30 Apr 2020 - 11:25 p. m.

Por qué vale la pena conservar la “infraestructura” natural del planeta

La humanidad enfrenta desafíos concretos que ameritan soluciones complementarias y, en muchos casos, distintas a las convencionales. Ya es tiempo de entender que las Soluciones basadas en la Naturaleza trascienden un discurso del sector ambiental o científico y son una oportunidad real para resolver problemas sociales apremiantes.

* Redacción Medioambiente

Mucho se ha discutido sobre la crisis climática y la pérdida de biodiversidad que enfrenta el planeta. En estas mismas páginas se ha escrito durante años, de forma detallada, sobre la presión y transformación que el ser humano ha ejercido históricamente en los ecosistemas y los impactos que esto tiene en la vida humana. Hoy, es claro que una desaparición de umbrales sanos ha desencadenado situaciones como la actual, pero también resulta oportuno preguntarse: ¿qué tanto impulso y decisión se ha tenido para lograr los cambios que necesita- mos desde las personas?

“Nos hemos alejado del sistema del cual hacemos parte; aunque lo somos, no nos ve- mos como un elemento más de la naturaleza. Nos entende- mos como la especie dominante y eso nos ha llevado a una maximización de beneficios a costa de ella”, decía Manuel Pulgar-Vidal, exministro de Ambiente en Perú y actual líder de la práctica de clima y energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el pasado 10 de marzo en su charla de cierre a la cátedra abierta Nuestro Futuro, organizada por la Universidad de los Andes.

No son exageradas sus palabras y vale la pena recordarlo porque, a pesar de los esfuerzos actuales, la biodiversidad se está deteriorando en todo el mundo a un ritmo sin precedentes en la historia humana. Existen ocho millones de especies de plantas y animales conocidas en el mundo y, al menos, un millón de ellas está en peligro de extinción. Y si hablamos de cambio climático, el panorama no es alentador. Si solo confiamos en los compromisos climáticos actuales del Acuerdo de París, es posible que las temperaturas aumenten 3,2 °C este siglo, incluso se habla de un incre- mento de 4 °C, cuando la ciencia ha advertido que la el límite más seguro es de 1,5 °C.

Y lo cierto es que los daños ya causados no se van a revertir. Como señaló Pulgar-Vidal en su conferencia, es indispensable “adaptarnos a estas nuevas realidades del planeta”y actuar con celeridad para evitar mayores niveles de vulnerabilidad para nuestra especie. La pérdida de glaciares, por ejemplo, es una realidad que, para Colombia, se dará en solo diez años. Según el Ideam, el último de los nevados probablemente desaparecerá en el 2030. Además, tendremos que aceptar y enfrentar el colapso de otros ecosistemas.

Los problemas ambientales se han planteado de una forma clara y contundente, pero separada, y las acciones están todavía muy lejos de abordarse como lo necesitamos. Clima, naturaleza y personas forman en la actualidad un círculo vicioso: las actividades humanas impulsan el cambio climático y este, a su vez, impulsa la pérdida de la naturaleza. Entender el potencial real de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) como parte de esa respuesta integral que pide a gritos el planeta es una deuda que debemos saldar rápidamente, pues de eso depende nuestra supervivencia.

Cuando hablamos de SbN nos referimos a todas esas acciones dedicadas a la protección, el manejo sostenible y la restauración de ecosistemas naturales o transformados para resolver problemas o desafíos sociales, además de generar beneficios para la naturaleza y el bienestar humano. Es decir que estas intervenciones, que pueden aplicarse en ecosistemas terrestres, marinos o de agua dulce, entre otros, deben ser efectivas y cuantificables. Aunque el mundo científico habla de ellas desde el 2000, solo en los últimos años se establecieron lineamientos claros para su desarrollo. Hoy, ya están ganando suficiente atención en las agendas políticas ambientales.

Entre los principales se cuentan: seguridad alimentaria, seguridad hídrica (disponibilidad de agua), salud humana, disminución en el riesgo de desastres y cambio climático. Todos son desafíos que afectan directamente la supervivencia del ser humano y que son causados por sistemas de producción y consumo insostenibles. Analicemos algunos de ellos.

Alimentos

Todo lo que comemos proviene de la naturaleza. Hoy, sin embargo, se pierden o se desperdician casi el 30 % de los alimentos que se producen. Al hacerlo también desperdicia- mos todos los recursos naturales que se utilizaron en el proceso: el 70 % del agua, el 40 % de la tierra y el 30 % de la energía disponible.

Nuestro sistema alimentario es ineficiente y tiene una gran huella para el planeta: es responsable del 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. En la actualidad, se produce lo suficiente para alimentar a la población mundial, pero 815 millones de personas pasan hambre y 2.000 sufren de desnutrición.

Parte de la solución está en diversificar las dietas. En la actualidad, solo doce especies de plantas y cinco de animales constituyen el 75 % del suministro mundial de alimentos. Es preciso incluir prácticas más sostenibles en la agricultura y ganadería, así como mejores hábitos de consumo: menos alimentos importados, por ejemplo.

Salud

La destrucción y degradación de los bosques exponen a los seres humanos a nuevas formas de contacto con virus, parásitos, bacterias y hongos, entre otros microorganismos que viven en las miles de especies silvestres que habitan en estos ecosistemas.

“La pérdida de la naturaleza y el surgimiento de las pande- mias: protegiendo la salud hu- mana y planetaria”, un reciente informe del WWF, asegura que el cambio de uso de la tierra, incluida la deforestación y la modificación de los hábitats naturales, es responsable de casi la mitad de las enfermedades emergentes. Nuestra salud está ligada a la salud del planeta.

Protección frente a desastres

Ecosistemas bien manejados como arrecifes de coral o manglares pueden repararse a sí mismos cuando tienen buena salud. Protegerlos, en vez de recurrir solo a malecones o diques, por ejemplo, es aplicar una solución basada en la naturaleza frente a desastres y amenazas, que además generan múltiples beneficios: capturan carbono, fortalecen los medios de subsistencia de comunidades locales, mejoran la producción pesquera y la calidad de agua, y disminuyen su vulnerabilidad frente al au- mento en el nivel de mar.

Colombia es el segundo país con mayor cantidad de manglares en Suramérica y estos importantes ecosistemas actúan como una barrera natural contra tormentas, además son el sustento para comunidades de la costa Pacífica nariñense, que dependen de especies como la piangua (molusco) y los cientos de especies de peces que encuentran refugio en estos ecosistemas.

Agua limpia

En Colombia, gracias a una perfecta articulación natural entre los páramos, los bosques y las planicies, los ríos nos brindan agua para beber y consumir todos los días. Estos ecosistemas, sin embargo, son cada vez más vulnerables debido a las graves consecuencias de la contaminación, los asentamientos humanos inadecuados y la deforestación descontrolada.

Los humedales son otra fuente principal de agua dulce para el consumo y el riego de cultivos, además nos proporcionan recursos pesqueros, materias primas como fibras y madera, alimentos y principios activos de muchas medicinas. Por desgracia, se estima que desaparecen tres veces más rápido que los bosques.

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