27 Apr 2017 - 3:00 a. m.

Erradicar el hambre sin cobrarle al medio ambiente

Aunque la tensión entre la agricultura y la conservación ambiental sigue siendo uno de los grandes retos de Colombia, el país ocupa el décimo puesto en el Índice de Sostenibilidad Alimentaria desarrollado por la revista “The Economist” y el Centro para la Comida y la Nutrición Barilla.

Redacción Medio ambiente

La lucha contra el hambre en el mundo está llena de contradicciones. Aunque se produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial, alrededor de 795 millones de personas mueren al año porque no logran alimentarse adecuadamente. Mientras el hambre mata a más personas que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas, un tercio de los alimentos producidos, en total 1.300 millones de toneladas al año, se pierde o se desperdicia en todo el mundo. Y por si fuera poco, cada esfuerzo que se hace por aumentar la producción de alimentos tiene un costo enorme en la huella ecológica que dejamos sobre el planeta: más deforestación, más tierras degradadas, más agroquímicos y sobreconsumo de agua.

Cumplir el segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: erradicar el hambre, de manera sostenible, no será una tarea nada fácil. Entre 1990 y 2015, en el marco de los Objetivos del Milenio, los países ya lo intentaron. Durante ese período se pretendía reducir la proporción de personas con hambre en un 50 %. La meta quedó inconclusa. Es por esto que el reto actual en la implementación del ODS será lograr el modo de aumentar la producción para satisfacer la creciente demanda de alimentos, materiales y fibras, al mismo tiempo que se satisface la biodiversidad y se reduce la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas

Colombia no es ajena al reto y las paradojas que conlleva. De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, en Colombia el 42,7 % de la población vive en condiciones de inseguridad alimentaria, es decir, que no tienen acceso suficiente y estable a alimentos, en cantidad o calidad, que les permitan llevar una vida saludable y activa. Esto mientras se pierden y se desperdician un total de 9,76 millones de toneladas, que equivalen al 34 % del total de alimentos que produce el país. Al igual que en el resto del mundo, cualquier intento por cerrar esa brecha tiene un costo. En el país, en el último año se deforestaron 124.035 hectáreas. ¿La principal causa?: expansión de la frontera agrícola y ganadera.

Los conflictos por la tensión entre agricultura y medio ambiente ya se están asomando en el panorama. Sustituir las importaciones de arroz está significando colonizar tierras en municipios como Casanare, con el altísimo riesgo de desecar sus humedales y cuerpos de agua. En la Ciénaga Grande de Santa Marta, el rentable negocio de la carne y la leche de búfalo, así como la ganadería tradicional, han provocado la desecación de grandes extensiones del humedal, catalogado como sitio Ramsar y Reserva Mundial de la Biosfera.

Superar el hambre y al mismo tiempo crear una agricultura sostenible es un equilibrio difícil pero no imposible. Por ahora las noticias no son tan pesimistas para Colombia. De acuerdo con el Índice de Sostenibilidad Alimentaria, desarrollado por la revista The Economist y el Centro para la Comida y la Nutrición Barilla, el país ocupa el décimo lugar entre los 25 evaluados. El ranquin, que combina la tasa de desperdicio de alimentos, la agricultura sostenible y los retos nutricionales, deja entrever que Colombia tiene potencial para cumplir el objetivo número dos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sin pasar una cuenta de cobro impagable al medio ambiente.

 

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