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La historia de La Cristalina comenzó mucho antes de que se concibiera la idea de crear una reserva natural. En 2019, nace la Sociedad Ornitológica de Córdoba – SOC y se definen como pilares 3 especies en algún grado de amenaza para su conservación: la Garza Agami, el Paujil de Pico Azul y el Lorito del Sinú, esta última una especie que llevaba décadas sin ser registrada.
Ese mismo año, la SOC organizó la primera Feria de Aves de Montería, un espacio que reunió a académicos, estudiantes y aficionados interesados en la avifauna de Córdoba. Entre las especies que despertaron mayor atención figuraba el Lorito del Sinú, lo que impulsó su búsqueda en el Alto Sinú, último lugar donde había sido registrado. Allí, los biólogos dialogaron con la comunidad y recorrieron zonas con posibles avistamientos sin imaginar que este trayecto transformaría el rumbo de la organización.
El aviso que llevó a la SOC hasta ese territorio
En 2022, mientras la SOC continuaba recorriendo las zonas donde se presumía la presencia del lorito, comenzó a colaborar con el equipo del Proyecto Grandes Rapaces Colombia, dedicado a la búsqueda de sitios de anidación de seis especies de rapaces poco estudiadas en el país. Hallar sus nidos permitiría revelar datos inéditos para la ciencia, una tarea tan desafiante como la búsqueda del lorito, hasta que recibieron el reporte de la presencia de un águila en el territorio.
Según contaban los habitantes, una gran ave rondaba un gallinero y estaba atacando las gallinas, la preocupación había crecido tanto que incluso les dijeron: “La vamos a matar”.
La SOC decidió llegar hasta el lugar para comprobar lo que estaba ocurriendo, y determinar de qué especie se trataba. Al llegar, descubrieron que no era cualquier águila: era un águila crestada (Morphnus guianensis), una de las rapaces más raras y poco conocidas del continente, pero el hallazgo no terminaba ahí: en ese mismo territorio también encontraron su nido.
A partir de entonces, la SOC comenzó a seguir de cerca al águila, con el apoyo de especialistas del proyecto Grandes Rapaces Colombia. Mediante cámaras trampa, empezaron a registrar lo que ocurría alrededor de su nido, ubicado a 40 metros del suelo.
Aquel territorio, que años después se convertiría en La Cristalina Reserva Natural, apenas comenzaba a revelar su importancia. Lo que la SOC todavía no sabía era hasta dónde la llevaría aquella historia.
El primer nido no fue el último
El primer ciclo reproductivo mantuvo al equipo pendiente durante semanas. El águila puso un huevo y todos esperaban el nacimiento del pichón. Pasaron alrededor de 45 días, pero el huevo no prosperó. Al parecer, las condiciones climáticas adversas durante el fenómeno de “La Niña” pudieron haber influido en su pérdida y, finalmente, el águila terminó comiéndolo.
El seguimiento, sin embargo, continuó. Tiempo después, el ave eligió otro árbol, mucho más grande, y construyó su nido a 53 metros de altura, y comenzaba así un nuevo ciclo reproductivo y, con él, otra oportunidad para seguir aprendiendo sobre esta especie tan poco conocida.
Esta vez ocurrió lo que todos esperaban: nació un pichón, lo llamaron Millo, en honor al Parque Nacional Natural Paramillo ubicado muy cerca del lugar donde nació; desde entonces, su historia quedó ligada a la de La Cristalina.
Un territorio que empezó a revelar sus secretos

Con la llegada de la SOC al lugar, también comenzó una nueva etapa de investigación en la parte alta del Sinú. Durante años, las condiciones de seguridad y el conflicto armado habían dificultado el acceso científico a esta zona, por eso, muchos de los registros de especies en el lugar eran nuevos para el departamento.
Durante la primera expedición al cerro Murrucucú en busca del Lorito del Sinú, se obtuvieron 22 nuevos registros de aves para el departamento. Dos años después, en una segunda expedición al otro lado del cerro, se sumaron 13 registros más.
Y no fueron solamente aves, también serpientes, ranas, árboles y mariposas, cada expedición fue ampliando lo que se sabía sobre este territorio y demostrando que todavía quedaba mucho por descubrir.
Una misión que encontró su lugar en La Cristalina
Toda esta historia permite entender por qué La Cristalina ocupa un lugar importante dentro del trabajo de la Sociedad Ornitológica de Córdoba.
Desde 2019, la SOC tiene como misión impulsar la conservación de las aves y los ecosistemas de Córdoba a través del empoderamiento comunitario. Su visión busca que la organización contribuya a la conservación de la avifauna del departamento, vinculando a las comunidades y promoviendo un uso sostenible de los recursos naturales.
La Cristalina reúne buena parte de ese propósito, lo que comenzó con el seguimiento de un águila permitió proteger un territorio, trabajar con las comunidades y abrir un espacio para seguir conociendo la biodiversidad del Alto Sinú.
Lo que ese territorio reveló resultó ser mucho más grande de lo esperado. La Cristalina hace parte del Chocó biogeográfico, reconocido mundialmente como uno de los puntos más biodiversos del planeta, solo en esas 272 hectáreas se ha documentado el 16% de todas las especies de aves de Colombia, el 6,5% de sus mamíferos, el 4,2% de sus anfibios y el 6,3% de sus reptiles. A eso se suman 140 especies de mariposas y 389 plantas vasculares identificadas, de las cuales 19 especies son endémicas y 58 clasificadas en algún grado de amenaza. En total, entre flora y fauna, la reserva ha reportado casi 1.090 especies y aún falta mucho por descubrir..
Por eso, la historia de La Cristalina no se puede contar únicamente desde la reserva; también habla de la razón por la que la SOC decidió recorrer Córdoba, de sus comunidades empoderadas, de proyectos productivos, de familias como los Polo Casilla que encontraron el águila cazándola y hoy son sus grandes protectores. Se trata de seguir buscando respuestas incluso cuando todavía no las encuentra.