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Esta escuela tiene energía solar gracias a la segunda vida de baterías de carros eléctricos

En dos corregimientos rurales de Valle del Cauca en los que las lluvias y las altas tarifas de energía generaban altos cortes del servicio de energía, un proyecto llevó un sistema de generación solar con baterías de autos eléctricos a un comedor comunitario y una escuela.

Los paneles solares que hoy alimentan a estas comunidades en el departamento. / Cortesía.
Los paneles solares que hoy alimentan a estas comunidades en el departamento. / Cortesía.
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Desde la pandemia por covid-19, en 2020, Clara Inés Rivas trabaja como gestora del comedor comunitario de Tienda Nueva, un corregimiento de Palmira, Valle del Cauca. Se quedó sin trabajo durante el confinamiento y, pocos meses después, fue seleccionada para preparar el almuerzo para su comunidad.

El proyecto nació de una iniciativa privada. “Un sacerdote trajo la idea en medio de la necesidad de las personas y varios empresarios lo apoyaron”, cuenta Rivas. Semana a semana llegan las raciones de comida para cincuenta personas, aunque a veces hay que hacerlas rendir “para los que lleguen”.

La cocina está en el salón comunal del corregimiento. Tiene dos neveras y un congelador. Además, allí funciona una guardería y otros espacios destinados al servicio de la comunidad de Tienda Nueva. “A pesar de que es una zona rural, siempre llegaban los recibos de la luz en COP 1.500.000 o COP 1.600.000”, dice la mujer que lidera el comedor comunitario. Cuando no se lograba reunir para pagar, cortaban el servicio. Si no era el pago, era la lluvia, que también suele generar cortes de luz en la región.

Una situación similar vivían en la escuela rural La Selva, en Ginebra, más al norte del departamento. “Por ser una zona de alta montaña, cuando llueve se va mucho la luz. A veces, también por daños en las líneas de conexión”, relata Wilmer Morales Velasco, docente de esa institución.

Con aulas oscuras y sin la posibilidad de utilizar computadores u otros equipos con los que cuenta la escuela para el aprendizaje, “las clases ya no son tan activas ni tan dinámicas”, añade Morales.

Pero hoy, encontraron un camino para solucionar la falta de acceso a la energía eléctrica en estos dos corregimientos: instalan paneles solares que almacenan su energía en baterías reutilizadas de carros eléctricos o híbridos, dándoles un segundo ciclo de uso. La escuela y el comedor comunitario ya tienen acceso a energía renovable, aunque alrededor las familias siguen teniendo cortes de energía y altos costos en las facturas. Lo que piden ahora es que el Estado y la empresa de electricidad de la región les ofrezcan alternativas.

Del carro al almacenamiento

La transición energética está impulsando el uso de más carros eléctricos en el mundo. Solo en Colombia, durante 2026 se han vendido más de 33.000 vehículos eléctricos, superando en apenas ocho meses los poco más de 20.000 que se vendieron entre 2012 y 2025. El mercado de los híbridos, que combinan motores eléctricos con combustión de gasolina, también ha crecido notablemente: durante este año se han vendido 63.270 unidades con esta tecnología, un 62 % más que el año anterior.

Para impulsarse, estos vehículos utilizan baterías cada vez más potentes, como explica uno de los capítulos del libro Green Energy and Environment, en el que participaron investigadores colombianos. Más potencia, significa también más uso de litio, un mineral crítico que, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, ya empieza a escasear en el mundo. Por eso, dicen los autores del artículo, para hacer sostenible el uso de nuevas tecnologías en la movilidad es necesario pensar en “una economía circular” para las baterías.

El cambio de la batería en un vehículo se hace, por lo general, cuando llega a un 70 % u 80 % de su capacidad, como ocurre con los celulares. Cuando ya no sirven para impulsar un carro, no significa que queden obsoletas, sino que pueden destinarse a usos que requieran una menor capacidad.

Sin embargo, Vladimir Martínez Tejada, PhD en Energía y Termodinámica, y uno de los autores de ese capítulo, explicaba a El Espectador en un artículo de enero que darle una “segunda vida” a las baterías es un proceso complejo. “No solo se trata de saber en qué porcentaje se encuentra, sino qué es lo que está fallando en la batería”, dijo. El proceso requiere de análisis computarizados costosos que permiten repotenciar las porciones de la batería que aún funcionan e incluso dividirla para darle diferentes usos.

Los paneles solares que hoy alimentan a la escuela rural La Selva, en Ginebra, y al comedor comunitario de Tienda Nueva, en Palmira, funcionan con una batería repotenciada de un vehículo eléctrico, por ejemplo. Fue una iniciativa que llevó hasta allá Dynamo, una empresa dedicada a desarrollar proyectos de energía solar en diferentes comunidades del país, y Volvo Cars.

Para llevarlo a cabo, utilizaron una de las baterías que Volvo empleó durante los últimos años para capacitar a sus técnicos en el funcionamiento y reparación de este tipo de motores en Colombia.

“Después de esa capacitación, nosotros teníamos que reciclar la batería que ya no servía para un carro. En ese momento, llegó Dynamo para plantearnos este proyecto: encontrar comunidades y hacer realidad que tengan energía a través de paneles solares”, explica Ángela Olivar, gerente de mercadeo de Volvo Cars.

En Tienda Nueva, dice Rivas, ahora es más fácil “conservar las carnes y otros alimentos que necesitan refrigerarse”. Además, añade que otras actividades culturales o comunitarias también se están desarrollando en el salón comunal sin las restricciones que imponían los cortes de energía en el corregimiento. Mientras tanto, Morales asegura que ya cuentan “con fluido eléctrico las 24 horas del día. Lo utilizamos siempre que lo necesitamos en las aulas, pero también para los electrodomésticos de la cocina del comedor escolar”.

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Con estos resultados, Olivar aclara que el proyecto está dando los primeros pasos de una iniciativa que esperan desarrollar “a largo plazo”. Una misma batería ha funcionado para potenciar varios sistemas de almacenamiento para energía solar, pero hasta ahora la única que tienen disponible. El mercado de los vehículos eléctricos empezó a crecer hace pocos años en Colombia y una batería puede durar entre 10 y 20 años, por lo que creen que será una alternativa futura para potenciar diferentes proyectos.

El problema de la energía en las comunidades rurales

En el Índice de Pobreza Energética Multidimensional 2026, publicado hace pocos meses por el Ministerio de Minas y Energía, se confirma una tendencia que se ha observado en los últimos informes: las zonas rurales del país son las más afectadas por la pobreza energética. En estos lugares, además, el aprendizaje, la comunicación y la posibilidad de tener una vivienda funcional son algunas de las dimensiones que más se ven afectadas por no tener un buen acceso al servicio de energía.

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Una de las fachadas de la escuela rural La Selva, en Ginebra. / Cortesía.
Una de las fachadas de la escuela rural La Selva, en Ginebra. / Cortesía.
Foto: Cortesía

Rivas cuenta que, en Tienda Nueva, alrededor del comedor comunitario hay decenas de familias que tienen problemas para pagar su factura de energía y padecen los cortes del servicio. En su casa, por ejemplo, paga facturas bimensuales de más de COP 270.000, a pesar de que solo tiene “una nevera, un televisor y una lavadora, lo que se debe tener en una casa normalmente”, explica. “Cuando la luz se va, ahora la escuela es la única que queda con energía”, dice Morales, pues en la zona rural de Ginebra el panorama es similar, aunque con costos menores en la factura.

De acuerdo con la líder del comedor comunitario en la zona rural de Palmira, han pedido una solución a los altos costos de la energía, pero no han tenido una respuesta. Desde El Espectador buscamos a Celsia, empresa que presta el servicio en Palmira, para conocer por qué se presentan estos costos en el corregimiento, pero hasta el cierre de esta edición no había respondido.

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Lo que ahora espera Rivas es tener energía eléctrica a un menor costo utilizando paneles solares, tal como ocurre en el salón comunal, pues ahora que tiene sueldo dice que solo le “alcanza para el arriendo y los servicios”.

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Andrés Mauricio Díaz Páez

Por Andrés Mauricio Díaz Páez

Periodista y politólogo enfocado en temas ambientales, transición energética y educación. diazporlanoche amdiaz@elespectador.com
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