8 Nov 2018 - 2:00 p. m.

Migración, contaminación y sequía presionan fuentes de agua para Cúcuta

Los ríos Zulia y Pamplonita, que abastecen a la capital de Norte de Santander y a municipios cercanos, carecen de plantas de tratamiento y su caudal tiende a disminuir. Mientras tanto, la llegada de miles de venezolanos aumenta la demanda.

Redacción Bibo

Las aguas residuales de Cúcuta y los municipios alrededor están siendo vertidas sin ningún tipo de tratamiento a las cuencas de los ríos Pamplonita y Zulia, las dos fuentes de agua más importantes para la capital de Norte de Santander. Mientras en Colombia el 47 % de las metas en relación con el tratamiento de aguas negras se han alcanzado, en este departamento no llegan ni al 10 %. 

De hecho, en 2017, Corponor (Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental) reveló que la presencia de bacterias fecales dentro del río Zulia pasó de 200 a 2.000 microorganismos por cada 100 mililitros de agua. Entretanto, el Pamplonita, del que depende el consumo de un millón de personas, es también el punto de descarga de los alcantarillados de siete municipios. 

Además, las alarmas se encienden con la nueva advertencia de la Organización Meteorológica Mundial: hay un 70 % de probabilidad de que un fenómeno de El Niño ocurra a finales de este año. Si durante la sequía de 2015, cerca de un millón de habitantes de Cúcuta vieron interrumpido el suministro de agua por la disminución en los caudales del Pamplonita y del Zulia, ¿cómo sería ahora con un nuevo Niño y la creciente llegada de venezolanos?

Sin duda, en el nivel de deforestación en ambas cuencas está la causa de la disminución de los caudales, y de que durante fenómenos extremos la sequía y el desabastecimiento tengan efectos más severos. 

En las cuencas del Zulia y del Pamplonita hay 1.748 hectáreas de tierras desnudas y degradadas, más 5 mil hectáreas de zona de extracción minera y 26 mil de pastos limpios. Si deja de llover, como lo pronostica la Organización Meteorológica Mundial con un probable fenómeno de El Niño, la cobertura vegetal no tendrá suficiente agua almacenada para mantener un caudal moderado en los ríos y enfrentar las sequías.   

Las presiones sobre la disponibilidad en cantidad y calidad del agua de la región fueron planteadas durante el primer Encuentro Regional por el Agua en Cúcuta. La iniciativa, liderada por El Espectador, Isagen, Bavaria y WWF, sirvió como espacio para que  la sociedad civil, la autoridad ambiental, la academia y el sector privado discutieran sobre el impacto ambiental y los retos que acarrean la contaminación, el fenómeno migratorio y otras problemáticas. 

Según Carlos Sanmiguel, coordinador del Recurso Hídrico de Corponor, el “crecimiento poblacional subnormal” aumenta la demanda de agua sobre las cuencas que abastecen a Cúcuta y sus alrededores.  

Y es que por el Puente Internacional Simón Bolívar cada día entran y salen más de 70.000 ciudadanos venezolanos. De ellos, 3.500 cruzan la frontera para no regresar a su país. Aunque buena –el 23 %– llega a Bogotá en busca de condiciones mejores que las de Venezuela, Norte de Santander es su segundo destino. 

Allí, Migración Colombia ya cuenta a 151.803 ciudadanos para quienes las paradojas del gobierno de Nicolás Maduro se hicieron insostenibles. Con ese escenario, la gobernabilidad y el acceso a recursos básicos en Cúcuta y su área metropolitana se han complicado. Solo en esa capital, la población se incrementó en 37.000 habitantes por cuenta del fenómeno migratorio, mientras en el municipio vecino de Villa del Rosario, el 23 % de la gente es venezolana. 

En busca de soluciones 

Durante el Encuentro Regional por el Agua, los participantes coincidieron en que, frente a escenarios como los descritos, el cuidado de las cuencas de los ríos Zulia y Pamplonita es una prioridad para Cúcuta y Norte de Santander. 

Para cumplir esa meta, identificaron tres retos: mantener e incrementar la cobertura  de páramos y bosque en las partes alta y media; generar un modelo de gestión integral del agua con los actores que tienen responsabilidad compartida, y estructurar un sistema para el conocimiento y monitoreo de las variables que la dan sostenibilidad a las cuencas. 

Para lograr lo anterior, Holger Assaf , asesor ambiental de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Cúcuta, destaca que con las particularidades actuales de la región se hace aún más prioritario reconocer los procesos colectivos para la toma de decisiones en la gobernanza y aplicar procesos para otorgar concesiones más transparentes en los alrededores de las cuencas, que le den prioridad al consumo humano de agua. 

Jorge Eliecer Soto, miembro del consejo directivo de Corponor y representante de las ong ambientales del departamento, considera que la autoridad ambiental debe llegar con más fuerza a las familias campesinas que están ubicadas al lado de los páramos de Santurbán y Fontibón, donde nacen los ríos Zulia y Pamplonita, respectivamente.  

“Toca arrancar las soluciones desde arriba, desde el páramo, desde donde están los nacientes y donde los campesinos se debaten entre conservar, o seguir con la agricultura y permitir la minería”, expresa Soto, para quien solo así mejorarán las condiciones en la parte media y baja de las cuencas. 

En ese sentido, añade, los incentivos para los campesinos que habitan en los linderos de ambos páramos tendrán que ser más atractivos y provenir de nuevas fuentes de financiación, como un fondo para proteger las fábricas de agua de Norte de Santander.

Soto también destaca que la participación de los agricultores será determinante en los próximos ocho meses, plazo que dio la Corte Constitucional para presentar una nueva delimitación del páramo de Santurbán, y cuyas negociaciones con la comunidad se reanudarán en enero próximo. 

En eso coincide Sergio Niño, de la subdirección de Recursos Naturales de Corponor. Para él, si Norte de Santander y Cúcuta logran construir ordenamientos territoriales a partir de la gente, haciendo uso, por ejemplo, de imágenes satelitales de software gratuitos para realizar delimitaciones, los modelos de gestión del agua sean más aterrizados a la realidad de la región. 

A lo anterior se suma la necesidad de que, desde el Gobierno Nacional y su construcción de un Plan Nacional de Desarrollo, se lance una iniciativa contundente para restaurar y conservar las cuencas que abastecen de agua a los colombianos, y en la que Cúcuta sea una prioridad. Finalmente, no solo está en juego el abastecimiento de agua de manera estable, sino la competitividad del Norte de Santander. 

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