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La educación ambiental transforma territorios, ¿cómo lo hace?

Más de 300 líderes se han formado en agua, cambio climático y sostenibilidad. Conoce cómo esta iniciativa convierte el aprendizaje en proyectos para transformar sus comunidades.

La educación ambiental transforma territorios, ¿cómo lo hace?
La educación ambiental transforma territorios, ¿cómo lo hace?
Foto: Universidad Tadeo.

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¿Cómo puede la educación ambiental convertirse en una herramienta para transformar los territorios? La Escuela del Agua y Cambio Climático, una iniciativa de Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, encontró una respuesta: formar a los habitantes del territorio para que identifiquen sus propias problemáticas ambientales y desarrollen soluciones aplicables a sus comunidades.

Desde su creación en 2024, esta iniciativa, de carácter 100 % gratuito, ha vinculado a estudiantes y líderes de 87 municipios que hacen parte de la jurisdicción de la CAR de Cundinamarca y Boyacá. En este proceso, más de 300 líderes han culminado el ciclo de formación y se han formulado más de 200 proyectos socioambientales relacionados con el agua, la restauración ecológica, la economía circular y la adaptación al cambio climático.

“La escuela nace con un propósito: fortalecer las capacidades, competencias y habilidades de los habitantes del territorio CAR para que ellos mismos puedan crear proyectos que contribuyan al desarrollo sostenible de su territorio”, explica Edgar M. Vargas, decano de la Facultad de Ciencias Naturales e Ingeniería de UTadeo.

Aprender para transformar el territorio

La Escuela del Agua y Cambio Climático parte de una idea central: el conocimiento ambiental adquiere mayor valor cuando puede ponerse en práctica y responder a las necesidades de cada territorio.

Por eso, su metodología combina formación académica, experiencias prácticas y formulación de proyectos. El modelo busca, además, superar las barreras geográficas en poblaciones rurales.

“La metodología busca superar las barreras geográficas para acceder a educación especializada, especialmente en comunidades rurales y alejadas de los principales centros urbanos”, señala Andrés Muñoz, coordinador de la Escuela.

La formación aborda temas relacionados con:

  • Gestión integral del recurso hídrico.
  • Cambio climático y gestión del riesgo.
  • Economía circular.
  • Gestión sostenible del suelo.
  • Cuencas hidrográficas.
  • Adaptación al cambio climático.
  • Biodiversidad y conservación.

De esta manera, los participantes no solo reciben información. Identifican una problemática de su entorno, analizan sus causas y trabajan en la construcción de una posible solución.

Cinco pilares para formar agentes de cambio

El modelo educativo de la escuela se desarrolla alrededor de cinco componentes que conectan el conocimiento con las necesidades de los territorios:

  1. Formación interdisciplinar: cursos especializados en agua, cambio climático y gestión ambiental, desarrollados de manera sincrónica (lo que permite conectividad a toda la población).
  2. Reconocimiento y apropiación del territorio: jornadas prácticas, visitas técnicas y acercamientos a proyectos relacionados con la sostenibilidad.
  3. Cátedras ambientales: espacios de formación dirigidos también a organizaciones comunitarias e instituciones educativas.
  4. Formulación de proyectos: acompañamiento para convertir los conocimientos adquiridos en propuestas aplicables a los municipios y a sus comunidades.
  5. Continuidad académica: posibilidad de reconocer créditos de la formación en programas de pregrado y posgrado de UTadeo.

Esta combinación permite que la educación ambiental salga del aula y se convierta en una herramienta para la acción en proyectos reales.

Del aula al agua, los bosques y los territorios

La experiencia de aprendizaje incluye actividades prácticas que permiten a los participantes acercarse directamente a los desafíos ambientales. Durante el proceso se han desarrollado máster class con expertos nacionales e internacionales, laboratorios y jornadas de campo. Los estudiantes han participado en actividades como siembra de árboles, propagación de plántulas y monitoreo ambiental.

Más de 300 líderes se han formado en agua, cambio climático y sostenibilidad. Conoce cómo esta iniciativa convierte el aprendizaje en proyectos para transformar sus comunidades.
Más de 300 líderes se han formado en agua, cambio climático y sostenibilidad.
Foto: Universidad Tadeo

También han aprendido a utilizar equipos para medir parámetros fisicoquímicos y realizar pruebas de calidad del agua, conocimientos que pueden ser aplicados posteriormente en sus propios territorios.

Las visitas técnicas complementan este proceso. Entre los lugares recorridos se encuentran la Laguna de Guatavita, el Embalse del Neusa y plantas de tratamiento de agua potable del territorio CAR, espacios que permiten comprender de manera práctica los retos relacionados con la gestión del agua y la protección de los ecosistemas. Así, el territorio se convierte en un laboratorio de aprendizaje.

Una escuela para diferentes generaciones

Otro de los elementos que distingue a la Escuela del Agua y Cambio Climático es su carácter incluyente. La formación está dirigida a personas con diferentes niveles y experiencias educativas, lo que ha permitido vincular participantes entre los 14 y los 91 años.

Esta diversidad generacional amplía las posibilidades de intercambio de conocimientos y experiencias. «Un estudiante puede aportar desde su formación académica, mientras que un habitante del territorio puede contribuir desde el conocimiento adquirido durante años sobre su comunidad, sus recursos naturales y sus problemáticas», continuó Muñoz.

A la fecha, la iniciativa ha entregado más de 2.900 certificados a lo largo del proceso de formación. Además, quienes culminan el ciclo cuentan con la posibilidad de continuar su trayectoria educativa y validar cursos para acceder a programas de pregrado y posgrado en UTadeo.

Más que formar estudiantes: crear soluciones

El impacto de la escuela se refleja en las propuestas construidas por sus participantes. Más de 200 proyectos socioambientales, orientados a responder a necesidades concretas de los territorios, han surgido del proceso de formación.

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Estas iniciativas abordan desafíos relacionados con el cuidado del agua, la restauración ecológica, la sostenibilidad, la economía circular y la adaptación al cambio climático.

La apuesta demuestra que la educación ambiental puede ir más allá de transmitir conocimientos sobre el medioambiente. También puede entregar herramientas para que las comunidades participen activamente en la construcción de soluciones.

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El trabajo de la Escuela del Agua y Cambio Climático fue reconocido en los Premios BIBO 2026 de El Espectador, donde obtuvo el primer lugar en la categoría ‘Aulas que cuidan y transforman’. Esta categoría destaca iniciativas que generan impactos positivos en los ecosistemas y muestran cómo la conservación y restauración de la naturaleza pueden contribuir al bienestar de las comunidades.

El reconocimiento pone en valor una apuesta que conecta educación, territorio y sostenibilidad: formar personas para que el conocimiento no se quede en el aula, sino que se convierta en proyectos y acciones capaces de responder a los desafíos ambientales de sus comunidades.

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Porque transformar un territorio también comienza por comprenderlo, reconocer sus necesidades y darle a quienes lo habitan las herramientas para actuar.

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