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No son solo incendios provocados: los otros factores detrás de las llamas en Tolima

Más de 27.000 hectáreas se han quemado en Tolima durante las últimas semanas. Aunque el presidente Abelardo de la Espriella asegura que han sido “provocados”, algo en lo que coinciden varias autoridades, investigadores y académicos piden contemplar otras variables como la transformación de los ecosistemas y hacen un llamado para mejorar la prevención mientras se acercan los meses más críticos del fenómeno de El Niño.

Fernán Fortich

24 de agosto de 2026 - 08:41 p. m.
Desde principios de agosto, los incendios han afectado especialmente a los municipios de Ortega, San Luis, Guamo, Coyaima y Chaparral.
Foto: Cortolima

En los últimos días, los incendios forestales en Tolima han generado conmoción en el país por las imágenes que ha dejado la emergencia, con cerros y campos completos arrasados por las llamas.

El principal dato que sirve para dimensionar la emergencia es el ritmo con el que han crecido las hectáreas quemadas por los incendios que se intensificaron a mediados de este mes. Mientras que para el martes 18 de agosto la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) reportaba 8.500 hectáreas afectadas por las llamas, para la tarde del sábado la cifra superaba las 22.000. Al cierre de esta edición ya son más de 27.000. Para hacerse una idea, esta superficie equivale a cerca del 68 % del área urbana de Bogotá.

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Olga Alfonso, directora de Cortolima, admite que las labores en el terreno han sido frustrantes. “Tenemos miles de hectáreas de pastos, de bosques y, entre otros, de cultivos afectados, así como de fauna y flora, a pesar del apoyo de organismos de socorro, la fuerza pública y el Gobierno Nacional. Es un asunto complejo, pues resolvemos incendios, pero estos vuelven a prenderse”, asegura la funcionaria en conversación con este diario.

Lo invitamos a leer: Lo que le espera a la Amazonia con la llegada de El Niño.

Como ha reiterado Alfonso en los últimos días, la mayoría de estas conflagraciones son provocadas. “Equipos técnicos de bomberos nacionales han indicado que el color del humo es muy oscuro, y eso podría indicar que son eventos provocados por combustibles”, agrega.

Así lo corrobora Yesid González, director de la Asociación de Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible (Asocars), quien indica que “más del 90 % de los incendios forestales en el departamento del Tolima son causados por la acción humana. Uno de los factores es el desconocimiento de la gestión del fuego, por lo que se debe crear mayor cultura en este aspecto e implementar las acciones como la prohibición de quemas”.

Frente a esto último, el gobierno de Abelardo de la Espriella ordenó reforzar la presencia de la Fuerza Pública en San Luis, Coello y Suárez, algunos de los municipios más afectados por los incendios. “Asimismo, le he dado la instrucción al director de la UNGRD de solicitar de inmediato apoyo internacional a Chile y a Estados Unidos para combatir y sofocar estos incendios. Ambos países cuentan con amplia experiencia y capacidades especializadas en el manejo de grandes incendios forestales”, aseguró el mandatario, a través de su cuenta de X, en la tarde de este lunes.

Por su parte, el Ministerio de Ambiente emitió el pasado 21 de agosto una resolución en la que suspende temporalmente las quemas abiertas controladas en zonas rurales de Colombia utilizadas para preparar suelos agrícolas, manejar rastrojos y controlar los efectos de las heladas.

Lo cierto es que, como nos comentaron varios expertos y funcionarios consultados, si bien en el mundo la mayoría de los incendios forestales tiene orígenes antrópicos (es decir, relacionados con las actividades humanas), los incendios que se están extendiendo por el país revelan la alta vulnerabilidad de que ocurran estas conflagraciones.

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Solo falta la chispa

Uno de los factores que ha exacerbado los incendios ha sido la variabilidad climática que ha registrado en 2026 en Colombia. Al menos así lo describe Carolina Rueda, subdirectora de Meteorología del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). “Estamos entrando en un fenómeno de El Niño que no solo será ‘muy fuerte’, sino que podría ser el más fuerte desde que se tiene registro en la era industrial”.

Como lo hemos explicado en varias notas, este fenómeno meteorológico, que provoca la disminución de las lluvias en gran parte de Colombia y el continente, está relacionado con el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, se intensificaría en los próximos meses. Aunque los próximos meses serán los más críticos, el Ideam aseguró que ya han registrado una disminución en las precipitaciones en la región Andina, en particular en sectores de Tolima, Huila y Cundinamarca, así como en el Caribe, donde han registrado temperaturas con valores más altos que los del histórico.

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“Aparte de esto, ya veníamos de una temporada de menos lluvias, en la que en abril no llovió como se esperaba, y lo mismo pasó en julio. Entonces llega el fenómeno de El Niño con un déficit de varios meses, lo que hace que tengamos suelos secos, que favorecen estos incendios y que tengan una mayor afectación territorial”, indica Rueda, del Ideam.

Catalina González, profesora del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, agrega que " este año es excepcionalmente seco, por las condiciones de un fenómeno de El Niño ‘muy fuerte’, y esto es crítico, pues en años anteriores gran parte de la pérdida de cobertura de bosque ha estado asociada con incendios forestales“.

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Paisajes afectados por incendios en Tolima.
Foto: Cortolima

A este panorama, Tania Marisol González, profesora de la Universidad Javeriana, que ha investigado incendios forestales en los últimos diez años, agrega otros factores que estarían influyendo en los incendios que se están presentando. “Un elemento central es que tenemos paisajes transformados. Los ecosistemas no solo están fragmentados, sino degradados y con presencia de especies exóticas, que hacen que, de manera global, sean más vulnerables al fuego”, sintetiza.

Lo mismo opina Omar Melo, decano de la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad del Tolima, quien indica que la transformación del paisaje, como la ampliación de zonas agrícolas, ha disminuido la conectividad de los paisajes, y “esos cambios del uso del suelo explican en gran medida esas facilidades para la programación de fuegos forestales”.

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Estas vulnerabilidades, agrega Melo, ocurren en un ecosistema amenazado y con vulnerabilidad para el fuego. “No podemos olvidar que el departamento está cubierto de ecosistemas del Valle del Alto Magdalena, que se conoce como ‘tierra caliente’. Allí los bosques, en época de sequía, botan sus hojas como mecanismo de supervivencia. Y esto sirve como combustible, que se suma a los vientos y a las altas temperaturas, que queman con alta facilidad ante cualquier chispa, como lo pueden ser quemas agrícolas”, indica el decano de la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad del Tolima.

Por su parte, González, de la U. de los Andes, indica que es un escenario en el que debemos prepararnos, pues “ante la poca disponibilidad de agua, tenemos menos de estos recursos para atender incendios”.

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Cómo prepararse para lo que viene

La sequía en Colombia va para largo. Según estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), se espera que la sequía asociada con el fenómeno de El Niño tenga su mayor intensidad entre finales de 2026 y principios de 2027.

“Estamos en una situación muy compleja. La resiliencia se verá en las acciones de adaptación que implementemos, pues estos factores de riesgo no van a desaparecer. El reto para nosotros como sociedad es definir qué medidas pondremos en marcha”, indica Rueda, del Ideam.

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Para González, investigadora de la Javeriana, es fundamental fortalecer la prevención de los incendios para no depender de la atención de estas emergencias. “Lo que necesita Colombia es manejar integralmente estos incendios; es decir, reconocer el fuego desde su perspectiva ecológica, cultural y productiva para poder activar medidas preventivas en todos los municipios”, señala. “Otro elemento clave es identificar las partes del país en donde es mayor el riesgo, no solo en extensión, sino en dónde estos eventos tienen efectos más negativos para los ecosistemas y para las poblaciones”.

En línea con esto, Melo, de la Universidad del Tolima, asegura que es clave desarrollar sistemas de alertas tempranas de manera local. “Cuando hablamos de incendios, los primeros 30 minutos son determinantes para atender estas emergencias. Hay que entender que los incendios forestales son catastróficos, y cuando crecen en magnitud, en ninguna parte del mundo se tiene la capacidad para controlarlos”.

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Ambos investigadores coinciden en que es fundamental avanzar hacia la pedagogía en el país sobre los impactos que pueden tener las quemas en los territorios, y poder dar herramientas para que se pueda usar el fuego de manera segura en las prácticas productivas y culturales en Colombia.

González, de Asocars, pone sobre la mesa otro reto que suele pasar desapercibido luego de los incendios forestales: cómo atender los efectos en los suelos calcinados en varios ecosistemas del país. “A largo plazo, lo que se ha visto es la erosión y degradación severa del suelo, dejándolo expuesto a la desertificación y vulnerable a deslizamientos cuando regresen las lluvias; la alteración de los ciclos hídricos por la destrucción de vegetación nativa que regula el ciclo del agua y, entre otros, la lenta recuperación de ecosistemas y pérdida de biodiversidad que puede tardar décadas en regenerarse”, sostiene el director de Asocars.

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Como concluye Melo, de las U. del Tolima, quien ha participado en procesos de restauración de ecosistemas afectados por incendios, “será fundamental esperar que llueva. Una vez retorne el agua, se verá el potencial que tienen los ecosistemas para recuperarse, y pensar en acciones de restauración”.

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Por Fernán Fortich

Periodista con enfoque en temas ambientales, posthumanistas y sociales.@fernanfortichrffortich@elespectador.com
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