7 Apr 2018 - 9:39 p. m.

La crisis venezolana amenaza al medio ambiente en Brasil

La ONU publicó un reporte en el que retrató la crisis medioambiental que puede generarse en el estado fronterizo de Roraima si las autoridades no toman medidas para atender a la población migrante.

Redacción VIVIR

El estado de Roraima, al norte de Brasil, podría enfrentar una crisis medioambiental si sus autoridades no toman las medidas necesarias para atender el enorme flujo migratorio que desde Venezuela llega cada día, dijo Dan Stothart, el encargado regional de la oficina de asuntos humanitarios y medioambientales para América Latina y el Caribe.

Stothart escribió en la página de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que “luchando para proveer los servicios básicos a su propia población, las municipalidades de Roraima ahora están batallando con los problemas medio ambientales asociados al mayor flujo migratorio de la historia reciente del Brasil”.

Y es que la ONU estima que al país han llegado más de 80.000 venezolanos huyendo de la crisis socioeconómica y la espiral de violencia que vive la nación gobernada por Nicolás Maduro.  Solo en Boa Vista, la pequeña capital de Roraima, y una de las ciudades más pobres de todo el Brasil, puede haber recibido ya a 40.000 venezolanos.

El oficial de las Naciones Unidas narró lo que vio en una visita a la ciudad: “varios refugios o campamentos han aparecido en Boa Vista. no son lugares en los que me gustaría quedarme: sobrepoblados, a veces con hasta cuatro o más veces de lo que permite su capacidad, sin espacio ni sanitarios, así como drenajes o servicios relacionados”.

Por ejemplo, uno de los refugios deben movilizar tres camiones llenos de los desechos de los pozos sépticos en un viaje de seis horas, unas dos o tres veces cada día, para poder limpiar el tanque del refugio diseñado para 200 personas, pero que hoy alberga 500. 

Además, ni el gobierno central de Brasil, ni el estatal ni el municipal han atendido las necesidades para cocinar de los migrantes, por lo que no les queda otra opción que talar los árboles que rodean Boa Vista. “Hasta que no se de la necesaria inyección de recursos que esta emergencia necesita, la comunidad no dejará de talar los árboles, lo que ya ha generado conflictos con la población nativa”, relata Stothart.

Para acabar de ajustar, la frontera está llena de acuíferos con poca profundidad que vienen agotando desde hace un tiempo. Las nuevas demandas de agua de los migrantes ha agravado aun más la escasez. 

Asimismo, muchos de los migrantes se están viendo forzado a trabajar en las minas ilegales e informales que pueblan la región, pues son los únicos lugares que los contratan. “Cada vez hay más reportes de venezolanos que arriesgan su vida en esta industria para sobrevivir”, relata el oficial de Naciones Unidas.

Finalmente, Dan Stothart señaló que es urgente que las autoridades volteen a mirar hacia la frontera entre ambos países, que se extienden por 2.200 kilómetros. “La huella medio ambiental de la emergencia está clara y los riesgos a la salud pública son significativos”, anotó.

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