10 Mar 2015 - 3:20 a. m.

Mordiscos ilegales a la Ciénaga Grande

Más de 17 kilómetros de diques han sido construidos ilegalmente en el complejo lagunar más grande de Colombia. Inmensos cuerpos de agua están siendo transformados en fincas.

Pablo Correa

Lo que está sucediendo al sur de la Ciénaga Grande de Santa Marta es grave. Más de 17 kilómetros de diques y terraplenes interconectados han sido construidos ilegalmente para transformar una gran extensión de frágiles lagunas, caños y pozos en tierras para pastos, ganado y agricultura. Una fracción de estas construcciones se encuentran dentro de un parque nacional.

Nadie sabe con certeza quién o quiénes son los responsables de los mordiscos ilegales a la ciénaga, que fue declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera y también es considerada un sitio Ramsar por su importancia estratégica para el planeta. En Santa Marta se cree que son herederos o personas cercanas al jefe paramilitar Salvatore Mancuso. Lo cierto es que la zona del sur de la Ciénaga Grande ha estado desde hace muchos años dominada por grupos ilegales.

El plan ilegal y silencioso para apoderarse de una parte de la ciénaga fue descubierto el pasado 2 de diciembre, en un sobrevuelo que realizaron agentes de la Policía Nacional, la Fuerza Aérea y funcionarios de Parques Nacionales. La inspección pretendía entender mejor a qué se debían los inusuales incendios que se venían presentando en la región. Todos quedaron sorprendidos al descubrir el avance de maquinaria pesada con el objetivo de extender la frontera agrícola sobre uno de los ecosistemas más valiosos de Colombia. Un grupo de viviendas fue identificado en lo que parecen ser terrenos de la hacienda Los Patos.

La técnica que están utilizando los empresarios ilegales es la misma que se aplicó años atrás en la desembocadura del río Aracataca y en otros humedales del país. Primero se construyen diques y terraplenes que cercan los cuerpos de agua, como el que ya separa el caño Condazo del caño Ratón en esta zona. Una vez desconectada la zona del resto de humedales, la vegetación comienza a morir y provoca una quema masiva. Finalmente se siembran pastos para sellar la transformación del ecosistema.

Tras el sobrevuelo, los funcionarios de Parques Nacionales redactaron un informe sobre la situación, que calificaron como “de peligro de daño grave e irreversible”. Argumentaron que “la construcción de obras civiles de gran envergadura como las que se encuentran descritas se constituyen en un tensionante de primer orden y con repercusiones directas sobre la estructura y funcionamiento del sistema natural, produciendo alteraciones de los flujos de agua en la ecorregión y degradación del sistema, particularmente del humedal y del ecosistema de manglar asociado a éste”. El informe, que no había salido a la luz pública, fue revelado ayer por el abogado y periodista samario Alejandro Arias.

Voceros de Parques Nacionales confirmaron la veracidad del informe y la preocupación de la institución por la dimensión del problema. “Eso genera problemas muy serios en el área protegida del Santuario de Flora y Fauna Ciénaga Grande de Santa Marta, por las conexiones que debe haber de agua entre todos los caños y humedales”. Una fracción de los diques y vías carreteables han sido construidas en terrenos del parque nacional.

Los serios problemas de seguridad han impedido tener un mejor entendimiento de lo que ocurre. Para frenarlo y reversarlo se necesita, según los voceros de Parques Nacionales, una acción conjunta entre la Policía, la Infantería de Marina, el Ejército y la autoridad ambiental directamente responsable, que es la Corporación Autónoma Regional del Magdalena. El Espectador pudo establecer que hasta ahora sólo se ha convocado a un par de reuniones, sin que exista un plan real para poner orden en la zona.

 

pcorrea@elespectador.com 

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