En 1967, el botánico holandés Wessels Boer recolectó un ejemplar de palma amazónica cerca de Puerto Ayacucho, en el río Orinoco (en Venezuela). Con ese material, describió una nueva especie de palma: Attalea pycnocarpa. Pero había varios problemas: el ejemplar estaba incompleto, solo tenía flores masculinas secas y frutos viejos. Y no había hojas ni otras partes clave de la planta.
Años después, un especialista en palmas, Andrew Henderson, revisó el género Attalea y planteó una hipótesis: tal vez Attalea pycnocarpa no era una especie diferente. Tal vez, podría ser en realidad la misma especie que Attalea sagotii, que ya existía y era conocida por aquel tiempo. Además, Henderson sospechó algo más: el ejemplar original recogido por Boer podría ser una “colección mezclada”, es decir, partes de dos especies diferentes recogidas juntas por error.
Muchos años después, en 2004, otro investigador encontró una palma grande en el río Vaupés (en Amazonia colombiana), pero no logró recolectar un espécimen completo, así que la identificaron mal como otra especie: Attalea butyracea. Por eso, en mapas científicos posteriores, esa especie quedó registrada allí. En 2021, los investigadores volvieron a encontrar la palma cerca de Mitú y esta vez sí pudieron recolectar flores, frutos y otras partes completas. Al comparar todo, descubrieron que era la misma palma descrita por Boer como Attalea pycnocarpa.
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Luego aparecieron más poblaciones: 2022: cerca de Leticia (Amazonas) y en 2024 cerca de Villa Fátima (Vaupés). Estas nuevas muestras permitieron confirmar que sí es una especie real y distinta, no una confusión, como dijo Andrew Henderson.
Hay algo adicional importante respecto a esta especie: en todos los lugares donde apareció la palma, dicen, había muy pocos individuos, cada población tenía solo entre 4 y 10 palmas y había muy pocos adultos, lo que sugieren, dicen los investigadores en un nuevo estudio publicado en la revista científica Phytotaxa, que la especie podría ser rara o poco común en la Amazonia. La investigación fue liderada por Lina Bolívar, Andrés A. Barona-Colmenares y Rodrigo Bernal.
“La evidencia obtenida en campo y en las colecciones botánicas demuestra que Attalea pycnocarpa no es un error, sino una especie real con características propias, especialmente en su porte, racimos, flores y frutos”, explicó el investigador del Instituto SINCHI, Andrés Barona-Colmenares, coautor del estudio, citado en una nota de prensa de la institución. Este trabajo, agregó Baraona, muestra que incluso especies grandes y aparentemente visibles pueden permanecer mal interpretadas durante décadas. La Amazonia sigue siendo un territorio donde aún estamos descubriendo y comprendiendo su diversidad biológica”.
No hay que olvidar que, según el Instituto SINCHI, Colombia ocupa el tercer lugar mundial en diversidad de especies de palmas, después de Malasia y Brasil, y la Amazonia es uno de los biomas más importantes para estudiar este grupo de plantas por su enorme diversidad y relevancia ecológica.
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Las palmas, dice la entidad, desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas amazónicos: proveen alimento para fauna y comunidades humanas, aportan estructura al bosque y sostienen múltiples procesos ecológicos. “Cada nueva investigación sobre las palmas amazónicas no solo amplía el conocimiento científico, sino que también ayuda a entender mejor los ecosistemas que sostienen la vida y los medios de subsistencia en la Amazonia”, concluyó Barona.
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