26 Mar 2012 - 9:48 p. m.

Las consecuencias de un desastre ambiental

El derrame de petróleo en el Golfo de México, en 2010, provocó grandes daños al ecosistema coral de las profundidades marítimas.

Redacción Vivir

Dos años atrás, la plataforma 'Deepwater Horizon', en el Golfo de México, explotó y derramó 4,9 millones de litros de petróleo durante tres meses. La empresa British Petroleum (BP), que encabezaba las operaciones en la zona, tuvo que responder judicialmente por los daños: el Gobierno de Estados Unidos la demandó y hace poco el conglomerado anunció que ya había pagado cerca de US$5.000 millones en indemnizaciones.

Ése es uno de los lados de la historia. El hundimiento de la plataforma también afectó la salud del medio ambiente marino. Este derrame, como cualquier otro de una magnitud similar, produce un alto daño en las aguas superficiales e interfiere con los ciclos normales de la vida acuática. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) asegura que el daño fue todavía mayor en las profundidades.

De acuerdo con la investigación, liderada por Charles Fisher, del departamento de biología de la Universidad de Estado de Pennsylvania, “los ecosistemas de las profundidades del Golfo de México están separados de la actividad humana, en la superficie, por 1.220 metros de agua, por lo que no se espera que los corales de aguas profundas se vean afectados por un derrame de petróleo típico. Sin embargo, la magnitud y profundidad del derrame de la plataforma 'Deepwater Horizon, hacen que este sea un caso muy diferente”.

¿Qué sucedió en concreto en las profundidades del Golfo de México? Con un robot, los científicos lograron acceder, en primer lugar, a nueve áreas cercanas al pozo Macondo, como se denominaba el lugar de trabajo de la BP. En ese lugar no encontraron nada extraño. Tiempo después trasladaron la zona de muestreo 11 kilómetros más allá del pozo. Fue entonces que, gracias a las imágenes capturadas, se dieron cuenta de que los corales y las estrellas no tenían tanto “color”. Estaban manchados de petróleo.

El daño fue provocado por una zona tapada, llamada surgencia submarina, en la que habían enterrado una determinada cantidad del crudo que se vertió en el mar. “Las colonias de coral presentan signos de estrés de forma muy generalizada, incluyendo varios grados de pérdida de tejidos —explicó Fisher en el diario El Mundo de España—, alargamiento de los escleritos (estructuras de carbonato cálcico que sirven como sustento del coral), exceso de producción mucosa, ofiuros (estrellas de mar) blanquecinos adheridos y una cobertura de un material marrón floculante”.

A través de las pinzas robóticas del Jason II, los científicos recogieron sedimentos y muestras del crudo, que luego analizaron con un proceso llamado cromatografía de gases integral de dos dimensiones. Esto les permite, por un lado, identificar los compuestos del petróleo y, por otro, encontrar su origen: la plataforma Deepwater Horizon.

Las pérdidas del derrame, para la BP, fueron millonarias. También lo serán, ahora, sus consecuencias.

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