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“Me di la vuelta y lo vi a unas cien varas [aprox. 500 m] justo delante de nosotros, acercándose a una velocidad que duplicaba su ritmo habitual de unos 24 nudos, y parecía tener en su aspecto una furia y una sed de venganza diez veces mayores. Las olas salpicaban en todas direcciones a su alrededor con el violento y continuo batir de su cola. Con la cabeza a medio salir del agua, se abalanzó sobre nosotros y volvió a embestir el barco”.
Esta cita de Owen Chase, primer oficial del ballenero Essex, recordado por haber sido embestido y hundido por un cachalote (Physeter macrocephalus) en noviembre de 1820, abre un reciente estudio publicado por un grupo de científicos.
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La escena descrita por Chase, y que inspiró a Herman Melville a escribir la reconocida obra de Moby Dick, publicada en 1851, hace parte de una serie más amplia de testimonios de marineros que, durante los siglos XVIII y XIX, reportaron que los cachalotes, mamíferos marinos, usaban sus cabezas para empujar y golpear objetos deliberadamente, lo que en ocasiones generó el hundimiento de los barcos.
En su estudio, publicado el lunes 23 de marzo, científicos de varias universidades europeas aseguran haber capturado en video y descrito científicamente por primera vez este comportamiento. Su investigación fue publicada en la revista académica Marine Mammal Science.
Entre 2020 y 2022, durante trabajo de campo en el archipiélago de Azores (región autónoma de Portugal) y las Islas Baleares (frente a la costa de España), los investigadores pudieron filmar con drones a los cachalotes dándose cabezazos entre sí.
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Alec Burslem, autor principal del estudio y exinvestigador de la Universidad de St. Andrews (Reino Unido), aseguró que “fue realmente emocionante observar este comportamiento, del que sabíamos que se había planteado como hipótesis desde hacía mucho tiempo, pero que aún no se había documentado ni descrito de manera sistemática”.
Las grabaciones también muestran que las ballenas subadultas también participan de esta actividad, lo que desmiente una hipótesis anterior que planteaba que solo lo hacían los machos grandes.
Sin embargo, pese al descubrimiento, todavía persisten preguntas alrededor de la función y las consecuencias de este comportamiento en la cohesión del grupo y la dinámica social.
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“Existen especulaciones sobre si los cabezazos de los cachalotes podrían tener su origen en enfrentamientos físicos entre ellos. Algunos plantearon la hipótesis de que este comportamiento podría ser una parte común de la competencia entre machos, pero que ocurre bajo la superficie y, por lo tanto, es difícil de observar desde los barcos”, señalan los investigadores en el estudio.
Los científicos también retoman argumentos que señalan como poco probable que la evolución hubiera favorecido la cabeza como arma, dado que pone en peligro estructuras de la cabeza que son vitales para producir los sonidos utilizados para la ecolocalización y la comunicación social.
Mientras los investigadores adelantan nuevos estudios para resolver las dudas que aún permanecen sin respuesta, Burslem agregó que “es emocionante pensar en qué comportamientos aún desconocidos podremos descubrir pronto, así como en cómo más observaciones de embestidas con la cabeza nos pueden ayudar a arrojar luz sobre las funciones que este comportamiento puede cumplir”.
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