6 Oct 2015 - 3:27 a. m.

Ideam: “El Niño ahora es fuerte”

El fenómeno climático evolucionó de categoría moderada a fuerte. Cuatro expertos analizaron los puntos críticos del país, cuando aún faltan seis meses de sequía.

Karen Tatiana Pardo

Que Colombia sea uno de los países más biodiversos del mundo y el tercero con mayor cantidad de agua dulce en el planeta no significa que el preciado líquido sea eterno. Los ríos, quebradas, lagos, humedales y embalses se están secando como consecuencia del intenso verano que azota al país, uno de los más fuertes en décadas y que irá hasta marzo del próximo año.

Más de 3.000 incendios forestales registrados en lo corrido del año, 92 mil hectáreas incineradas, 238 municipios con racionamiento de agua, ríos con niveles que superan los mínimos históricos, temperaturas que llegan a los 43°C, poniendo al límite la capacidad de resistencia del cuerpo humano, y un déficit de lluvias superior al 70% en las regiones Caribe y Andina. ¿Qué más nos puede esperar?

Ayer, en una declaración emitida desde La Vega, Cundinamarca, el presidente Juan Manuel Santos pidió a los colombianos ahorrar más agua y energía.

El Espectador habló con algunos expertos para conocer los escenarios más críticos que podría enfrentar el país durante los próximos meses, pues aunque octubre y noviembre serán los meses más lluviosos del año, serán insuficientes para que los ríos y bosques regresen a su estado natural.

Microcuencas, en crisis

Para el director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ómar Franco, uno de los mayores problemas radica en la poca atención que se les ha prestado a las microcuencas de los principales ríos del país.

“Si las microcuencas que abastecen nuestros ríos y ecosistemas se siguen interviniendo de manera irresponsable y desproporcionada, las consecuencias serán enormes en todos los sectores del país, desde el económico hasta el ambiental y el social. Inclusive aumenta la posibilidad de desbordamientos, inundaciones y pérdida de la biodiversidad”, dice.

De acuerdo con el Estudio Nacional del Agua 2014, en Colombia se transportan más de 300 millones de toneladas de sedimentos al año, se desechan 250 toneladas de mercurio en las cuencas hidrográficas, más de 700.000 toneladas de desechos orgánicos biodegradables y más de 900 toneladas de no biodegradables.

“A eso hay que sumar una distribución del agua desigual, pues en las áreas hidrográficas Magdalena-Cauca y Caribe, donde se encuentra el 80% de la población nacional y se produce el 80% del PIB nacional, se estima que está sólo el 21% de la oferta total de agua superficial”.

Esto quiere decir que las zonas que más están sufriendo las consecuencias del fenómeno de El Niño no son necesariamente las que más agua tienen para ofrecer, pero sí donde más se está utilizando (brindan el 83% del agua usada en todo el país).

“En el país se demandan 35.987 m³, que equivalen a llenar 28 veces el embalse de Betania, pero para 2020 esta demanda se va a duplicar, así que, si el Gobierno Nacional y las corporaciones autónomas regionales no aplican los planes de contingencia a tiempo, y los colombianos no somos conscientes de la necesidad de ahorrar y cuidar el agua, será muy difícil cubrir todas las necesidades”, dice Franco.

Reducción de agua para consumo humano

Richard Vargas, subdirector de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos y Desastres (Ungr), considera que debe prestárseles mayor importancia a los embalses del país, por lo que si los ríos disminuyen su caudal, como consecuencia de la escasez de lluvias, también se verá afectado el suministro de agua para consumo humano y riego.

A la fecha hay 238 municipios con racionamiento de agua y 300 más están en riesgo. Los departamentos de La Guajira, Bolívar, Valle, Caldas, Cundinamarca, Cauca, Magdalena, Boyacá, Cesar, Huila y Tolima son los más afectados.

En Cundinamarca, por ejemplo, la CAR advirtió que el 85% de los municipios presentan una disminución en las fuentes hídricas de las que se abastecen los embalses. El caso de Facatativá es de los más preocupantes, pues el embalse Mancilla, que se nutre del río Botello y la quebrada Mancilla, prácticamente está seco. Y el embalse Santa Marta, que tiene una capacidad de 220 mil metros cúbicos, ni siquiera alcanzó a llenarse por la falta de lluvias.

Como el municipio no implementó el plan de emergencia y contingencia a tiempo, luego de venir con una escasez de lluvia de ocho meses, el 70% del municipio se ha visto afectado y por ahora se abastece de pozos. Sin embargo, el servicio se presta por sectores debido a que sólo se producen 60 litros por segundo y se requieren 200.

“Pero no sólo es la reducción de agua para consumo humano y riego”, dice Vargas. “También habrá resequedad en la cobertura vegetal, problemas de movilidad en los ríos y aumento en los precios de algunos productos. Luego tendremos que prepararnos para el fenómeno de La Niña”.

Suelos improductivos

Los 45,4 millones de hectáreas que se encuentran bajo algún grado de erosión en el país, que representan el 40% del territorio nacional, preocupan a Juan Antonio Nieto, director general del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), así como le preocupa esta intensa ola de calor que ya deja 3.759 conflagraciones y 92.000 hectáreas de bosques, cultivos y pastizales totalmente afectadas.

Por causas asociadas a incendios forestales, minería ilegal, tala indiscriminada, remoción de suelos y mal uso de la tierra para cultivo y ganadería, hoy en día el país tiene la mitad de su piel enferma y frágil. De ese 40%, el 3% se encuentra con erosión severa, lo cual significa que el daño es irreversible, que la piel ha muerto.

“Después de un incendio, el suelo pierde su estructura y se convierte en un terreno compactado, improductivo. Ya no contará con la cadena trófica de materia orgánica, ni con la presencia de hongos, insectos, aves y mamíferos; en resumidas cuentas, se perderá la vida del suelo”, dice Nieto.

Para el experto, la situación de los suelos es preocupante porque podría afectar la producción agrícola y la seguridad alimentaria, “que luego los agricultores intentan solucionar con fertilizantes, pero lo único que hacen es generar gastos adicionales porque a mediano y largo plazo los suelos ya no pueden responder”. Adicionalmente, “los cuerpos de agua se contaminan, pues como la superficie de los suelos quedó hecha ceniza, y no hay nada que los proteja, llega una lluvia intensa y arrastra todo generando sedimentación en ríos, lagos, humedales y demás, que luego se traducen en inundaciones”.

Aumento en los precios

Según Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), “no habrá escasez alimentaria, pero algunos productos sí subirán sus precios por el fenómeno de El Niño, la especulación y la devaluación del peso frente al dólar”.

Todos los sectores se han visto afectados de alguna manera. La producción ha disminuido, al igual que la calidad de los alimentos, y el costo de la cosecha se ha incrementado por la aparición de plagas.

“Al agricultor le bajan el precio porque la calidad de sus productos no es tan buena (aunque haya tenido que gastar más dinero), y al consumidor le suben el precio por el fenómeno de El Niño”, dice Mejía. “Lo recomendable es empezar a variar en los productos que se consumen, sustituir unos por otros, dependiendo de la temporada de cosecha”.

El gremio algodonero ha informado que la cosecha de Tolima, Huila y Cundinamarca presentó un descenso del 10%. La productividad promedio de 2.800 kilos por hectárea se redujo a 2.520 k.

Los cacaoteros se han visto afectados por la sequía en ríos y quebradas que proveen el riego a los cultivos del Huila y podrían tener una reducción de más del 80% en la producción.

Fedepapa advierte de daños en el 20% de la producción por las heladas en Boyacá y Cundinamarca, lo que equivale a unas 200.000 toneladas afectadas. Asimismo, se les recomendó a los agricultores abstenerse de cultivar, pues no hay suficiente disponibilidad de agua para riego.

La Federación Nacional de Cafeteros indica que 90.000 hectáreas productivas tendrán algún grado de afectación por la sequía.

Asbama, la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira, ni siquiera ha alcanzado los niveles presupuestados para este año, pues hay una disminución del 4% en la producción de banano tradicional y del 15% en banano orgánico. La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales (Fenalce) reporta perdidas del 15% en el área sembrada en maíz tecnificado y del 19% en maíz tradicional. Y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) ya advierte sobre una disminución en la captura de peces.

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