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Embalse de Urrá: que no lo distraiga la cacería de culpables; la historia es más compleja

Tras las graves inundaciones que está viviendo Córdoba, empezó la búsqueda de responsables. El presidente de la hidroeléctrica renunció, la ANLA culpa a empresa de sobrepasar los límites y el presidente Petro los señala de preferir las ganancias a evitar una tragedia. Pero aquí le explicamos, paso a paso, por qué hay más elementos en juego de lo que algunos quieren hacer creer.

César Giraldo Zuluaga y Sergio Silva Numa

10 de febrero de 2026 - 07:31 p. m.
Imagen de la Hidroeléctrica Urrá I, en el departamento de Córdoba.
Foto: CVS

En el momento en el que escribimos este artículo, hay miles de familias sufriendo aún por las graves inundaciones que hay en buena parte de Colombia. Según la UNGRD, hay más de 58.000 familias afectadas y unas 35.000 hectáreas inundadas. Solo en Córdoba, uno de los departamentos más golpeados, hay más de 140.000 personas damnificadas, según el gobernador Erasmo Zuleta.

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En Chocó, Antioquia, Putumayo y Bolívar se repiten los relatos de personas que lo perdieron todo. Por ejemplo, en unos videos de la autoridad ambiental de los Valles del Sinú y San Jorge (CVS) se ven pueblos enteros bajo el agua, como La Apartada, donde una cancha de microfútbol desapareció y ahora es un río.

A la par de esta tragedia, empezó la cacería de culpables. En el caso de Córdoba, la atención ha girado en torno a la Central Hidroeléctrica Urra I, en el extremo sur del departamento que, por cuenta de unas lluvias nunca antes vistas, rebasaron el embalse, ocasionando inundaciones cientos de kilómetros aguas abajo de la represa.

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Para el presidente Gustavo Petro, la culpa la tiene quienes están al frente de la hidroeléctrica pues, a su parecer, dejaron llenar el embalse “por simple codicia” y “deben asumir responsabilidades penales”. De hecho, Juan Acevedo Rocha, presidente de la central hidroeléctrica, renunció en la noche de este lunes, horas después de que Petro pidiera que se apartara del cargo.

En la otra acera, Erasmo Zuleta, gobernador de Córdoba, le respondió al Gobierno pidiéndole que no busque culpables, pues “es el gobierno el que tiene el control absoluto de la hidroeléctrica Urrá”. Más del 99 % de las acciones están en manos del Ministerio de Hacienda. También le recordó que ha llovido en unos pocos días lo que suele llover en dos meses.

“Es el gobierno el que tiene el control absoluto de la hidroeléctrica Urrá”.

Erasmo Zuleta, gobernador de Córdoba

La directora del IDEAM, Ghisliane Echeverry, se lo repitió al Presidente en el Consejo de ministros que se adelantó en la noche de este lunes desde Montería. “Lo que ocurrió durante los primeros días de febrero fue un hecho sin precedentes históricos en términos hidrometereológicos para esta región. Los primeros siete días de febrero cayó la lluvia que se esperaba para todo el mes”.

Mientras continúa ese tire y afloje entre políticos, en medio de la época electoral, hay varios puntos que muestran que lo que está ocurriendo es más complejo. Como dice Juan Salazar, doctor en Recursos Hidráulicos e investigador de la Universidad de Antioquia, esto nos puede inducir a reconocer que, en un escenario de cambio climático y eventos extremos cada vez más frecuentes, “hay que revisar qué tanta seguridad ofrecen los embalses del país. También nos invita a admitir que, posiblemente, sea hora de ordenar algunos territorios, pues habrá espacios que tenemos que ceder a los ríos”.

Este es un llamado que replica Laura Pulgarín Morales, ingeniera ambiental y candidata a doctora en Estudios Ambientales y Rurales de la U. Javeriana, quien ha estudiado el embalse de Urrá. “Estas estructuras se construyeron con un clima más predecible. Lo que está pasando ahora es claramente un indicio de que el cambio climático está cambiando la hidrología”. Es decir, el comportamiento del agua, tanto en la atmósfera (lluvias) como en la superficie terrestre (ríos, por ejemplo).

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Tanto Salazar, como Pulgarín, creen que hay algunas variables que no se pueden perder de vista para comprender la magnitud de lo que está pasando con el embalse de Córdoba.

1. El origen de las lluvias que desató la tragedia

La inundaciones en Tierralta, Córdoba (Colombia). Hay 56 mil familias damnificadas.
Foto: EFE - Carlos Ortega

Si hay un punto en el que coinciden el presidente Petro, el gobernador de Córdoba y los científicos, es que las lluvias que generaron las recientes inundaciones fueron atípicas. Como explicamos hace algunos días, las precipitaciones de las últimas semanas en Colombia tienen su origen, principalmente, en un fenómeno muy particular que, usualmente, no afecta al hemisferio sur: los “frentes fríos” que vienen del Polo Norte.

El origen de este fenómeno, explica Paola Arias, profesora de la Universidad de Antioquia e integrante del IPCC (el panel de científicos que más sabe sobre cambio climático), es el “debilitamiento del vórtice polar”, que es como una “banda” que gira a unos 16 y 48 kilómetros de la superficie terrestre con masas de aire frío en su interior. Cuando se debilita, hace que otra circulación (the polar jet stream), un poco más “abajo”, tenga unas curvaturas que favorecen que ese aire frío llegue a lugares a donde “típicamente no están”, como el Caribe colombiano.

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Aunque el frente frío fue uno de los fenómenos que más se ha escuchado en los últimos días, la directora del IDEAM aclaró que no fue el único. “Lo que ocurrió es que se unieron diferentes sistemas que favorecieron las lluvias, lo que ya es bastante inusual, sobre todo para un mes de febrero”. Estos sistemas convectivos, como se conocen en términos científicos, tuvieron una incidencia bastante fuerte sobre el patrón de circulación atmosférica, lo que se tradujo, en palabras de Echeverry, en “un aumento del oleaje, de vientos y de lluvias”, sobre todo durante los primeros días de febrero.

Que las lluvias fueran atípicas, lleva a un segundo punto en el que coinciden desde el Gobierno Nacional, hasta los departamentales, pasando por los académicos: la posibilidad de predecirlas disminuye. Esto abre el siguiente interrogatorio.

2. ¿Era posible predecir que llovería más?

En el sector de Pica Pica, la creciente del río San Jorge dejó a varias viviendas bajo el agua.
Foto: Archivo Particular

Si bien el “frente frío” ya se había presentado en años anteriores en el norte de Colombia, Giovanni Jiménez, doctor en Meteorología y asesor Ideam, señala que era imposible predecir con meses de antelación que esta vez “volvería” al país.

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De hecho, durante el Consejo de ministros del lunes, la directora del IDEAM, aseguró que, pese a que se estaba monitoreando desde su formación, solo pudieron saber, con 2 a 3 días de antelación, la intensidad con la que podía afectar a la región. Esto, agregó Echeverry, no se debe a la capacidad del Instituto que dirige, sino a que el fenómeno se comporta de esta manera.

Las primeras alertas, continúa Jiménez, las emitieron el viernes 30 de enero, para que la UNGRD tomara cartas en el asunto. En ese momento, como lo muestra el informe técnico del Ideam, el nivel del embalse de Urrá estaba al 94 %. Durante los primeros dos días de febrero, a la represa de Urrá llegó una cantidad de agua superior a la que ha recibido, en promedio, para estas épocas en las más de dos décadas de operación. Pasó de 500 m³/s a más de 2.500 m³/s en solo 36 horas.

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Así lo manifestó la empresa el 2 de febrero: “Cabe precisar que la situación presentada en los primeros días del mes de febrero es completamente atípica, habida cuenta de que el segundo mes del año pace parte de los meses de temporada seca y que es regularmete el mes más seco en la cuenca alta del río Sinú”, donde se encuentra la represa. En el comunicado, agregaron que “esta situación no se había registrado en un mes de febrero desde que se tienen registros históricos en el sitio de la Central Hidroeléctrica de Urrá I, que datan de 1960”.

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Pese a que la empresa aumentó sus descargas hacia el río Sinú, el agua sobrepasó las compuertas de la represa. Con corte al 10 de febrero, el nivel del embalse se encontraba en un 104,3 % y seguía descargando agua por sus vertederos (un punto al que volveremos más adelante).

Diego Restrepo Zambrano, ingeniero civil con una maestría Hidroinformática y Gestión del Riesgo de Inundaciones del Instituto IHE (Países Bajos) ha estado siguiendo de cerca lo que ha sucedido estas semanas y está de acuerdo en que era imposible predecir lo que ocurriría con los “frentes fríos”. “Era muy difícil pronosticar esa cantidad de lluvias. Fue súper anómala”.

“Era muy difícil pronosticar esa cantidad de lluvias. Fue súper anómala. Pero desde el año pasado había señales del fenómeno de La Niña”.

Diego Restrepo Zambrano

Sobre lo que sí había suficientes pistas, dice Restrepo Zambrano, es que para esta época habría condiciones propias del fenómeno de La Niña, que en Colombia se traducen en incremento de lluvias. “Desde el año pasado había muchas señales que se estaba presentando una anomalía en una zona del Océano Pacífico, que es lo que indica que puede haber fenómeno de La Niña”, insiste.

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La muestra es que el último reporte de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOOA) de Estados Unidos, es claro en advertir que La Niña está presente en el Océano Pacífico Tropical (con alta probabilidad de regresar a condiciones neutrales en los próximos meses).

Pese a que en Colombia el IDEAM no hizo una declaratoria oficial de fenómeno de La Niña, pues no había “criterios técnicos suficientes para hacerlo”, el año pasado sí emitió boletines en los que advertía de la posibilidad de fenómeno. El 21 de noviembre, por ejemplo, publicó uno en el que señalaba que “Colombia se encuentra bajo condiciones ‘Tipo La Niña’.

En diciembre publicó otro en el que indicaba que se “favorecen las condiciones de La Niña durante el próximo bimestre”, aunque proyectaba “una transición a la neutralidad durante enero y marzo del 2026”. El 21 de enero indicó en su informe de predicción climática que las “condiciones de La Niña persisten, con una probabilidad de 75 % de transición hacia condiciones neutrales durante el primer trimestre”.

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A los ojos de Restrepo Zambrano, esa situación lo que genera es una incertidumbre climática que debería ser tenida en cuenta con más frecuencia “en los modelos de gestión de embalses y de gestión de agua en general. El cambio climático está haciendo que estos eventos sean más frecuentes e intensos y creo que las curvas guías que orientan la operación de los embalses deben tener en cuenta esa incertidumbre. Tal vez es hora de renovar esas curvas”.

Con él coincide Salazar, que agrega un elemento más: “Con el cambio climático también estamos llegando a un punto en que las cantidades de agua que estamos teniendo que manejar en embalses son tan grandes que se nos puede salir de control. Tenemos que reorganizar el territorio; pero la solución no va a ser a punta de diques, como lo han hecho. Eso es un error”.

3. ¿Por qué no disminuyó su nivel el embalse de Urrá?

Habitantes del barrio El Dorado, en Montería, intentan rescatar sus pertenencias el pasado sábado tras la creciente del río Sinú.
Foto: EFE - Carlos Ortega

Antes de dejar la presidencia que ejerció desde mayo de 2025, Juan Acevedo Rocha, explicó que la Central Hidroeléctrica Urrá se guía por la Curva Guía Máxima (el nivel máximo del embalse que garantiza poder contar con un volumen vacío en caso de que ocurra una creciente) y que no los habían sobrepasado, en contravía de lo que señaló Irene Vélez, directora de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA).

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Justamente, esta entidad, encargada de hacer el seguimiento a las represas, ordenó este lunes un procedimiento sancionatorio “por la presunta superación sistemática del volumen máximo del embalse” en seis periodos entre 2020 y 2026, el último ocurrido a inicios de febrero y que desencadenó las inundaciones en Córdoba. (Ver gráfica).

Foto: Anla

Sin ahondar en los cinco eventos anteriores, la investigadora Pulgarín cree que es necesario detenerse en lo más reciente. Tal como lo aseguró Acevedo Rocha en varias entrevistas de radio, durante los últimos meses del año la represa de Urrá (como la gran mayoría de hidroeléctricas en el país) permite que las lluvias vayan llenando el embalse, pues enero y febrero suelen ser épocas de sequía en todo el territorio nacional.

Según Fabio Bernal, subdirector de Hidrología del Ideam, en estos meses las represas “aprovechan el exceso de agua que cae en los periodos de lluvia, que puede ser uno o dos, dependiendo de donde se ubiquen en el territorio, y almacenan ese volumen para cuando estén los periodos de menos lluvias” y puedan seguir operando.

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Pulgarín, que en los últimos años ha publicado varios artículos científicos sobre la represa de Urrá, cree que, a pesar de la alerta del IDEAM (emitida un día antes de las históricas lluvias sobre el embalse), el tiempo de maniobra con el que contó la hidroeléctrica fue muy poco, pues esta suele planificar su llenado y vaciado con meses de antelación.

Aunque la científica coincide en el argumento planteado por Vélez (según el cual las lluvias saturaron los niveles máximos de la represa, lo que la llevó a perder “la capacidad de absorber y distribuir el agua ante eventos extremos como este que ocurrió”), Pulgarín cree que fue un evento que desbordó cualquier capacidad de respuesta que pudiera activar la empresa.

Calles de Monteria inundadas el 9 de febrero.
Foto: AFP - STRINGER

Al margen del debate por el presunto incumplimiento de los volúmenes máximos, Vélez, también ministra encargada de Ambiente, expusó durante el Consejo de ministros que el plan de contingencia activado por la empresa tuvo “presuntas inconsistencias o debilidades”. La primera de ellas, apunta a que las estrategias de comunicación no se cumplieron adecuadamente, pues las alarmas sonoras no se activaron oportunamente y los mensajes por WhatsApp “llegaron una vez ya estaban inundadas las personas”.

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La segunda, está relacionada con que los albergues, que son responsabilidad de la empresa, no contarían con las condiciones adecuadas de seguridad sanitaria. Hasta el momento, no se conocen pronunciamientos de la hidroeléctrica ante las acusaciones de la directora de la ANLA.

Por su parte, Salazar, de la Universidad de Antioquia, considera que sobrepasar los límites máximos en algunas ocasiones, sobre todo por situaciones imprevisibles, es algo que puede pasar, aunque “lo ideal es mantenerlos por debajo de esa cota máxima para poder maniobrar”.

Lo que sí cree es que lo que acaba de ocurrir con la hidroeléctrica de Urrá deja una pregunta abierta que el país deberá resolver en los próximos años: ¿son suficientes los cálculos que se hacen para establecer los máximos en los embalses? La respuesta, sospecha el investigador, es que a la luz de fenómenos climáticos cada vez más extremos, deben revisarse y ajustarse.

4. Unas particularidades de Urrá que no pueden perderse de vista

La Represa Urrá I, en Córdoba, es abastecida principalmente por el río Sinú y sus afluentes.
Foto: Gobernación de Córdoba

En diciembre de 2024, Camila Jiménez, ingeniera ambiental y candidata a doctora en Estudios Ambientales y Rurales de la U. Javeriana, publicó, junto a Pulgarín y Tobias Krueger, uno de los estudios más recientes que se han realizado desde la hidrología sobre la represa de Urrá. Tras investigarla por varios años, en el marco de los estudios doctorales que adelantan, creen que es importante resaltar varias particularidades por las que este embalse “es diferente al del resto del país”.

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Urrá, dicen las científicas, es de las pocas represas del país que no está sobre la cuenca del Magdalena, sino sobre la del Sinú, que nace en el Parque Nacional Natural Paramillo. A diferencia de otros ríos, donde las lluvias los recargan aun aguas abajo de los embalses, el Sinú se recarga, en su mayoría, en parta alta, justo donde está la hidroeléctrica.

Por su ubicación, en Urrá hay una temporada seca (de noviembre a abril) y una húmeda (de mayo a noviembre), contrario a las otras represas, donde hay dos temporadas de lluvias y dos secas. Esto, agregan las investigadoras, hace que la planificación de la represa (que para el resto del país es de a tres meses) sea más compleja en Urrá. Esto se agudiza aún más en temporadas de La Niña o El Niño, pues sus estudios han demostrado que en Córdoba, el efecto de estos fenómenos es menos intenso y prolongado que en el resto del país.

A las particularidades de su ubicación, las investigadoras agregan un par de detalles técnicos más. El primero de ellos, es el tamaño del embalse, “que no es muy grande si se compara con otras represas”.

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A esto se suma que el proyecto fue pensado en dos etapas. Con Urrá II se pensaba aumentar la capacidad de regulación, “pero sus impactos ambientales serían gigantescos”, apunta Pulgarín, quien recuerda los impactos ambientales y sociales que generó la construcción de Urra I.

Otra barrera con la que se han tropezado Jiménez y Pulgarín, así como otros científicos, es con la falta de datos para su monitoreo. “Lamentablemente, una vez se construyó, no quedaron estaciones del IDEAM aguas arriba”, comenta Jiménez. “Es decir, no hay aforos de caudales aguas arriba de la represa que sean públicos”.

La razón de esta ausencia de datos es, incluso, anterior a la construcción del embalse. Operar en la región, reconoce, es complicado por la presencia de los diferentes grupos armados que se han disputado la región por décadas y que, en el caso de los paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (ACU), ejercieron violencia contra los Emberá Katío del Alto Sinú que se oponían a la construcción de la hidroeléctrica.

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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