“Ciclistas, aunque parezca una comunidad homogénea, no lo son”

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Encuesta realizada en Argentina, Colombia y México exploró diferencias entre ciclistas. Quienes la usan con frecuencia tienen más accidentes y actitudes más arriesgadas que quienes la usan esporádicamente.

Si bien el uso de la bicicleta suele asociarse con la salud, el cuidado del ambiente y una alta calidad de vida, las acciones para fortalecer este medio de transporte en América Latina deben incluir mejoras en la infraestructura, educación vial y cultura ciclista, que lo hagan más seguro y sostenible, señala estudio.

En un artículo publicado en la revista Accident Analysis and Prevention, especialistas del Instituto de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia, en España, encuestaron a 577 ciclistas de Argentina, Colombia y México, cuyas capitales tienen una importante infraestructura en ciclovías.

Dado que 25 por ciento de las emisiones en América Latina y El Caribe proviene del transporte motorizado, producto de la falta de estándares para evaluar la eficiencia de los vehículos y del exceso de flota vehicular, la bicicleta se puede posicionar como un factor para fortalecer la sustentabilidad.

De acuerdo con los autores, si bien ha habido un crecimiento de ciclismo urbano en la región —relacionado con menor costo de transporte para trabajadores y estudiantes—, el aumento también ha ido acompañado de mayores tasas de lesiones y ausencia de políticas para proteger a los usuarios.

En ese contexto, los expertos hicieron una encuesta en línea con el fin de identificar diferencias entre ciclistas. “Una gran falencia de los estudios sobre transporte es que tienden a generar una alta homogeneidad. En el caso de los ciclistas, aunque parezca una comunidad homogénea, no lo es. Los ciclistas no son iguales”, explicó vía Zoom Sergio Useche, autor principal de la investigación.

Useche y su grupo dividieron a las personas encuestadas entre usuarios frecuentes y esporádicos, y midieron variables como conocimiento de las normas de tráfico, percepción de riesgo, accidentes, y comportamientos de riesgo intencionales (como violaciones a leyes viales) y no intencionales (como errores de circulación).

Entre sus resultados, el equipo destacó que los viajeros frecuentes tienen una percepción de riesgo más alta y menor cantidad de distracciones mientras conducen, pero también tienen menor conocimiento de las reglas de tráfico y un promedio de choques casi dos veces más alto que el reportado por ciclistas que no viajan diariamente.

Esto se debe a un exceso de confianza que desarrollan cuando viajan por una misma ruta de manera frecuente.

Por su lado, quienes no viajan diariamente en bicicleta, o la usan por ocio o viajes ocasionales, tienen conductas menos riesgosas, pero sufren más distracciones.

Para ambos casos, los autores destacan que el hecho de que la percepción del riesgo, el conocimiento de las reglas y las conductas protectoras están vinculados negativamente tanto con las infracciones como con los errores de tránsito, pueden dar información para acciones concretas.

Un ejemplo es “hacer mejores intervenciones en la capacitación vial para ciclistas; especialmente a quienes realizan la actividad con mayor regularidad y, por tanto, están más expuestos a determinados riesgos viales”, concluyeron los autores.

Además, de acuerdo con Useche, estos estudios permiten identificar diferencias en el ciclismo respecto a otras regiones. “No es la misma lógica que en Europa. El uso de la bicicleta en América Latina está más asociada a la necesidad, la practicidad y la conveniencia más que la filosofía verde”.

Para Manuel Suárez, investigador del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien no participó en el estudio, coincide en que las investigaciones sobre la heterogeneidad de los ciclistas en América Latina son fundamentales.

“Muchos pueden promover el uso de bicicleta y pueden quejarse de la política pública. Pero las decisiones no se pueden tomar con base en la experiencia propia. Tener información (más general) es indispensable”, dijo Suárez por Zoom.

Para el experto, los datos heterogéneos sobre los ciclistas pueden ayudar a promover este transporte en poblaciones específicas. “Si las mujeres se sienten más seguras si hay ciclovía, eso permitirá que más mujeres se animen a andar en bici”.

Con la pandemia por COVID-19, especialistas en transporte sustentable prevén que el uso de la bicicleta aumentará drásticamente, por lo que coindicen en la importancia de conocer la divergencia entre comportamientos de ciclistas para implementar políticas y mejoras educativas que puedan mejorar la seguridad y salud de los ciclistas en estos países.

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