30 Jan 2020 - 2:00 a. m.

“No poo”, la tendencia que pretende acabar con el champú tradicional

Aunque para algunos no lavarse el cabello durante meses puede sonar absurdo, hay un nuevo movimiento que afirma que los químicos del champú no son de fiar. Sus seguidores aseguran que han durado meses e incluso años sin usar este cotidiano producto.

Natalia Pedraza Bravo

¿Podría durar tres años sin lavarse el pelo? Eso proponen algunos “influenciadores” en redes sociales, quienes aseguran que lo han hecho. La tendencia se llama “no poo” y es un juego de palabras para decir de otra manera “no shampoo”, pero “poo” en inglés también significa “popó”, y quienes se han adherido al movimiento dicen que los champús tradicionales son solo eso: mierda.

Hay varias razones por las cuales esta tendencia ha ido ganando adeptos, pero la mayoría de las teorías apuntan a evitar daños en la salud y el medio ambiente. Algunos invitan a usar alternativas más “naturales” como bicarbonato de sodio y vinagre, bajo la creencia de que los humanos no deberían utilizar nada que no se puedan comer. Otros son más radicales. Eliminan por completo el champú y solamente se lavan el cabello con agua.

Una de las principales creencias que se ha forjado alrededor del champú es que, por sus componentes, se pueden desarrollar problemas de salud tan graves como el cáncer. Los seguidores señalan tres componentes de forma sistemática como los causantes de estos males: parabenos, sulfatos y siliconas.

Los parabenos han sido cuestionados en varias ocasiones. En 2011, el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Unión Europea (SCCS por sus siglas en inglés) expresó, luego de analizar estas sustancias, “preocupación por los posibles efectos de modificación endocrina de los parabenos de mayor longitud de cadena”. Esto quiere decir que, efectivamente, hay un tipo de parabenos que pueden causar alteraciones hormonales. Se trata de los parabenos de cadena larga.

En Europa, se prohibió su uso en cosméticos después de publicar sus posibles efectos dañinos en esa investigación. Y, en Colombia, se implementaron las mismas medidas desde 2017, luego de que se aprobara la resolución 1905 de la Comunidad Andina. Además, este tipo de compuestos han sido señalados de estar relacionados con el desarrollo de cáncer, sobre todo de seno.

Un estudio realizado por la División de Biología Celular y Molecular de la Universidad de Reading en Reino Unido, en 2014, encontró rastros de parabenos en tumores mamarios. Pese a los análisis, la Sociedad Americana Contra el Cáncer insiste en que no hay estudios suficientes que relacionen los parabenos con esta enfermedad.

Otro de los ingredientes del champú que está en el ojo del huracán es la silicona. Estos compuestos son usados, generalmente, en cosmética como emulsificantes; es decir, para hacer que se puedan mezclar algunas sustancias que naturalmente son difíciles de combinar. Son las menos satanizadas y, hasta el momento, no hay ningún estudio que compruebe su influencia en el desarrollo del cáncer.

Los sulfatos llevan la peor fama. Son los encargados de limpiar la piel y el cabello, pero son acusados de causar problemas de salud, que van desde irritaciones hasta cáncer. Aunque un estudio realizado por la Universidad de Ámsterdam en 2018 demostró que, en efecto, estas sustancias pueden resultar irritantes si se ponen sobre la piel durante un periodo de tiempo prolongado o si se utilizan en concentraciones muy altas, no hay evidencia de que puedan causar cáncer.

A pesar de todos los supuestos sobre el posible efecto en la salud que el champú puede causar, en 2013 la Academia Española de Dermatología y Venerología publicó un comunicado titulado “No poo: una tendencia peligrosa”, en donde desaprueban algunos de los métodos impulsados por este movimiento. “El champú elimina la grasa producida por las glándulas sebáceas, donde quedan atrapadas las células muertas del cuero cabelludo, la suciedad, o las sustancias que apliquemos en él, como lacas, gominas. La grasa o sebo debe eliminarse periódicamente por razones que van más allá de lo meramente estético, ya que supone una importante fuente de microorganismos que pueden favorecer las infecciones”, indica el comunicado.

Luego, continúa con una advertencia sobre el uso del bicarbonato como alternativa, ya que este “tiene un pH más alcalino que el del cuero cabelludo, y quizá pueda producir irritación. Su uso continuado puede decolorar el cabello”. Es así como, hasta el momento, el champú ha resultado ser inocente de causar algún daño significativo a la salud, aunque de sus efectos negativos al medio ambiente no puede decirse lo mismo.

La mayoría de los compuestos del champú son derivados del petróleo, y extraer este hidrocarburo implica un gasto importante de energía y agua que, en efecto, causa un impacto ambiental negativo. Además, la mayoría de los empaques son hechos de polietileno de alta densidad, también conocido como plástico tipo 2 o HDPE.

Aunque este es un material plástico que se puede reciclar, realmente es muy poco el que llega a ser reutilizado. Según cifras de WWF, en Colombia se consumen 1’250.000 toneladas de plástico al año, de las cuales solo se recicla el 8 %; es decir, alrededor de 100.000 toneladas.

Otro argumento importante que usan los seguidores de la tendencia no poo es que están en contra de las pruebas cosméticas hechas en animales. Según un listado de la organización PETA, actualizado en enero de 2020, marcas como Head & Shoulders, Pantene, Revlon, Schwarzkopf, Clean and Clear, Garnier, Johnson & Johnson, Kerastase, L’Occitane, Neutrogena, Nivea, Olay y Vichy realizan pruebas en animales en al menos una etapa del desarrollo de su producto.

En Colombia hace trámite en el Congreso un proyecto, impulsado por el representante Juan Carlos Lozada, que prohíbe el testeo en animales para producción de cosméticos. La iniciativa ha tenido gran acogida y solo resta un debate para que sea ley. Esa discusión se retomará en marzo próximo.

Es por esto que se han creado nuevas alternativas libres de crueldad, e incluso algunas libres de sulfatos, parabenos y siliconas, si es que todavía quedan dudas de sus posibles efectos adversos. Una de ellas, es quizá, el champú sólido o en barra. Son muy parecidos a un jabón de tocador y la mayoría de los que se encuentran en el mercado, tienen tensioactivos “naturales”, que son surfactantes y tienen diferentes funciones, como limpiar la piel y el cabello, generar espuma y actuar como antimicrobiano.

Sin embargo, es muy difícil garantizar que un champú sea 100 % natural, pues, según el químico cosmético Perry Romanowski, hasta ahora no existe un árbol de champú y todos sus ingredientes son, en menor o mayor medida, químicamente procesados.

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