25 Sep 2014 - 3:28 a. m.

El robo del sol y la quema del mundo

Los efectos del cambio climático amenazan el conocimiento ancestral de las comunidades indígenas del amazonas que dependen de un calendario ecológico para su subsistencia.

Carlos A. Rodríguez*

El tema del cambio climático y de sus efectos en la Amazonia ha llevado a que desde la ciencia se realicen todo tipo de estudios sobre escenarios climáticos a partir del desarrollo de modelos que relacionan el clima y la vegetación.

Dichos escenarios asocian, por ejemplo, la presencia del bosque húmedo tropical con la precipitación o cantidad de lluvia anual que cae sobre la cuenca. Así se han explicado posibles transformaciones del bosque a sabana, pues según la disminución de la cantidad de lluvia, el bosque puede convertirse en sabana, tal como ha sucedido en diferentes partes del globo en distintos tiempos geológicos de miles y millones de años.

Los estudios del clima profundizan sobre las mediciones de la lluvia, la temperatura, la humedad, los vientos y la evapotranspiración o cantidad de agua que es bombeada a la atmósfera por parte de las plantas. En estos temas abundan datos cuantitativos y teorías que relacionan este conjunto de factores.

Si bien el estudio del clima es apasionante desde esta perspectiva, no lo es menos la visión indígena de los acontecimientos y fenómenos climáticos que, además, se acompañan de magníficas narraciones, historias y mitos que explican los eventos y cuentan los orígenes de todos los factores climáticos.

La información que contienen los mitos, contados una y otra vez, resulta de una alta precisión y de un profundo conocimiento del bosque y sus procesos geológicos y ecológicos. Es sorprendente y maravilloso escuchar sobre el árbol-río, que corresponde al río Amazonas, y su origen mítico, del perezoso (animal que se robó al sol), de los diferentes tipos de veranos e inviernos, de las diferentes épocas del ciclo anual o calendario ecológico, del viaje del sol con su gente alrededor del mundo, de la gran inundación o de las explicaciones locales a los tipos de lluvia.

Las versiones orales relatadas por los ancianos contienen distintos niveles de profundidad si se cuentan para niños, jóvenes, adultos o conocedores que pueden curar el mundo y curar el tiempo. El robo del sol, según la historia tradicional, ocurrió cuando el perezoso gigante, por su capacidad de permanecer colgado, lo tapó con su cuerpo y sus manos dejando al mundo en la oscuridad. Los humanos que habitaban la selva le dispararon con cerbatanas hasta que al fin el perezoso soltó una mano y dejó pasar un rayo de sol. Después cayó a la tierra dejando pasar toda la luz y el calor del sol y garantizando la supervivencia de la selva y sus habitantes.

Esta historia se puede comparar con la huella en memoria profunda de la humanidad de las épocas de oscuridad creadas por el humo volcánico del Krakatoa, en el siglo XIX, o de la reciente erupción en Islandia que implicó la cancelación de centenares de vuelos en los aeropuertos de Europa y Norteamérica.

Los mitos bien contados contienen información detallada de sucesos climáticos como los diluvios, que en Amazonas no fue uno sino varios, incluyendo uno con agua caliente. También hablan de la gran quemazón de la tierra provocada por un ser mitológico que peleaba con su hermano y produjo un gran incendio del bosque para acabar con su vida. Este último relato explica, por ejemplo, la presencia de residuos de carbón en el subsuelo de la selva.

Los cambios estacionales, o ciclo anual, también se explican de manera puntual y llena de poesía, toda vez que se recrean los sonidos de los animales y sus relaciones ecológicas. Los tiempos o épocas se definen a partir de un plano cósmico controlado por las constelaciones y la visibilidad de ellas en el firmamento. Las estrellas marcadoras de estación, en conjunto con las atmósferas o niveles del cielo, definen lo que sucede en este nivel del mundo y los cambios visibles de la naturaleza.

Uno de los cambios más evidentes es la variación de hasta 10 metros en los niveles de los ríos y que se asocia a la presencia de veranos e inviernos con nombres de animales o plantas. Por ejemplo, los indígenas hablan del verano de la chicharra, que se caracteriza por el ensordecedor ruido de millones de animales cantando, o del verano de piña, del invierno del sapo mawa, del invierno del sapo pumarú o del tiempo del friaje, cuando los animales se esconden y tienen sus bailes.

Los calendarios indígenas también definen las épocas de reproducción de los animales y la producción de flores y frutos de las plantas: esa secuencia, en la ciencia occidental, constituye toda una rama conocida como fenología.

En resumen, la cosmovisión indígena nos ofrece una gran cantidad de elementos para comprender el clima y el cambio climático y, sin duda, se debe generar una plataforma de diálogo de saberes con la academia y las instituciones, de modo que se puedan plantear mejores preguntas de investigación, predecir de mejor manera las variaciones y generar alternativas para enfrentar el cambio climático. Una abuela indígena decía: “Esta matica de yuca, que aguanta mucho el verano prolongado, debe siempre sembrarse porque es la que en el pasado salvó del hambre a la comunidad en una época seca que duró casi medio año”. Las prácticas para la adaptación al cambio climático están en buena parte en el conocimiento local, por eso deberíamos apoyarlo y divulgarlo mucho más.

 

*DIRECTOR DE TROPENBOS INTERNACIONAL COLOMBIA

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