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Las madres orangután también buscan amigos para que sus crías jueguen

Luego de analizar parejas de madres y crías durante 13 años, un grupo de investigadores encontró que las madres dedicaban más tiempo a desplazarse y menos a alimentarse los días que llevaban a sus crías a interactuar con otras.

Orangutanes
Una cría de orangután de cuatro años transportada por su madre durante un desplazamiento.
Foto: Tuanan Orangutan Research Project/UZH

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De los grandes simios que la ciencia conoce, los orangutanes han sido reconocidos como los más solitarios. Las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con sus crías más pequeñas, que dependen de ellas durante los primeros siete años de vida, en promedio. En ese tiempo, las madres se encargan de proporcionarle el alimento, cuidarlas, y enseñarles cosas básicas. Eso era lo que se conocía. Pero ahora, un grupo de científicos encontró que realizan una tarea más: buscan a otros individuos de la edad de sus crías para que jueguen.

Durante los primeros años de vida, las crías tienen pocas oportunidades de conocer a otros jóvenes de su misma edad, pese a que jugar juntos les ayuda a desarrollar la fuerza y ​​las habilidades sociales que necesitarán más adelante, dicen los investigadores del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB), en colaboración con la Universidad de Zúrich, la Universitas Nasional y la Universidad Rutgers.

Este equipo de científicos siguió durante 15 años a parejas de madre y cría en la Estación de Investigación de Tuanan, en la isla de Borneo (Indonesia), donde observaron a orangutanes habituados a la presencia humana desde la mañana hasta la noche. En total acumularon 32.000 horas de observación de 31 parejas de madre y cría.

Gracias a ese trabajo entendieron, inicialmente, que los encuentros entre madres eran poco frecuentes, pero cuando se producían, se desarrollaban con cautela.

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Maria van Noordwijk, autora principal del estudio publicado en la revista PNAS, explicó en un comunicado que “por lo general, los adultos no se acercan mucho entre sí”. Sin embargo, con las crías la situación es distinta. “Salen disparadas unas hacia otras para jugar bruscamente, mordiéndose y forcejeando. Las crías de orangután tienen un "botón de juego" que solo la madre puede desactivar cuando decide que es hora de seguir adelante”, agrega.

Entendiendo eso, la siguiente pregunta que se hicieron los investigadores era si las madres buscaban activamente compañeros de juego para sus crías. Odd Jacobson, investigador posdoctoral del MPI-AB, y autor del estudio, descubrió que las madres con crías de edades similares compartían más zonas del bosque y que dichas crías jugaban juntas con mayor frecuencia, incluso tras tener en cuenta factores como el parentesco y la disponibilidad de fruta.

“Parece que las madres buscan para sus hijos compañeros de juego que sean adecuados tanto física como evolutivamente”, dijo Jacobson.

Estos encuentros de juego también conllevaban un patrón de desplazamiento característico. Las madres recorrían mayores distancias no solo el día del encuentro, sino también en los días previos y posteriores. Se sabe que las hembras adultas poseen un área de actividad principal donde pasan la mayor parte del tiempo. Desde el día anterior al encuentro, las madres se desplazaban hacia el área principal de la otra madre y, tras jugar, regresaban a su lugar.

“Estos patrones sugieren que los encuentros de juego entre orangutanes no son fruto del azar, sino que están determinados activamente por las decisiones de las madres sobre sus desplazamientos”, explicaron los autores en el comunicado.

“Aunque los orangutanes pasen la mayor parte del día solos, forman parte de una red social. Conocen perfectamente a sus vecinos —con quienes suelen convivir toda la vida— y saben cuándo ha tenido una cría cada uno. Desde las copas de los árboles, probablemente puedan hacerse una idea aproximada de dónde se encuentran estos vecinos, al menos en ocasiones”, agrega van Noordwijk.

El equipo dio a conocer que estos encuentros de juego son poco frecuentes: se produjeron en solo el 6 % de los días en que se hizo el seguimiento de una pareja madre-cría, es decir, aproximadamente una vez cada 20 días. Además, en los días en que las crías jugaban entre sí, dedicaban a ello un total de apenas 20 minutos.

Sin embargo, este hallazgo permite conocer mejor el comportamiento de estos simios. Hasta ahora se sabía que los orangutanes utilizan la navegación espacial y la planificación de rutas para localizar y acceder a recursos alimenticios, ahora con este estudio se demuestra que combinan un mapa cognitivo que abarca no solo los recursos alimentarios, sino también los sociales, para atender las necesidades de sus crías.

Todo este esfuerzo conlleva un coste. Las madres dedicaban más tiempo a desplazarse y menos a alimentarse en los días en que se producían encuentros de juego, lo que representa una forma de inversión materna en el desarrollo social de sus crías que a menudo pasa desapercibida.

“En muchas especies sociales, los compañeros de juego surgen de forma natural al vivir en grupo”, afirma Jacobson. “El problema del juego surge cuando las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con una única cría y no se reúnen habitualmente para alimentarse, socializar o protegerse”. Los autores dicen que se desconoce cuántas otras especies se enfrentan a este mismo problema y cómo lo resuelven.

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