12 Mar 2015 - 3:08 a. m.

‘Excombatientes colombianos podrían convertirse en guardaparques’

Alan Rabinowitz, uno de los mayores expertos en preservación de felinos, le recuerda al presidente Santos que la vida de los jaguares de América depende de que se declare la Serranía de San Lucas área protegida.

Angélica María Cuevas Guarnizo

Alan Rabinowitz fue considerado por la revista Time el ‘Indiana Jones de la vida silvestre’. El doctor en ecología y director mundial de la organización Panthera estuvo en Colombia para firmar con el Ministerio de Ambiente la continuidad del Corredor Jaguar, un programa que pretende garantizarle la supervivencia al felino más imponente de América. Rabinowitz, uno de los grandes expertos en conservación de felinos del planeta: en Belice logró la constitución del primer santuario de jaguares en el mundo; en Taiwán promovió la creación de la más grande área protegida de ese país, y en Myanmar logró poner de acuerdo a los líderes de una nación en guerra para que crearan cinco nuevas áreas protegidas, aterrizó en Colombia para recordarle al gobierno Santos que si no protege la Serranía de San Lucas el jaguar podría desaparecer de Suramérica y habló con El Espectador de cómo, si se firma la paz, cientos de excombatientes podrían volverse guardaparques.

¿Qué tan importante es que Colombia se interese por conservar jaguares?

En 2010 escogimos a Colombia para firmar por primera vez un pacto por la conservación de jaguares debido a su estratégica posición geográfica. Después de Brasil, Colombia es el segundo país más importante de la región para lograr la conservación de felinos no sólo por su tamaño, sino también porque ha tenido el poder de impulsar a otros más pequeños como Panamá y Guyana a que se unan a programas similares. Si perdemos los jaguares de Colombia se pierde, para siempre, la conectividad de las especie entre Centroamérica y Suramérica.

¿Cómo puede Colombia impulsar la protección del felino?

Vemos que este gobierno está interesado en apostarle a la conservación del jaguar. Llevamos cuatro años mapeando las zonas del corredor jaguar que deberían protegerse y ya estamos listos para ejecutar acciones; el año pasado, con la declaratoria de ampliación del Parque Nacional Natural Chiribiquete, en Amazonas, Colombia tomó una decisión muy importante para la protección de la especie y para el cuidado de su legado cultural. Este parque contiene pictogramas de jaguares que serían la muestra más antigua de la relación del hombre americano con la especie. Pero existe un área aún más prioritaria: la declaración de la serranía de San Lucas (entre Antioquia y Bolívar), como área protegida.

¿Por qué es tan importante proteger San Lucas?

La protección de San Lucas es esencial, porque sin su protección el corredor jaguar quedaría desconectado de otros ecosistemas y se va a perder si el Gobierno colombiano no actúa ya, pues estos bosques están fuertemente amenazados por la minería ilegal y la deforestación para introducir palma africana. Esto ha hecho que esta zona además esté muy ligada al conflicto armado. Si Colombia firma la paz, en San Lucas hay una verdadera oportunidad de conservación.

¿Cómo hablar de conservación en un contexto de guerra y posconflicto?

Los que dejarían las armas conocen bien estos ecosistemas, Panthera tiene experiencia en trabajar con excombatientes y en capacitarlos para convertirlos en sujetos activos que contribuyan en el control, vigilancia y monitoreo de Parques Nacionales. Las reservas naturales de Colombia son grandes extensiones de tierra que no cuentan con el suficiente personal dedicado a su preservación. Los guerrilleros han sido dueños de esos territorios durante muchos años y el posconflicto podrían darles la oportunidad de seguir vinculados a la selva que les perteneció.

¿Cómo convencer a un colombiano del común de que los hombres de la guerra merecen esa oportunidad?

Para superar una historia de guerra es necesario ceder. El conflicto nos pega a todos un mordisco y hay que asumirlo. La única solución no puede ser enviar a todos estos excombatientes la cárcel. El sistema no aguanta y muchos de ellos también son víctimas del conflicto y hay que entregarles oportunidades. El alma de Colombia es su naturaleza, la identidad del país debería estar más arraigada a sus recursos naturales que al mismo conflicto. El posconflicto va a traer dolor y angustia, pues inevitablemente las víctimas se enfrentarán a sus victimarios en diferentes escenarios, pero ese proceso tiene que darse. Todos los colombianos tienen a la naturaleza como un bien común, ella no escoge a quién darle agua limpia y a quién no, el planeta nos beneficia a todos por igual.

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