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¿La naturaleza puede protegernos del cambio climático? Estos ejemplos muestran que sí

Desde corredores verdes hasta la recuperación de ríos urbanos, las soluciones basadas en la naturaleza ya están ayudando a enfriar las ciudades, reducir el riesgo de inundaciones y adaptarse a los efectos del cambio climático.

Redacción BIBO

09 de julio de 2026 - 11:00 a. m.
Bosco Verticale o "bosque vertical" en Milán, Italia, son dos torres residenciales donde hay más de 15.000 plantas sembradas. /Getty Images
Foto: Getty Images - tanukiphoto

A principios de este año, las intensas lluvias registradas en Colombia desencadenaron una grave emergencia por inundaciones, especialmente en Córdoba. En este departamento, al menos 225.000 personas de 25 municipios resultaron afectadas por el aumento extraordinario del caudal del río Sinú, que superó la capacidad de la represa Urrá para regular el flujo del agua.

Para Ronald Ayazo, investigador del Centro Soluciones Basadas en la Naturaleza, Dirección de Conocimiento del Instituto Humboldt, lo que pasó en Montería, uno de los municipios más afectados, es una muestra de que “el agua volvió a cobrar lo que le quitamos”. ¿Qué significa esto?

En un artículo que escribió para El Espectador, Ayazo explicaba que lo que antes eran zonas de amortiguación, como ciénagas, rondas, playones y bajos inundables, “hoy son barrios, vías, rellenos, muros, camellones, diques y promesas de “urbanismo” sobre terrenos que el agua siempre reclamó como suyos. Lo que llamamos “desastre natural” muchas veces es, en realidad, una factura social por haber ignorado la ecología básica del territorio”.

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Por esto, las soluciones a largo plazo que propuso para prevenir que se repitan este tipo de emergencias no se basan en más construcciones de diques, muros de contención u obras de canalización como se hace la mayoría de las veces. Para prevenir, escribió, hay que “aceptar que el río necesita territorio”, y eso implica rehabilitar o crear humedales temporales, proteger las zonas inundables, reubicar comunidades cuando sea necesario y evitar construir en lugares donde el río naturalmente recupera espacio durante las crecientes.

Esas propuestas se conocen como Soluciones Basadas en Naturaleza (SbN), un término que ha venido tomando fuerza desde hace varios años. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) las define como “acciones dirigidas a proteger, gestionar y restaurar de manera sostenible ecosistemas naturales o modificados, que hacen frente a retos de la sociedad de forma efectiva y adaptable, proporcionando simultáneamente bienestar humano y beneficios de la biodiversidad”.

En el caso de las inundaciones, Paula Rodríguez, especialista en Ciudades, Clima y Biodiversidad en WWF Colombia, explica que “los diques, muros y canales en concreto desvían y canalizan el agua. Sin embargo, en gran parte las inundaciones en las ciudades se generan porque al construirlas impermeabilizamos el suelo con tanto cemento y concreto. La renaturalización, una de las SbN, busca quitar cemento y devolver a las ciudades superficies naturales permeables para que el agua vuelva a infiltrarse de forma natural”.

Un ejemplo es el del arroyo Cheonggyecheon, en Seúl (Corea del Sur). Durante décadas, una autopista elevada cubrió este cauce, que para mediados del siglo XX se encontraba deteriorado. Entre 2002 y 2005, la ciudad demolió esa infraestructura y restauró cerca de 11 kilómetros del corredor fluvial, transformándolo en un espacio con agua, vegetación, senderos y hábitats para la fauna.

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La obra permitió la creación de 6 km de corredores verdes y 400 hectáreas de parques, que permiten la presencia de entre 6 y 36 especies de aves, y de entre 4 y 25 especies de peces. Además, uno de sus resultados fue el enfriamiento de 3 a 5 grados en la zona y una reducción del 35 % de la contaminación atmosférica por pequeñas partículas, según lo detalla un informe de la organización estadounidense Landscape Architecture Foundation.

El arroyo Cheonggyecheon, en Seúl (Corea del Sur) durante décadas fue una autopista. /Getty Images.
Foto: Getty Images - Alex Barlow

Otro ejemplo es el del parque natural de los manglares del río Cacheu, en Guinea-Bissau. Allí, la organización ambiental Wetlands International, en colaboración con el Instituto de Biodiversidad y Áreas Protegidas (IBAP) y las organizaciones comunitarias locales, se concentró en la restauración del ecosistema de manglares y la conservación de sus recursos existentes, a la vez que promovió la agricultura arrocera sostenible, la pesca, la producción de sal y la recolección de madera.

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En su primera fase (entre 2015 y 2018) se logró proteger 88.615 hectáreas de vegetación y restaurar 200 hectáreas de manglares que, como resultado, han permitido duplicar el rendimiento arrocero: de 260 a más de 500 kilos por hectárea por año y reducir el uso de leña de manglar en un 80%.

Además, al igual que en el caso de Seúl, la recuperación de estos cuerpos de agua permitió reducir el riesgo de desastres, preservar la seguridad hídrica y el acceso al agua, a la vez que trajo beneficios sociales y de bienestar humano.

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“Todos los humedales y bosques urbanos prestan servicios ecosistémicos a las ciudades amortiguando el agua que cae en exceso, sobre todo durante eventos climáticos extremos que hacen más fuertes e intensas las temporadas de lluvias, por eso es importante conservar, restaurar y mantener en buen estado los humedales”, agrega Rodríguez, de WWF.

Más allá de las inundaciones

Pero las SbN no solo funcionan en los ecosistemas de agua. En términos prácticos, sirven para abordar desafíos sociales como la seguridad alimentaria, el cambio climático, la salud humana, el riesgo de desastres, y el desarrollo socio-económico, como explica el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

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En las ciudades hay diferentes ejemplos que han demostrado la eficiencia de las SbN, especialmente para reducir las temperaturas, cada vez más altas debido al cambio climático. Uno de esos está en Medellín. Entre 2016 y 2019, la Secretaría de Infraestructura y Medio Ambiente de ese momento creó el proyecto Corredores Verdes de Medellín, que consiste en plantar árboles, arbustos, palmeras y cubiertas verdes para conectar arroyos, colinas, parques y carreteras que contribuyen a aumentar la biodiversidad, y como resultado ayudan a disminuir la sensación de calor en la ciudad.

El proyecto permitió la construcción de 30 corredores, 18 de ellos vinculados a ejes viales como San Juan, la calle 33, y otros 12 corredores vinculados a fuentes hídricas. A partir de esta iniciativa surgieron nuevas propuestas verdes como los pasos de fauna, los muros verdes y los puentes peatonales en desuso, que se convirtieron en jardines.

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“Esto permitió el fomento de la biodiversidad y convertir a la ciudad en un laboratorio en infraestructura física sostenible, vinculada al desarrollo de infraestructura verde alternativa. Se destacan también los muros en intercambios viales y las columnas con jardines verticales integradas al sistema de transporte”, explicó la actual Secretaría de Medio Ambiente de Medellín.

Esta iniciativa ha recibido varios reconocimientos entre los que se destacan los premios de Ashden (de la organización benéfica Ashden de Reino Unido) y el Bloomberg Philanthropies Awards en 2019.

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Otro ejemplo está en Milán, Italia, donde se encuentra el representativo Bosco Verticale o “bosque vertical”, dos torres residenciales de 80 y 112 metros de altura, construidas entre 2007 y 2014, rodeadas por una densa vegetación. En estas estructuras hay más de 15.000 plantas, 800 árboles y 5.000 arbustos sembrados.

Esta vegetación ha hecho que al interior de los edificios se registren 3°C menos durante el verano, ha reducido en un 7,5% el consumo energético al año y también ha disminuido en un 30% la contaminación por material particulado. La iniciativa ya ha sido replicada en China, Albania y Países Bajos.

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Las SbN puede ayudar a enfrentar retos como la seguridad alimentaria, el cambio climático y la salud humana. /WWF- David Estrada LarranetaIt
Foto: WWF- David Estrada Larraneta

¿Qué se necesita para que las SbN tengan éxito?

En un documento dirigido a los encargados de tomar decisiones sobre planificación de las ciudades, WWF menciona varias recomendaciones para que la implementación de las SbN en las ciudades tenga éxito.

La primera es garantizar la participación de todas las partes interesadas e incluir conocimiento científico y los conocimientos indígenas y tradicionales. “Las SbN codiseñadas y coimplementadas con las partes interesadas locales tienen más éxito”, menciona WWF. En el proyecto de Medellín, por ejemplo, hubo 75 personas locales contratadas.

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Otro punto importante para la ONG es valorar los servicios de los ecosistemas, como la gestión del riesgo de desastres, o la reducción de las temperaturas. “Finalmente, la naturaleza puede ofrecer servicios de protección y evitar costes, aumentando así los beneficios económicos”, menciona el informe de WWF.

En otras palabras, prevenir suele ser más barato que reparar, y puede representar ganancias que suelen ignorarse. De acuerdo con el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, los costos económicos de la contaminación atmosférica causada por los combustibles fósiles alcanzaron los USD 2,9 billones 2018, más de lo que costaría acelerar la transición hacia energías más limpias.

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A esto se suma que las SbN deben ser específicas y adecuadas para cada contexto. Esto implica tener en cuenta tanto las características de la naturaleza como las de las personas que habitan el territorio y los retos sociales que se busca abordar. Por ello, una intervención de SbN que haya sido exitosa en un lugar no necesariamente debe reproducirse de manera exacta en otros contextos o regiones.

“Es necesario articularnos para ser innovadores y lograr resultados en el corto plazo, los eventos climáticos extremos no dan espera”, señala la especialista de WWF, Paula Rodríguez.

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