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El mundo perdió la carrera para evitar los 1,5 °C de calentamiento global: ¿qué viene ahora?

Un nuevo informe advierte que, incluso si los países cumplen sus compromisos climáticos, la temperatura podría alcanzar un máximo de 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales. Aunque todavía es posible regresar a ese umbral antes de finalizar el siglo, cada fracción adicional de calentamiento cuenta.

El deshielo es una de las consecuencias del calentamiento global, lo cual ha llevado a inundaciones en las ciudades costeras y en naciones enteras.
El deshielo es una de las consecuencias del calentamiento global, lo cual ha llevado a inundaciones en las ciudades costeras y en naciones enteras.
Foto: Jim Leape WWF

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A menos de tres semanas de la COP31 en Turquía, la cumbre climática más importante del mundo, las noticias sobre el futuro del planeta no son nada alentadoras. “Las emisiones se mantienen en niveles récord. Y los planes climáticos nacionales y las políticas actuales se quedan peligrosamente cortos, lo que apunta a un calentamiento de entre 2,6 °C y 2,8 °C” ", afirmó este miércoles en la madrugada el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.

Hace diez años, los países del mundo adoptaron el Acuerdo de París, un tratado internacional en el que se comprometieron a mantener el aumento de la temperatura media global muy por debajo de los 2 °C respecto a los niveles preindustriales y a esforzarse por limitarlo a 1,5 °C.

Sin embargo, una década después, la posibilidad de evitar que el planeta supere este último umbral ya no se considera viable, aunque todavía es posible limitar ese exceso y regresar a 1,5 °C para finales de siglo, según un nuevo análisis de la ONU. “El mundo ya no puede evitar sobrepasar el límite de 1,5 grados, y las consecuencias ya son devastadoras”, advirtió Guterres. “Inundaciones mortales, olas de calor brutales, incendios forestales devastadores, vidas perdidas, economías paralizadas, desigualdades cada vez más profundas, y quienes menos responsabilidad tienen son los que sufren primero”.

Las declaraciones se dieron en el marco de la presentación del informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre la brecha de emisiones, publicado este 21 de octubre. El documento, titulado Emissions Gap Report 2026: The Point of Return, analiza la distancia entre las reducciones de gases de efecto invernadero que los países necesitan alcanzar para cumplir los objetivos del Acuerdo de París y las que se lograrían con los compromisos climáticos y las políticas actuales.

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"Este es un fracaso histórico del liderazgo político. La ciencia ha sido clara durante décadas, pero los gobiernos han optado por la demora en lugar de la acción. Las consecuencias se medirán en vidas perdidas, no solo en grados de calentamiento", señaló, citado por AFP, Mohamed Adow, director del centro de estudios Power Shift Africa, con sede en Kenia. Guterres reconoció, en ese mismo sentido, que existe una "brecha de liderazgo" en materia climática, pero señaló que superar el límite de 1,5 °C "no es una rendición". El panorama que revela el nuevo informe es muy inquietante.

Superar los 1,5 °C ya parece inevitable

El primer mensaje del informe de PNUMA es que la acción climática no ha avanzado lo suficientemente rápido para evitar que el calentamiento global supere los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales en los próximos años. Incluso en un escenario optimista, en el que los gobiernos cumplan todos sus planes climáticos nacionales y sus compromisos adicionales de alcanzar cero emisiones netas, el aumento máximo de la temperatura llegaría a 1,8 °C.

El documento advierte que superar los 1,5 °C no debe interpretarse como algo seguro o aceptable. No existen escenarios benignos por encima de ese umbral y cada fracción adicional de calentamiento aumenta los riesgos y los daños, se lee en el informe.

La meta de limitar el calentamiento a 1,5 °C, sin embargo, no desaparece. El informe plantea que ahora el mundo tendría que intentar regresar a ese nivel después de superarlo. Para lograrlo, sería necesario reducir las emisiones de manera acelerada, llevar la temperatura a su punto máximo lo más bajo posible y hacerla descender hacia finales de siglo, mientras se toman medidas para adaptarse a los impactos que ya no puedan evitarse.

El PNUMA aclara que esta trayectoria de superar temporalmente el límite, alcanzar un máximo y luego reducir la temperatura no es una alternativa deseable. Es, más bien, la mejor opción que queda ante décadas de acción insuficiente.

¿Qué significa superar el límite de 1,5 °C?

Las consecuencias de superar este umbral podrían sentirse en los océanos, los ecosistemas, la disponibilidad de agua y alimentos, la salud y las condiciones de vida de millones de personas, dice el informe. Entre los riesgos que señala el documento están el aumento acelerado del nivel del mar, la mayor probabilidad de colapso de ecosistemas como los arrecifes de coral, las olas de calor más extremas, los incendios forestales y los cambios profundos en los sistemas de hielo del planeta, que incluyen glaciares, capas de hielo, permafrost y nieve.

Por ejemplo, los glaciares podrían perder más de una cuarta parte de su masa para 2100. Esa pérdida podría contribuir a elevar el nivel del mar entre 9 y 12,5 centímetros en escenarios de calentamiento de hasta 3 °C y modificar permanentemente la disponibilidad de agua en distintas regiones.

También aumenta el riesgo de alcanzar puntos de inflexión climática: cambios que podrían desencadenar transformaciones profundas e irreversibles en sistemas como las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental, la circulación meridional de retorno del Atlántico, un sistema de corrientes oceánicas que redistribuye calor, y la Amazonía.

Aunque persisten incertidumbres sobre cuándo podrían ocurrir estos cambios y con qué intensidad, el informe señala que sus efectos perjudicarían a las sociedades y las economías, especialmente a los pequeños Estados insulares en desarrollo y las ciudades ubicadas en zonas bajas, algunas de las cuales podrían quedar parcialmente o completamente sumergidas.

La seguridad alimentaria y el acceso al agua también estarían en riesgo. Sin una adaptación eficaz, las proyecciones indican que la producción mundial de alimentos podría disminuir hasta un 14 % para 2050. A esto se sumarían más enfermedades y muertes asociadas al calor, mayores riesgos de propagación de patógenos y daños a ciudades e infraestructuras por inundaciones y olas de calor más prolongadas e intensas.

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Cada fracción de grado cuenta

Que superar los 1,5 °C parezca inevitable no significa que los esfuerzos para reducir las emisiones hayan perdido sentido.

El informe insiste en que evitar cada fracción adicional de calentamiento y reducir el tiempo que el planeta permanezca por encima del límite disminuiría los riesgos y los daños, y aumentaría las posibilidades de regresar a esa temperatura.

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La magnitud y la duración de ese exceso dependerán, en buena medida, de la rapidez con la que se reduzcan las emisiones y se implementen medidas de adaptación. En el corto plazo, el documento destaca la importancia de recortar las emisiones de metano y otros contaminantes climáticos de vida corta, que contribuyen al calentamiento y cuyos efectos pueden reducirse más rápidamente que los del dióxido de carbono.

El informe propone una respuesta organizada en tres fases que pueden coincidir en el tiempo y variar entre regiones.

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La primera es la respuesta inmediata: reducir profundamente las emisiones y adoptar medidas urgentes de adaptación para proteger a las personas y los ecosistemas más vulnerables mientras la temperatura se acerca a los 1,5 °C y los supera.

La segunda corresponde al periodo en que el calentamiento alcance su máximo. En esta etapa será necesario avanzar hacia una descarbonización profunda y sostenida, alcanzar al menos emisiones netas cero y fortalecer la capacidad de las sociedades para afrontar impactos cada vez más graves.

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La tercera fase busca consolidar la resiliencia a largo plazo, cuando la temperatura comience a descender y estabilizarse. Para ello, el informe plantea mantener emisiones netas negativas de dióxido de carbono, fortalecer la sostenibilidad y garantizar medidas de adaptación duraderas allí donde ya se hayan alcanzado límites irreversibles.

Reducir emisiones no basta: el mundo también debe adaptarse

Una de las advertencias centrales del documento es que la mitigación, las acciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y la adaptación, las medidas para enfrentar los impactos del cambio climático, deben avanzar al mismo tiempo.

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Una mitigación débil puede agravar los daños y desviar recursos hacia respuestas de emergencia, en lugar de destinarlos a la acción climática.

Pero incluso los recortes de emisiones más exitosos no eliminarán la necesidad de adaptación: el informe subraya que ni siquiera un calentamiento de 1,5 °C puede considerarse seguro para la mayoría de los países, comunidades, ecosistemas y sectores.

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Por eso, el informe señala que no basta con construir infraestructura para reducir emisiones. Es necesario asegurar que esa infraestructura resista los impactos climáticos. Las medidas de adaptación, además, deben reconocer las desigualdades, las pérdidas y los daños, y los límites de lo que puede protegerse.

El documento pide pasar de ajustes graduales a una adaptación transformadora: anticiparse a los riesgos, incorporar nuevos conocimientos y revisar continuamente las estrategias a medida que cambian las condiciones. Esto es especialmente importante porque los impactos no se presentarán de la misma manera en todas las regiones y algunos podrían aparecer de forma abrupta.

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¿Se puede retirar carbono de la atmósfera para revertir el calentamiento?

El informe también analiza las tecnologías y estrategias de eliminación de dióxido de carbono, que pueden incluir desde la reforestación y la restauración de ecosistemas hasta sistemas tecnológicos que capturan CO₂ directamente del aire o combinan bioenergía con captura y almacenamiento de carbono.

Estas herramientas serán necesarias, pero no van a sustituir, según PNUMA, las reducciones sostenidas de las emisiones que todavía se produzcan.

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Su capacidad para revertir el calentamiento tiene límites y depende de que, al mismo tiempo, se reduzcan las emisiones residuales de CO₂, metano y otros gases de efecto invernadero.

El documento advierte que regresar a menos de 1,5 °C durante este siglo será cada vez más difícil si el calentamiento máximo supera aproximadamente los 1,8 °C. Además, un planeta más caliente podría reducir la capacidad de los ecosistemas para retirar y retener carbono, mientras que las estrategias que requieren grandes extensiones de tierra podrían entrar en competencia con otros objetivos de desarrollo sostenible.

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Para dimensionar las limitaciones, el informe estima que, al ritmo actual, se necesitarían más de 100 años de reforestación y gestión forestal, junto con cero emisiones residuales de CO₂, para reducir el calentamiento en apenas 0,1 °C. Incluso una expansión ambiciosa de las tecnologías de eliminación de carbono difícilmente lograría revertir más que unas pocas décimas de grado durante este siglo.

La conclusión es que retirar carbono de la atmósfera puede contribuir a reducir la temperatura, pero no es una salida que permita aplazar los recortes de emisiones. La prioridad sigue siendo reducirlas cuanto antes.

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La responsabilidad climática no es igual para todos

El PNUMA señala que la equidad y la justicia deben estar en el centro de las estrategias climáticas. Los países con mayor responsabilidad histórica por el cambio climático y más capacidad para actuar deberían avanzar más rápido y con mayores esfuerzos.

Al mismo tiempo, los países que sufren impactos desproporcionados deben tener una participación activa y respetada en las decisiones internacionales, así como en la implementación de las medidas de mitigación y adaptación.

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La urgencia también está relacionada con las pérdidas que podrían ser permanentes. Incluso si el mundo logra regresar a menos de 1,5 °C, algunas comunidades y ecosistemas podrían haber sufrido daños irreversibles. El aumento del nivel del mar, la extinción de especies y las transformaciones de los ecosistemas pueden continuar mucho después de que la temperatura alcance su máximo.

Esto implica que algunas poblaciones podrían haber tenido que desplazarse, cambiar sus medios de vida o reorganizar sus sistemas agrícolas e infraestructuras. También plantea preguntas difíciles sobre qué reconstruir, cómo reparar las pérdidas y los daños y cómo proteger los derechos de los pequeños Estados insulares cuyos territorios podrían volverse inhabitables.

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Frente a ese escenario, el informe pide fortalecer la cooperación, aumentar la financiación climática, facilitar la transferencia de tecnología y desarrollar capacidades, con el fin de evitar que los países con menor responsabilidad histórica y menos recursos terminen soportando las mayores consecuencias.

El documento concluye que la trayectoria de superar temporalmente los 1,5 °C, alcanzar un máximo y después reducir la temperatura podría extenderse durante décadas o incluso siglos. Por eso, la investigación científica, las políticas públicas y los mecanismos de gobernanza tendrán que evolucionar a medida que cambien los riesgos y se conozcan mejor las consecuencias de ese proceso.

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Comentarios
  • Carlosé Mejía(19865)•Hace 24 minutos
    No veo posibilidades de volver hacia atrás. El daño que hemos infligido al planeta es gravísimo e irrecuperable. La degradación continuará cada vez en forma más acelerada.
  • cesarc655(66636)•Hace 55 minutos
    Los conglomerados económicos y empresariales están acabando con el planeta por su ambición a la riqueza, la derecha es una organización internacional depredadora del medio ambiente, cuando el pueblo reclama por la destrucción de la naturaleza, bala es lo que hay. La patria milagro será un ejemplo.
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