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Todavía no amanecía por completo cuando la garza zigzag (Zebrilus undulatus) apareció entre la vegetación inundada. Era pequeña, apenas del tamaño de un puño, y permanecía cerca del agua, casi confundida con el paisaje. Durante unos segundos, el grupo mantuvo la mirada fija sobre ella y los lentes de las cámaras apuntaban con precisión a esa pequeña silueta compacta.
Para Rafael González, ingeniero ambiental y guía de aviturismo, verla era saldar una deuda pendiente. Lleva cerca de nueve años recorriendo territorios de Colombia y otros países en busca de aves, pero la garza zigzag ocupaba un lugar particular entre aquellas especies que todavía no había podido observar. “Yo la había visto en fotos, pero nunca me imaginé que fuera tan pequeña siendo adulta”, cuenta. También sabía que encontrarla no era sencillo: se mueve con las inundaciones de la Orinoquía y la Amazonía y suele dejarse ver al amanecer o al atardecer.
Esta vez la encontró en la Reserva Natural Matabambú Lagunas de Mapiripán, con el acompañamiento de Lagunas Adventure. La vio en el alba y, días después, volvió a encontrarla en el crepúsculo. Pero cuando el grupo intentaba fotografiarla, el ruido de uno de los visitantes hizo que el ave se alejara. La fotografía no quedó. El encuentro y el recuerdo, sí.
La garza había sido el motivo inicial del viaje, pero terminó siendo también una puerta de entrada a un territorio que Rafael conocía poco. Son aproximadamente nueve horas y media de camino desde Villavicencio, la capital del departamento, de las cuales la mitad son por trocha.
En este rincón donde la Orinoquía se junta con el norte de la selva amazónica, la biodiversidad sorprende. La reserva cuenta actualmente con un registro de 486 aves documentadas, una cifra que atrae a quienes practican aviturismo. Durante el Global Big Day de este año, una jornada internacional de observación de aves, se reportaron 259 especies y fue el “hotspot” con más registros en Colombia.
No se trata de un logro aislado de la Reserva Natural Matabambú Lagunas: es el resultado de un sistema integral de bioeconomía implementado por Lagunas Adventure, liderado por Juan Camilo Caicedo, director operativo, y Diana Escobar, coordinadora de proyectos. La iniciativa nació de Juan Manuel Caicedo Monard y su hijo Juan Camilo, quienes impulsaron este proyecto de conservación y turismo de naturaleza. Su propuesta parte de una idea central: convertir la biodiversidad en una oportunidad para el territorio, sin que eso implique extraerla.
Bioeconomía y defensa comunitaria del territorio
En Matabambú, el aviturismo no termina cuando el visitante llega a la reserva. La apuesta de Lagunas Adventure es que cada visitante active una cadena de valor que se extienda por distintos puntos de Mapiripán. El transporte, el hospedaje, la alimentación, la guianza, las artesanías y otras experiencias hacen parte de un mismo circuito en el que diferentes habitantes pueden obtener ingresos a partir del turismo.

“Es esa articulación de saber que tenemos un punto más allá de Mapiripán para ofrecerlo dentro de un paquete turístico y que es realmente atractivo porque es cultura, es un negocio verde, es un aprovechamiento y por tal razón entra en ese círculo de bioeconomía”, explica Diana.
La cadena comienza incluso antes de llegar a la reserva. Los turistas pueden trasladarse en avioneta, vuelos chárter, motocarro o tuk-tuk; durante el recorrido compran alimentos y bebidas, usan transporte local y llegan hasta la laguna en tractor. También pueden conocer el trabajo artesanal del profesor Marlon, adquirir productos de semillas y tejidos o visitar a una familia del Siare que produce aceite de seje. A esto se suma la compra de frutas, cuajada y otros alimentos que Matabambú usa para preparar comidas propias de la región.
Para Diana, que cada uno de esos servicios tenga un ingreso es parte esencial del modelo: “Se incrementan los pasajes, el hospedaje, la gastronomía, recorridos culturales, exposición, reconocimiento, visualización y en cada uno de esos focos se va a tener en cuenta el pago por un ingreso”. Así, la reserva no funciona como un destino aislado, sino como un punto que moviliza actividades económicas en Mapiripán.
La bioeconomía también plantea otra relación con la biodiversidad. Matabambú Lagunas y posteriormente Lagunas Adventure nacieron, según Diana, después de encontrar un ecosistema deteriorado y comenzar un proceso de restauración natural y acuerdos con habitantes de la zona para reducir prácticas como la extracción de orquídeas, la cacería y el tráfico de fauna. La apuesta es que aquello que antes generaba ingresos mediante la extracción ahora pueda generar valor al mantenerse en el territorio.
“Es más fructuoso cuidar unas orquídeas en un sendero de su finca que salir a venderlas por 20.000 o 40.000 pesos”, dice Diana. Una orquídea conservada puede ser observada por visitantes, convertirse en un aula viva o despertar el interés de estudiantes e investigadores. La misma lógica se aplica a los árboles, las aves, los primates y otros organismos que hacen parte del territorio.
Reconciliación social y conservación ambiental
En 2025, Mapiripán registró 6.782 hectáreas deforestadas, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), y fue el segundo municipio del país con mayor pérdida de bosque ese año. Por eso la conservación en Matabambú adquiere un valor especial: no se limita a impedir que la selva sea talada.

Lagunas Adventure también busca crear condiciones para que la biodiversidad tenga un valor económico sin necesidad de extraerla. Esa es la apuesta de un modelo que Diana define como una forma de “restauración natural, una reconciliación social y ambiental” y que aspira a ser replicable en otros lugares de Mapiripán y el país.
Mediante el Auto 122 del 3 de julio de 2025, Parques Nacionales Naturales de Colombia inició el trámite para registrar Matabambú Lagunas como Reserva Natural de la Sociedad Civil. El predio, recuperado legalmente por sobrevivientes del conflicto armado mediante una sentencia de restitución de tierras de 2019, cuenta con una delimitación de 23,1780 hectáreas: 13,3082 destinadas a conservación, 8,3916 a agrosistemas sostenibles y 1,4782 a amortiguación. El trámite representa un avance para proteger jurídicamente el bosque inundable y avanzar hacia su incorporación al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP).
Además de las aves, quienes visitan esta reserva se encuentran en recorridos nocturnos con el canto de la Phyllomedusa vaillantii, una rana que trepa entre las ramas, y con el avistamiento de toninas y cachirres que habitan sus lagunas. Como la garza zigzag que llevó a Rafael hasta este lugar, estas especies muestran la diversidad que permanece en el territorio. En medio de la deforestación que enfrenta Mapiripán, Matabambú le apuesta a que esa biodiversidad pueda generar conocimiento, empleo y oportunidades para las comunidades sin necesidad de extraerla. El desafío ahora es mantener y fortalecer un modelo en el que conservar la selva también sea una forma de habitar y sostener el territorio.