Desperdicio de alimentos se agrava por el turismo

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La falta de optimización de procesos, consumo irresponsable, baja influencia en el comportamiento de los consumidores, percepción y conservación inadecuada de alimentos e incumplimiento de las expectativas del consumidor, figuran entre las principales causas del desperdicio en este sector.

Anualmente en el mundo se desperdician alrededor de 598 millones de toneladas de alimentos, 3,54 de las cuales se generan en Colombia, convirtiendo este problema en una situación crítica tanto económica, como ambiental y social.

Aunque las pérdidas derivadas de la decisión de desechar los alimentos que todavía tienen valor se presenta en la vida de todas las personas, se ahonda mucho más al hacer turismo, ya que al viajar se modifican los hábitos de consumo, estimulados por el servicio y la tendencia de abusar de él.

A nivel ecosistémico, implica el desperdicio de agua y energía, contribuye a las emisiones de gases efecto invernadero, y genera injusticia social al existir segmentos de poblaciones con carencia crítica de alimentos.

Entre 2015 y 2017 Colombia se clasificó como “moderadamente bajo” en la prevalencia de la subalimentación total, debido a la falta de condiciones para suplir la alimentación, y según la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (Abaco), los departamentos con mayor índice de inseguridad alimentaria son Nariño (67,7 %), Chocó (64,2 %), Sucre (62,9 %), Bolívar (61,7 %) y Magdalena (61,4 %). (931 millones de toneladas de comida se desperdician al año)

“El sector turístico es uno de los grandes contribuyentes al desperdicio de alimentos, situación que incide directamente en la seguridad alimentaria y que genera impactos en el ecosistema. Sin embargo, y a pesar de lo crítica de esta situación, preocupa que no se han hecho investigaciones serias sobre el tema en el país”, asegura Luisa Fernanda Latorre Carrillo, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo del Instituto de Estudios Ambientales (IEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Tras revisar qué se había investigado antes sobre este tema, la magíster analizó la cadena de alimentos en los servicios de alimentación, desde el momento de la compra, preparación, presentación al consumidor y consumo. Además revisó las normas existentes para el sector turístico y realizó un mapa cognitivo difuso de conceptos, para así identificar principales causas y lineamientos que ayuden a prevenir este efecto.

Actitud de los viajeros

Ante uno de los conceptos más críticos, el consumo irresponsable, la magíster indagó mediante encuestas aplicadas a 449 personas entre viajeros nacionales y extranjeros sobre lo que pensaban del tema y su disposición para contribuir a minimizar el impacto.

“La mayoría de ellos manifestaron una buena disposición al viajar, sobre todo con que puedan seleccionar por sí mismos, el tamaño de la porción servida, y aseguraron estar de acuerdo con que la comida extra se convierta, por ejemplo, en pasabocas para consumir durante el día, o que se ofrezcan degustaciones de los alimentos para que se prueben antes de pedir una comida completa, especialmente para los extranjeros”, señala la investigadora.

Se deben tomar acciones

A nivel de compra, en la cadena de alimentos en el sector turístico la investigación identificó que el control de inventarios es esencial para evitar el desperdicio, teniendo en cuenta no solo para cuántas personas se prestará el servicio, sino teniendo en cuenta sus edades y así usarlos de la manera más eficiente y provechosa.

En cuanto al almacenamiento, es necesario analizar las condiciones de conservación de cada alimento y modificarlas si es necesario lo que haría que los alimentos duren más; también se debe definir el tipo de almacenamiento (congelador, alacena, bodega) para cada uno y así tener un mejor control.

Respecto a la preparación, es importante que las organizaciones revisen los procesos actuales buscando su estandarización. Estos deben ser claros y concretos, también deben asegurar la planificación en todos los pasos del servicio de alimentación, pues es considerada elemento fundamental para prevenir y reducir el desperdicio.

Por último, en cuanto al consumo las organizaciones deben evaluar y seleccionar el tipo de servicio de alimentación que mejor se ajuste a sus necesidades y le permita un buen desempeño ambiental.

De igual manera, es fundamental ofrecer diferentes tamaños de porciones para que el viajero seleccione la que se ajuste a su necesidad del momento y visibilice información sobre la importancia del fomento de decisiones responsables en los niños, además de supervisar la elección de alimentos y porciones.

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