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Mucho se ha dicho ya sobre lo que son los derechos humanos y sobre cómo se convive con ellos en un país tan diverso y complejo como Colombia. Casi siempre, el Estado ocupa el centro de esa conversación: se le exige garantizar, proteger y promover los derechos de los ciudadanos. Esa responsabilidad es indelegable. Sin embargo, en medio de la vida cotidiana, también aparece el sector empresarial para ocupar un lugar cada vez más relevante en algunas páginas del diario de los derechos humanos.
Una de las primeras páginas oficiales en el país empezó a escribirse en 1985 con la Ley 95, que reconoció a San Pedro Claver como precursor de los derechos humanos en Colombia. Su vida recordó que, incluso en los contextos más difíciles, la dignidad, la justicia y el valor de cada persona no pueden quedar en segundo plano. Así, el 9 de septiembre comenzó a conmemorarse el Día Nacional de los Derechos Humanos, una fecha que invita no solo a mirar la historia, sino a preguntarse cómo se protegen esos derechos en el presente.
Con el paso de los años, el mundo empezó a desarrollar una mirada más profunda sobre lo que significa la dignidad humana y sobre la manera en que debe ser reconocida y protegida. Esta nueva perspectiva se expandió más allá de los deberes gubernamentales y encontró en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) un aliado para llevar estos principios a un campo que por mucho tiempo pasó desapercibido, pero que tiene una influencia decisiva en la vida de las personas y de los territorios: el empresarial.
En 2011, la ONU estableció los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos y consolidó el estándar de la debida diligencia aplicable a las compañías. Este enfoque busca que las empresas identifiquen, prevengan, mitiguen y rindan cuentas sobre los riesgos que sus operaciones puedan generar, de manera directa o indirecta, sobre sus grupos de interés. En otras palabras, no se trata únicamente de reaccionar cuando aparece un problema, sino de incorporar una mirada preventiva, responsable y permanente en la forma de operar.
Capítulo: generación eléctrica
El país cuenta con una amplia variedad de sectores productivos e institucionales, cada uno con actividades que tienen relación directa con la protección de los derechos humanos. Algunas operaciones, por su impacto en el desarrollo nacional y por su presencia en los territorios, requieren una atención especial. No basta con cumplir normas; también es necesario entender los contextos, escuchar a los grupos de interés y reconocer que las decisiones empresariales pueden incidir en la calidad de vida de muchas personas.
La generación eléctrica, por ejemplo, implica el despliegue de acciones con dinámicas ambientales, sociales, laborales y económicas. La fuerte relación de una empresa de esta categoría productiva con su entorno hace indispensable una implementación sólida de la debida diligencia en derechos humanos. Producir energía es aportar al desarrollo del país, pero también exige cuidar la manera en que ese aporte se relaciona con los ecosistemas, las comunidades vecinas, los trabajadores, los contratistas y las instituciones presentes en cada territorio.
Isagen, una de las generadoras más importantes del país, se compromete con esta labor y aplica los lineamientos establecidos por la ONU. En su caso, los grupos de interés relacionados con comunidades, trabajadores, contratistas, terceros que representan a la empresa —como empresas de vigilancia privada— y miembros de la fuerza pública son priorizados en su gestión. Este enfoque permite fortalecer acciones de prevención, diálogo y seguimiento para que el respeto por los derechos humanos no sea una declaración general, sino una práctica integrada a la gestión empresarial.
Entre los derechos clave protegidos se encuentran los derechos laborales, que promueven condiciones de bienestar y seguridad para los trabajadores; los derechos de la niñez, orientados a prevenir el abuso y la explotación en cualquiera de sus formas; los derechos de información y participación de las comunidades, fundamentales para fortalecer la confianza; y los derechos de las comunidades étnicas, que parten del reconocimiento, el respeto y la valoración de su identidad. Todos ellos hacen parte de una misma base: la dignidad humana como principio transversal de la operación.
Además, aunque a veces parezcan un concepto abstracto, los derechos ambientales también son fundamentales en la gestión que realiza Isagen y ocupan un lugar destacado. La naturaleza de sus operaciones implica el uso responsable de recursos naturales y una interacción continua con los entornos donde están ubicadas sus centrales. Estos territorios son, al mismo tiempo, espacios de vida, fuentes de desarrollo económico y escenarios de identidad social y cultural para sus vecinos.
Cualquier impacto medioambiental puede tener implicaciones sobre las comunidades. De allí el cuidado que tiene la generadora con el cumplimiento del Plan de Manejo Ambiental (PMA) en todas sus centrales y con el desarrollo de actividades complementarias para reforzar conocimientos y capacidades en sus grupos de interés. La protección de los derechos humanos, en este contexto, también se expresa en acciones de conservación, educación ambiental, gestión del agua, restauración de ecosistemas y construcción de capacidades para un desarrollo sostenible y digno.

Resultados más que palabras
Como resultado del trabajo realizado, Isagen no registró en 2025 ni en años anteriores casos de vulneración de los derechos humanos. Este resultado no es producto del azar, sino de una gestión constante que combina lineamientos, seguimiento, formación y relacionamiento en territorio. La estrategia que apoya la debida diligencia viene acompañada de un plan de formación para trabajadores y contratistas, pues son ellos quienes representan a la empresa en cada central, proyecto, oficina y espacio de interacción con los grupos de interés.
Solo el año pasado, la generadora realizó 44 talleres presenciales dirigidos a trabajadores y contratistas de centrales priorizadas. Además, formó a 16 profesionales de contratación del equipo de abastecimiento corporativo, con énfasis en procesos priorizados por exposición a riesgos. Estas acciones permiten que los criterios de derechos humanos estén presentes desde la planeación, la contratación y la ejecución de las actividades, y no únicamente como un requisito posterior de cumplimiento.
De otro lado, Isagen reforzó con sus contratistas las acciones de cumplimiento en la materia e identificó contratos o procesos de contratación clasificados como de alta exposición a riesgos en derechos humanos. El incumplimiento de estas obligaciones puede significar para el contratista la terminación de la relación contractual. Esta exigencia envía un mensaje claro: el respeto por la dignidad humana no depende solo de la empresa que lidera una operación, sino también de toda la cadena de aliados que participa en ella.
Cada día, una nueva página comunitaria
El nuevo proyecto que se explica; la inquietud que se recibe; la solución que se ofrece; la información que se entrega cuando se pide; la fuente hídrica que se cuida; el bosque que se reforesta; el encuentro comunitario que permite aclarar una duda; la visita técnica que ayuda a comprender un impacto. Estas y otras acciones hacen parte del día a día de Isagen con sus comunidades vecinas. Cada interacción es el recordatorio de un derecho humano diferente que pide ser reconocido, protegido y gestionado con responsabilidad.
Para Isagen, las comunidades son protagonistas y un grupo de interés que pone a prueba, en lo sencillo y en lo complejo de la cotidianidad, la capacidad real de la generadora para gestionar adecuadamente cualquier posible amenaza a sus derechos. Los profesionales a cargo de cada territorio son la primera línea de relacionamiento y demuestran que, con empatía, escucha activa y respeto por la dignidad del otro, se pueden forjar lazos fuertes de confianza. En esa relación, cada conversación cuenta y cada respuesta ayuda a construir legitimidad.
“Las comunidades pueden dar fe de nuestro compromiso genuino con el respeto de los derechos humanos. Así hemos construido relaciones de confianza y de mutuo beneficio. Siempre encontrarán en nosotros una empresa que escucha y busca soluciones ante posibles riesgos”, concluye Sergio Montoya, profesional encargado del tema en Isagen.