2 Oct 2020 - 2:00 a. m.

La fotógrafa que registró la migración de ñus en África que no tuvo testigos

El espectáculo que congrega anualmente a centenares de turistas, este año, tuvo pocos espectadores debido a la pandemia del coronavirus. Patricia Martínez Sastre, fotógrafa española, registró este increíble momento.

Natalia Pedraza Bravo

Patricia Martínez Sastre es una fotógrafa de 28 años que nació en Madrid, España. Estudió periodismo y comunicación audiovisual, y desde muy joven se dejó cautivar por los trabajos de Sebastiao Salgado, Vivian Maeier y Lynsey Addario, fotógrafo y fotógrafas que han dedicado su vida a registrar parte de la historia del mundo.

Además, aunque ella nació en la capital española, sus padres son de Castilla y León, una zona al norte de España con paisajes fascinantes, que desarrollaron en ella el gusto por la imagen desde muy pequeña.

Al igual que a sus ídolos fotográficos, a Patricia le apasionan los temas antropológicos. Los rituales, las tribus indígenas y las luchas de género han protagonizado sus fotos durante años.

Pero hay un tema en particular que la conmueve, “el deseo de personas desempleadas y con pocas esperanzas de tener una vida más justa y mejor”, así describe ella a lo que también cree es el gran tema de nuestros tiempos: la migración.

Desde hace dos años escribe y hace fotos para la agencia de noticias EFE, donde ha cubierto temas en Israel y Palestina, y hoy es corresponsal en Kenia, África. Desde allí ha vivido la pandemia por coronavirus y a principios de agosto, a través de su lente, registró un evento que considera un privilegio: la migración de cientos de miles de ñus.

Aunque, en principio, este tema parecía lejano a lo que esta española ha registrado durante su trayectoria, en el cubrimiento se dio cuenta de que, en realidad, no era tan diferente.

Los ñus son mamíferos cuadrúpedos que solo existen en África. Aunque forman parte de la familia de los antílopes, su imagen es más cercana a la de un bovino. Tienen largas barbas que caen de su cuello, viven en manada y todos los años, entre julio y septiembre, el instinto los lleva a emprender un viaje de miles de kilómetros desde Tanzania hasta Kenia buscando alimento.

En el recorrido, los animales tienen que cruzar el río Mara, lugar al que Patricia llegó, en medio de la pandemia, para presenciar el majestuoso evento. “Tuvimos suerte porque esperamos muy poco. Hay amigos que han tenido que esperar hasta cuatro horas a que los animales crucen el río y, además, vimos tres cruces distintos”, explica.

Este espectáculo natural reúne todos los años a miles de turistas que acuden a la orilla del río para ver a los barbados animales cruzar, pero este año, por la pandemia, el evento se quedó sin espectadores.

Patricia y un grupo de colegas fueron algunos de los pocos afortunados que vieron cómo cientos de miles de estos animales se precipitan a las aguas del río con la esperanza de llegar a un destino que les garantice su supervivencia.

“Junto con los ñus también viajan algunas cebras. Es muy interesante analizar su comportamiento, ellas bajan de una forma muy elegante, mientras que los ñus un poco se despeñan. Parece que se les fuera la vida en ello, saltan, se sumergen. Es muy impactante ver a miles y miles de animales haciendo exactamente lo mismo, uno detrás del otro”, explica la fotógrafa.

Cada cruce dura apenas unos seis o siete minutos, pero es el tiempo suficiente para que alguien con la sensibilidad que otorgan los años dedicados a producir imágenes pueda ver miles de cosas que ocurren en pocos instantes.

Cruzar vivos el río no es la única preocupación que tienen los ñus. Patricia pudo ver cómo algunos depredadores aprovechan el espectáculo para alimentarse de los menos afortunados.

“Uno de los ñus se percató de que había un cocodrilo en medio del río e instintivamente dejaron de saltar, es la naturaleza pura y dura”, comenta.

Los que más peligro corren en estas situaciones son las crías. Al ser pequeños se mueven más lento y los depredadores los alcanzan más fácil, además, muchas veces perecen ante la estampida que generan los animales más grandes.

Patricia no solo se llevó imágenes, sino que también los sonidos se fueron con ella. Todavía retumban en su cabeza los ruidos de dolor de los ñus hembras que, al llegar al otro lado del río, se dieron cuenta de que sus crías no habían logrado cruzar.

“Todo esto me hizo pensar en cómo nos parecemos nosotros a los animales. Me recordó a los humanos cruzando fronteras, intentando sobrevivir. Moviéndose en familia e intentando protegerse unos a otros, aunque no siempre lo consigan”, confiesa.

Además, la experiencia dejó otra reflexión en ella, que conecta todavía más esta experiencia con sus trabajos con personas y comunidades.

Al ver miles de ñus, unidos, caminando y viajando en masa, Patricia pensó: “Esto es un privilegio, qué suerte que ellos pueden hacerlo ahora. Mientras la supervivencia de los ñus depende de avanzar, viajar, todos juntos en manada, la nuestra hoy se basa en separarnos”.

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