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El calor extremo sería más peligroso de lo que se creía, sobre todo para los adultos mayores

Un nuevo estudio de The Lancet Planetary Health encontró que los adultos mayores tienen una menor tolerancia al calor y que, con el calentamiento global, millones de personas podrían enfrentar condiciones que el cuerpo ya no puede compensar.

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18 de agosto de 2026 - 01:17 p. m.
El estudio señala que el envejecimiento está asociado con una menor producción de sudor, una menor capacidad de aumentar el flujo sanguíneo hacia la piel y una disminución del gasto cardíaco, entre otros cambios. EFE/ Alejandro García
El estudio señala que el envejecimiento está asociado con una menor producción de sudor, una menor capacidad de aumentar el flujo sanguíneo hacia la piel y una disminución del gasto cardíaco, entre otros cambios. EFE/ Alejandro García
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Los científicos creen que durante muchos años se ha estado subestimando el riesgo que representa el calor extremo para la salud de la población. Una nueva investigación publicada en The Lancet Planetary Health, una de las revistas científicas más importantes del mundo, encontró que los adultos mayores tienen una menor tolerancia al calor de la que se creía hasta ahora y, por tanto, podrían estar expuestos a condiciones peligrosas mucho antes y durante más tiempo de lo que estimaban los cálculos anteriores.

Los investigadores explican que parten de una idea que parece obvia, pero que cambia las proyecciones sobre el calor extremo: no todas las personas tienen la misma capacidad para soportar altas temperaturas. Los científicos cuentan que los trabajos anteriores habían utilizado los límites de tolerancia al calor establecidos para adultos jóvenes y saludables para estimar el riesgo de toda la población. Eso dejaba por fuera una diferencia importante: con el envejecimiento, el cuerpo pierde capacidad para regular su temperatura.

Para entender eso, los científicos explican que cuando hace calor, el organismo intenta mantener estable su temperatura mediante mecanismos como la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Pero existe un punto en el que el calor y la humedad del ambiente son tan elevados que estos mecanismos dejan de ser suficientes. En ese momento, el cuerpo ya no consigue mantener el equilibrio térmico y la temperatura interna comienza a aumentar de manera continua. Los investigadores llaman a esto “estrés térmico no compensable”. Su objetivo en el estudio fue entonces determinar las combinaciones de temperatura y humedad a partir de las cuales el cuerpo llega a ese límite.

Para establecer esos límites según la edad, utilizaron experimentos realizados en cámaras ambientales con personas jóvenes y mayores, y combinaron esos resultados con datos disponibles para adultos de mediana edad. En total, el análisis distinguió tres grupos: personas jóvenes de 15 a 39 años, adultos de 40 a 59 y adultos mayores de 60.

Los experimentos encontraron que los adultos mayores tienen límites de tolerancia al calor más bajos que los jóvenes, mientras que los adultos de mediana edad se encuentran en una posición intermedia. La explicación de esa diferenciación por edad está relacionada con los cambios fisiológicos que ocurren con la edad. El estudio señala que el envejecimiento está asociado con una menor producción de sudor, una menor capacidad de aumentar el flujo sanguíneo hacia la piel y una disminución del gasto cardíaco, entre otros cambios.

Por eso, una condición ambiental que todavía puede ser compensable para una persona joven puede superar el límite fisiológico de una persona mayor.

Después de establecer esos límites, los investigadores los cruzaron con proyecciones climáticas y de población. Utilizaron datos de 14 modelos climáticos para estimar las condiciones de temperatura y humedad que podrían presentarse con distintos niveles de calentamiento global, desde 1 hasta 4 °C por encima del periodo preindustrial. Luego incorporaron proyecciones de población diferenciadas por edad para saber cuántas personas estarían expuestas a condiciones que superan su límite fisiológico.

El resultado cambia considerablemente las estimaciones anteriores. El estudio calcula que, con 1,5 °C de calentamiento, unos 290 millones de adultos mayores (el 22 % de la población mundial de 60 años o más proyectada para ese escenario) estarían expuestos durante al menos 180 horas al año a condiciones que superan su límite de tolerancia. Los investigadores encontraron que los adultos mayores tendrían, incluso con 1,5 °C, una exposición más frecuente y extendida que la que experimentarían los adultos jóvenes incluso bajo un escenario de 4 °C. A medida que aumenta el calentamiento, la diferencia se vuelve todavía mayor. El estudio estima que 2.000 millones de personas de 15 años o más estarían expuestas a más de 180 horas anuales de estrés térmico no compensable con un calentamiento de 3 °C. Con 4 °C, serían alrededor de 3.000 millones de personas.

Y los adultos mayores representarían una proporción grande de esa población expuesta: a 3 °C, unos 1.300 millones de personas mayores de 60 años estarían en esa situación.

Los investigadores también encontraron que el problema no necesariamente se limita a las horas más calientes del día. En ciudades como Delhi, Lahore y Dubái, los adultos mayores podrían experimentar cientos o incluso miles de horas anuales por encima de su límite de tolerancia, incluso con 1,5 °C de calentamiento. Con escenarios de mayor calentamiento, estas condiciones podrían presentarse tanto durante el día como durante la noche durante varios meses. En Lahore, por ejemplo, el estudio proyecta que bajo 4 °C la probabilidad de superar el límite sería superior al 90 % durante julio y agosto. El riesgo se concentra en regiones tropicales y subtropicales densamente pobladas. Bajo un escenario de 3 °C de calentamiento, India, China, Pakistán y Bangladesh concentrarían unos 1.480 millones de personas expuestas a más de 180 horas anuales de estrés térmico no compensable.

El estudio señala que sus resultados pueden servir para orientar planes de acción frente al calor, preparación de emergencias y planificación de los sistemas de salud, especialmente en países tropicales y subtropicales con poblaciones vulnerables y menor capacidad de adaptación.

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