26 Oct 2015 - 2:00 a. m.

El primer paso hacia la Cumbre Climática de París

Después de una semana de reuniones, delegados de 195 países lograron un borrador del acuerdo que se discutirá en la capital francesa. Muchos lo critican por su extensión y su ambigüedad.

Redacción Vivir

El pasado viernes, mientras el huracán Patricia se acercaba a la costa de México luego de crecer a una velocidad inesperada y convertirse en una de las tormentas más potentes de la historia, en Bonn, Alemania, delegados de 195 países trataban de llegar a un acuerdo para evitar que el cambio climático siga amenazando la Tierra. Allí trataban de establecer las pautas guías del acuerdo que reemplazará al Protocolo de Kioto y que debe ser concretado en París a partir del próximo 30 de noviembre.

Después de debatir durante cinco días cuáles serían los puntos que debería contener ese borrador crucial, los participantes lograron un texto de 55 páginas, que triplica en extensión el documento con el que comenzaron a trabajar el lunes, que apenas llegaba a 20 páginas.

Si bien el hecho de haberlo logrado fue aplaudido por algunos, para muchos otros el resultado de esas prolongadas reuniones no cumplió con las expectativas. La principal razón es que el texto no apunta a una dirección concreta y, por el contrario, está lleno de opciones que complican la adopción de un gran pacto global. Sus 1.490 paréntesis, por ejemplo, son una muestra de la ambigüedad y la poca claridad del borrador.

Las palabras que pronunció Christiana Figueres, secretaria del Convenio de Naciones Unidas para el Cambio Climático, podrían resumir la complejidad de ese trabajo: “Dijeron que era un documento desequilibrado. Ahora es equilibrado. La mala noticia es que no es tan claro ni tan conciso como era al comienzo. Un ciudadano de a pie sería incapaz de entender el texto”.

Su conclusión es similar a la de Claudia Salerno, representante de Venezuela, quien, como varios participantes, quedó con cierto desencanto luego de la reunión. “Yo ya he visto esta película… espero que no sea una muy, pero muy mala segunda parte de Copenhague”, dijo, haciendo alusión al fracaso de la conferencia de 2009 en la ciudad danesa.

Sin embargo, para el copresidente de la reunión de Bonn, el argelino Ahmed Djoghalf, este fue un paso importante que marca las pautas del acuerdo que se discutirá en París desde el 30 de noviembre. “Hemos hecho nuestro trabajo. Como mínimo tienen un texto. Irá tal como está a París”, aseguró Djoghalf luego de recibir varias críticas por el confuso y extenso documento.

Uno de los puntos más difíciles de zanjar ha sido el de la contribución económica que harán los países desarrollados para que las naciones más afectadas se adapten al cambio climático. Los 130 países en vía de desarrollo (conformados, entre otros, por el G77 y China) persiguen un par de puntos concretos: el establecimiento de un fondo verde para el clima, que deberá recaudar US$100 millones anuales a partir de 2020, y la firma del “Mecanismo de pérdidas y daños”, que permitiría una especie de compensación a esos países por los daños ocasionados por el clima.

Pero, pese a que hay algunos puntos que dejan entrever la intención de la comunidad internacional por evitar que la temperatura del planeta aumente más de 2 grados centígrados y por abandonar paulatinamente su dependencia de las energías fósiles, lo cierto es que las esperanzas de lograr un gran pacto vinculante están puestas en el gobierno francés. De su capacidad diplomática y de su esfuerzo político dependerá, en gran parte, alcanzar un acuerdo climático justo, ambicioso y transformador. En palabras de Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (Iddri) de París, “hoy la situación está tan abierta que deja en manos del gobierno francés la capacidad de sacar lo mejor de cada uno”.

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