiría habiendo un periodo de latencia de 50 años, en particular en los océanos, en el cual el mercurio seguiría circulando por ellos, antes de que empezáramos a observar una disminución de los niveles de mercurio en las aguas oceánicas y en los peces.
Para aterrizar sus efectos en el continente, usted ha realizado varios estudios sobre el impacto del mercurio en el continente. ¿Quiénes están siendo los más afectados?
Lo que diría es que esto está afectando mucho a la salud de los pueblos indígenas del Amazonas, y en grandes partes de esta región. Los estudios que llevamos a cabo revelaron niveles muy elevados en las poblaciones indígenas de Bolivia. Concretamente, dos comunidades étnicas emparentadas y separadas por más de 300 kilómetros que presentaron niveles casi idénticos de contaminación por mercurio tras realizarles análisis capilares, una de las maneras más claras para hacerse una idea de los niveles de mercurio. Y es muy inusual encontrar dos grupos con niveles tan similares, que además eran elevados.
Y cuando realizamos las encuestas alimentarias, las dietas resultaron ser todas muy similares: un consumo de pescado muy elevado, siete días a la semana, varias veces al día en algunos casos. Quedó bastante claro que esa era la fuente del mercurio que los estaba afectando. Además, presentaban numerosas molestias de salud.
¿Cuáles son esos efectos en la salud que ha documentado en América Latina?
Aún hace falta hacer una revisión mucho más sistemática, pero las malformaciones congénitas son el síntoma más evidente, pero hay otros signos que son más difíciles de detectar. Me refiero a temblores, problemas de audición y visión, dolores de estómago y dolores de cabeza. Y, por supuesto, estos síntomas pueden deberse a otras causas. Quizás hayas comido algo en mal estado o simplemente tengas dolor de cabeza hoy.
Por eso, no siempre se identifican como parte de los síntomas de la intoxicación por mercurio, ya que pueden atribuirse a otras causas. Lo que realmente hace falta, por tanto, es una intervención médica a cargo de profesionales cualificados y con formación que estén familiarizados con los síntomas de la intoxicación por mercurio para saber qué es lo que está pasando.
¿Qué es lo que ha encontrado en sus investigaciones en Colombia?
Curiosamente en Colombia hemos documentado lo que pasa cuando los mineros artesanales de oro adoptan prácticas sin mercurio. Encontramos que, en comparación con comunidades similares en el continente, tenían niveles muy bajos de mercurio en el organismo. Descubrimos que, aunque comían pescado, presentaban niveles bajos pues se encontraban en una zona donde no se utilizaba este elemento en la minería de oro. Esto demostró el beneficio de utilizar prácticas sin mercurio para extraer oro y la diferencia que puede haber entre zonas contaminadas y zonas que no lo están.
Pero este es solo un caso, se necesita que los gobiernos realicen investigaciones más sistemáticas para saber lo que está pasando.
¿Qué riesgo representa el mercurio para la población en general?
Es una pregunta clave. Los más afectados, como decía, son las comunidades indígenas, pues dependen del pescado para su alimentación y viven en zonas remotas sin acceso a servicios de salud. En lo que respecta a la población general, la situación es algo diferente. En ese caso, depende de si consumen mucho pescado o no, ya que esa es la principal fuente de mercurio en el organismo de la mayoría de las personas.
En el caso de la población en general, se trataría más bien de educar y concienciar a la gente, y de decirles ‘miren, si compran pescado de estas zonas o sabéis que procede de ellas, hay muchas posibilidades de que esté contaminado con mercurio’.
¿De dónde viene principalmente la contaminación de mercurio en el mundo?
En este momento, se calcula que la minería del oro genera alrededor del 38 % de todas las emisiones de mercurio a nivel mundial. La minería del carbón genera algo así como el 22 %. Pero uno de los problemas que tenemos es que no se trata de un fenómeno localizado. Por ejemplo, si estás en algún lugar en medio de la Amazonía y estás quemando mercurio, los humos entran en la atmósfera recorren largas distancias y luego se depositan de nuevo en la Tierra o en el océano. Y por eso tenemos niveles bastante altos de mercurio en los peces de los océanos abiertos.
En los últimos años se han publicado investigaciones que muestran la presencia de mercurio en especies silvestres como las aves. ¿Qué está pasando en sus ecosistemas?
A nivel mundial esto está causando problemas importantes, pero una forma de entenderlo es ver lo que está pasando con la cadena alimentaria. Cualquier otro animal que se alimenta de peces, como las aves u otros mamíferos, también se está contaminando con mercurio. Se acumula en ellos de la misma forma que se acumula en el interior de los seres humanos.
A esto se suma que cuando los ríos desembocan en los océanos, transportan el mercurio en los sedimentos, especialmente durante los periodos de crecidas, en los que grandes cantidades de agua arrastran los sedimentos del río al océano.
Hace poco usted dio una conferencia sobre la relación entre el cambio climático y la contaminación por mercurio. ¿Cuál es ese vínculo, y por qué es preocupante?
Existe una relación creciente con el cambio climático. Por ejemplo, el deshielo del permafrost está liberando mercurio almacenado allí durante cientos de años. Esto puede aumentar la contaminación en ríos y ecosistemas. Esto muestra cómo es un problema ‘multiplicador’: incluso si controlamos las fuentes actuales, el cambio climático puede reintroducir mercurio en el sistema.
¿Qué está fallando para controlar el uso indebido de mercurio, en particular en América Latina?
El tratado internacional para el mercurio, también conocido como la convención de Minamata, tiene tres objetivos principales: eliminar el mercurio de productos (como interruptores de luz, sistemas de iluminación electrónica, ese tipo de cosas, pilas y demás), de procesos industriales y de la minería de oro.
Lo que estamos viendo es que ninguna de estas tres medidas está siendo efectiva en América Latina, en particular en contexto de la minería de oro en pequeña escala, pues se está liberando en grandes cantidades para extraer pequeñas cantidades de oro de un mineral de mala calidad mezclándolo con mercurio.
Y uno de los puntos de convención es que se tolera este tipo de uso para la minería…
Exacto, y eso es parte del problema que tenemos. Tal y como está redactado el convenio, permite el uso de mercurio en la extracción de oro. No hay una fecha límite para su eliminación, no hay restricciones, a diferencia de lo que vimos con otros productos y procesos, en los que se establecieron fechas límite muy estrictas y se tomaron muchas medidas para cumplirlas. Por lo tanto, el mensaje que transmite el convenio es que se puede tolerar el uso de mercurio en la extracción de oro.
Por eso existe un importante comercio internacional de mercurio destinado a este fin. Lo que en un principio era un comercio de mercurio para productos y procesos industriales se está desviando ahora hacia la minería del oro. Y dado que el precio del oro ha sido tan alto en los últimos tiempos, ese flujo de mercurio ha aumentado.
¿Qué recomendaciones dan desde el IPEN para un país como Colombia?
Lo que le diría al Gobierno colombiano es que debería crear un instituto de salud relacionado con el mercurio para poder atender a las personas que sufren intoxicación, ofrecerles tratamientos médicos o cualquier otra medida necesaria para ayudarlas de forma más inmediata, mientras se aborda el problema actual de la minería de mercurio y oro.
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Este va a ser un problema en la sociedad colombiana y muchas otras sociedades latinoamericanas durante un largo periodo de tiempo, a medida que el mercurio se vaya filtrando en diversos ecosistemas. Así que cuanto antes podamos detener el suministro, mejor, pero mientras tanto, seguimos necesitando ofrecer intervenciones sanitarias a aquellas personas que las necesitan.
¿Qué se viene en los próximos meses en las negociaciones mundiales en torno al mercurio?
Lo que hay que hacer es modificar parte del texto del convenio para colmar esas tres lagunas que he mencionado anteriormente. Y para ello, una de las partes del convenio —es decir, un país que lo haya firmado y ratificado— debe presentar la propuesta por escrito seis meses antes de la próxima Conferencia de las Partes (Convención de Minamata). Según tengo entendido, en este momento la próxima Conferencia de las Partes tendrá lugar a mediados de 2027, y se está preparando una enmienda en ese sentido.
Y, por lo tanto, habría que presentar una propuesta —quizá incluso un poco más tarde— pero habría que ponerla sobre la mesa seis meses antes de esa fecha por parte de un partido para presentar estas enmiendas propuestas. Eso no significa que se acepten automáticamente. Significa que se someten a debate y que podrían modificarse, suavizarse o reforzarse. Es muy difícil predecir cuál sería el resultado.
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