20 Oct 2014 - 2:10 a. m.

El ambiente en la Misión de Transformación del Campo

El 40% del campo colombiano no tiene acceso a fuentes de aguas mejoradas.

Julio Carrizosa Umaña

Los datos que presentaron hace uno días el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Simón Gaviria, y el director de la Misión para la Transformación del Campo, José Antonio Ocampo, acerca de la situación en el campo colombiano, muestran parte de la realidad del estado del conjunto de sistemas socioambientales que habitamos; 74% sin propiedad, 40% sin acceso a fuentes de aguas mejoradas, 3,2 veces más pobreza que en las zonas urbanas, ganadería en las zonas planas, agricultura en las laderas, ocupados los humedales, el sistema hídrico inundando las llanuras. Faltaron datos; esperamos que en la página web que anunciaron se refieran a la calidad actual de los suelos, a las plagas resultantes del mal manejo de la fauna, al sellamiento de los suelos más fértiles y a la desertificación de regiones enteras. Uniendo los datos ecológicos con los socioeconómicos, se encuentra el estado del ambiente.

Aparentemente, según la información de la prensa, la principal estrategia que propone la Misión es la “inclusión productiva”, unida a una reforma de las instituciones y a una democratización del crédito. Eso está bien, pero no se encuentra en esta presentación ninguna referencia a un punto que los ambientalistas consideramos fundamental; detener el deterioro de los ecosistemas y restaurar los más afectados para que vuelvan a ser capaces de producir. Tampoco se hace referencia en esta presentación inicial a algunos temas que, creemos nosotros, podrían constituir alianzas excelentes entre la economía y la ecología para mejorar la situación.

Entre esos temas están los cultivos limpios o cultivos orgánicos o ecocultivos o ecocrías de alimentos, en los que algunos sistemas socioeconómicos, como las cuencas del Sinú y del San Jorge y la cuenca baja del Atrato, tienen ventajas especiales. Si la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) quiere que Colombia se convierta en un gran productor internacional de alimentos, podría proporcionar asistencia técnica para establecer una estrategia específica en la que esos cultivos y crías adquirieran valor agregado y surtieran las cadenas internacionales de grandes superficies especializadas en la venta de estos productos. Convertir esos sistemas, martirizados por la violencia, en despensas planetarias, podría también interesar a las organizaciones interesadas en el pago de las deudas sociales contraídas por los comerciantes de drogas alucinógenas.

Esperamos que la Misión haya incluido en su informe otros temas como las actividades de conservación, protección, repoblación y restauración de los ecosistemas, el ecoturismo, la recreación, el deporte, la creación artística, la educación y la investigación, todas ellas parte de la vida digna y no cubiertas por la visión productivista. Es la conjunción de todas ellas la que puede conducir al buen vivir rural.

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