Hoteles por naturaleza

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Por primera vez en Colombia los grandes hoteles se dan la mano con los turistas en la donación de dinero para salvar las especies en vía de extinción.

Tres mil pesos por el planeta. Esa es la nueva estrategia del proyecto Pioneros en Conservación de la organización Patrimonio Natural. Un programa que vincula hoteles y huéspedes interesados en la conservación de la flora y la fauna de las áreas naturales del país.

La idea es que los viajeros donen una suma insignificante de dinero que, a la larga, representará la salvación de algunas especies que están próximas a desaparecer. Así mismo, la iniciativa busca crear un vínculo entre los turistas y los ecosistemas que son vitales para el desarrollo animal y vegetal y que, muchas veces, resultan invisibles.

Pioneros en Conservación cuenta con tres proyectos específicos patrocinados por el hotel Zuana y las cadenas de hoteles BH y GHL. Estos aliados, junto con la dirección de Parques Nacionales Naturales, la Fundación Moore, Redlac y Fondo Francés para el Medio Ambiente (FFEM), han puesto en marcha una iniciativa que no se había hecho nunca en el país y que se ve tangible en tres rincones de Colombia.

Uno de estos proyectos está ubicado en el Parque Sierra en la región Caribe y su objetivo es proteger a las tortugas marinas. El dinero donado por el hotel Zuana, padrino del proyecto, y los visitantes está destinado a tres rubros: la construcción del corral y las mallas, el pago a los encargados de hacer los recorridos nocturnos, momento en el cual las tortugas desovan, y el traslado y relocalización de los nidos. Este programa empezó en diciembre de 2012 y ha logrado recolectar más de 12 millones de pesos.
Celenys Ortega, bióloga y coordinadora de la iniciativa, dijo que la temporada de tortugas va de junio a septiembre. Durante esta época ella, junto con un grupo de cuatro jóvenes de la región, se encargan de garantizar la protección de las tortugas frente a las especies depredadoras.

Otro programa se traslada de la costa al páramo de Chingaza, un parque ubicado a una hora de Bogotá. Aquí desde el 2004 se comenzó un estudio de los osos de anteojos, una de las especies más valoradas por ser la única que habita en los Andes de Suramérica. El proyecto, avalado por la cadena BH, ha logrado recolectar más de 4 millones de pesos que están destinados a la compra de equipos especializados para el monitoreo de estos animales.
Según Paulina Castro, jefe del Parque Chingaza, “en estos cuatro años se ha aumentado el avistamiento de osos con sus crías. Para esto se requiere un mayor número de cámaras trampa, que son las que nos permiten verlos. Sabemos que hay osos pero no sabemos concretamente cuántos”. En el primer estudio elaborado en el 2010 se detectaron 14 individuos, sin embargo, los biólogos estiman que dentro del área protegida puede haber entre 40 y 50.

Hoy existen 16 cámaras trampa, pero para hacer una buena radiografía se necesitan de 80 a 100. Por eso, los hoteles y turistas que se unieron a esta campaña, “nos dan para comprar los equipos que permiten tener el reconocimiento de las especies”, resaltó Castro. Además, la inversión permitirá conocer cuáles salen del área delimitada, qué espacios se pueden cuidar para que sobrevivan y cómo se establece un plan de manejo del oso andino por parte de los campesinos para que no amenace a sus animales ni a su seguridad.

Finalmente, en el Casanare, lugar donde habita el caimán llanero y la tortuga charapa se da una tercera iniciativa. La Fundación Palmarito es la ejecutora del plan, de la mano con la cadena de hoteles GHL. De los tres proyectos éste es el más reciente, pues arrancó en noviembre del 2013 con algunas pruebas piloto.
Rafael Antelo, director científico de la fundación, dijo que en Colombia no sobreviven más de 200 caimanes porque los cazaron hasta extinguirlos. “El dinero lo reinvertimos en el cuidado de los animales. Los criamos en cautividad por uno o dos años para que se puedan defender de sus depredadores”.

La historia con las tortugas es similar, dado que permanecen incubadas por un año y luego son liberadas en el río Meta. En el llano participan las comunidades locales que reinvierten el dinero en programas de gestión que custodien a estas especies que, más temprano que tarde, desaparecerán si no se hace algo.
En suma, son tres mil pesos por la sierra, por el páramo y por los llanos. Nada más, tampoco nada menos.

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