1 Apr 2016 - 2:00 a. m.

El retorno del Rey León

Los habitantes de un pueblo en Santander les dijeron adiós a los nueve leones que ayudaron a recuperar del maltrato que sufrieron en un circo que estaba de gira por el país. Un avión los llevó de vuelta a África y esta es la historia de cómo recuperaron la libertad y regresaron a casa.

María Paulina Baena Jaramillo

En julio de 2014, el circo África empezó su gira por Santander. Mientras en las taquillas se agolpaban curiosos que buscaban ver el espectáculo, en algunos municipios que conforman la provincia comunera, de manera extraña, los taxistas empezaron a comprar perros a 20 mil pesos. El rumor se esparció rápidamente por los pueblos: los perros eran vendidos a los organizadores e iban a parar a las bocas sin dientes y a las manos sin garras de los nueve leones del circo que, antes de salir a entretener a los asistentes, debían estar “bien” alimentados. (Te puede interesar: "Así fue el viaje a la libertad de nueve leones de circo").

La historia sorprendió a una alumna del reconocido animalista Orlando Beltrán Quesada, fundador de la Asociación Defensora de los Animales y la Naturaleza (Adan) y profesor de las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS), que le contó sobre el caso. Beltrán hizo la denuncia ante la autoridad ambiental de Bucaramanga y el 5 de julio se ordenó una visita al circo. Allí los expertos corroboraron el pésimo estado físico y sanitario de los animales. Decomisaron de inmediato a los felinos y se dio el sellamiento del circo.

Desde ese momento, como cuenta Beltrán, los señores cirqueros de Boyacá de apellido Domínguez se fueron para Lebrija, otro municipio de Santander, con sus equipos y dejaron a los leones abandonados en una carpa, sin alimento ni agua y bajo el cuidado de uno de sus empleados. La comunidad empezó a traerles agua y la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) los acogió en su centro de atención a la fauna silvestre, ubicado en la vereda Helechales, en el municipio de Floridablanca.

El problema era que las instalaciones dispuestas para los felinos de la Corporación eran adecuadas para animales medianos y silvestres, como por ejemplo tigrillos. Se trataba del primer caso en el país en el que “una autoridad ambiental trataba fauna exótica”, dijo Martín Camilo Carvajal, director de la CDMB. Según él, tuvieron que crear espacios más amplios, contar con el apoyo de un equipo técnico que los alimentara, construir protocolos, desarrollarlos y crear nuevos procesos.

Carvajal cuenta que la Animal Defenders International (ADI), una organización con sede en Inglaterra, apoyó la custodia, alimentación, servicios veterinarios, vacunas y medicamentos para los leones. La idea consistía en que los seis machos y las tres hembras recuperaran su libertad en el hábitat del que siempre habían sido parte. Al viaje se sumarían otros 24 leones que serían recogidos en Lima (Perú) y que también fueron recuperados en un hogar de paso tras vivir en malas condiciones. Una vez reunidos en Lima, el vuelo partiría a Johannesburgo (Sudáfrica), en un trayecto de más de diez horas con escala en Sâo Paulo (Brasil). (También puedes leer: "Liberan en Sudáfrica a los 33 leones rescatados de circos de Colombia y Perú").

La ADI adelantó primero contactos en Denver, Estados Unidos, para introducirlos en The Wild Animal Sanctuary (TWAS). Se barajó también la posibilidad de ubicarlos en el zoológico de Hacienda Nápoles. Y finalmente encontraron la opción de enviarlos a Sudáfrica al santuario y reserva animal Emoya Big Cat Sanctuary, situado en la región de Limpopo, que tiene una extensión de 5.000 hectáreas de sabana africana.

Los trámites no fueron pocos: permisos de salidas y entradas a los diferentes países y protocolos de exportación. Este procedimiento, en particular, era nuevo en Colombia, porque siempre se tuvo una reglamentación para el manejo de fauna silvestre y doméstica, pero nunca de animales traídos de afuera.

Detrás de todo está la ley de circos, que empezó a regir hace tres años en el país. Como sostuvo María Claudia García, directora de bosques, biodiversidad y servicios ecosistémicos del Minambiente, “esta ley prohíbe utilizar especies exóticas y silvestres en espectáculos circenses”. Según García, un primer censo contó alrededor de 94 animales en Colombia en los circos que podrían ser llevados a hábitats más amigables. La ley dice que se pueden hacer varias cosas: repatriarlos, llevarlos a santuarios o introducirlos en zoológicos nacionales. De igual forma, establece sanciones que van desde multas de hasta 300 salarios mínimos y especificaciones de delitos penales que acarrean cárcel.

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A las 10 de la noche del miércoles empezó el operativo. Uno a uno fueron pasando los leones de las jaulas estáticas a las móviles. El traslado por león se demoró una hora y, luego, mediante una camioneta los bajaron hacia la carretera principal, en donde los esperaban tres camiones camabajas. Según narró Jull Alexis Roa, coordinador del grupo de protección animal, quien viajó como guardia en el trayecto Floridablanca-Bogotá, la caravana salió a las 11 a.m. y llegó a las 2 a.m., con paradas periódicas para hidratarlos.

El costo de toda la operación, en la que participaron cerca de 50 personas, entre veterinarios, voluntarios y miembros de la fuerza pública, fue de 350.000 dólares. Y de acuerdo con Carvajal, director de la Corporación encargada, la manutención de todos los animales les costaba a ellos, desde Santander, unos 30 millones de pesos mensuales.

Ninguno de los animales tuvo que ser sedado. En cambio, todos pasaron por una terapia hecha a base de extractos de sauce, lotus, castaño dulce, scleranthus, nogal, o zanahoria, que según los expertos es una técnica en zootecnia para tratar las emociones de los animales y menguarles el estrés que les producen cambios muy abruptos en su entorno.

Pero los cambios no sólo fueron para los leones. La gente se encariñó con ellos a tal punto que entre el martes y el miércoles varios lugareños fueron a despedirse. Uno de ellos fue el animalista Beltrán, que comentó entre un llanto ahogado su adiós: “mi corazón se llenó de gozo al ver en sus ojos que su vida podía cambiar. Me siento incorporado al alma de Ojiclaro, el más anciano de todos, sin dientes, pero con esa esperanza de vivir”, aseguró. “Esto nos reitera nuestra conducta atávica, la incomprensión hacia los animales, que siguen siendo mirados como algo para menospreciar y vivir de ellos”, remató.

Ahora la comunidad de Floridablanca no escuchará los rugidos que inundaban el pueblo. Unos rugidos que en un comienzo eran vigorosos, según Beltrán y Carvajal, y con el correr del tiempo se volvieron gemidos de súplica, más parecidos a un quejido. Los nueve leones trasladados: Airón, Shakira, Isis, Bolillo Bubba, Junior, Barbi, Zeus y Ojiclaro, este último considerado el macho alfa de la manada, desde hoy saludan su libertad.

 

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