23 Mar 2018 - 8:46 p. m.

Proponen un impuesto a la carne de res para reducir su huella de carbono

Los recursos recolectados irían a la atención en salud de la población

Redacción VIVIR

El Farm Animal Investment Risk & Return es una red de inversionistas avaluada en 4 trillones de dólares. El FAIRR es recordado porque su discurso durante la COP23, celebrado en Bonn, Alemania, el año pasado, era un grito por poner a las “vacas sobre los carros”. Su argumento es que los países que quieran reducir sus emisiones de carbono tienen que empezar a pensar seriamente en su población bovina.

Según el FAIRR, la cantidad de Gases de Efecto Invernadero por actividades agrícolas (GEI) de los 10 países más contaminantes equivale a 1.6 billones de barriles de petróleo.

Ante este panorama, el FAIRR tiene una osada propuesta: aumentar el costo de la carne de res a través de un impuesto que obligue a los consumidores a cambiarse de proteína.

Según el reporte, reseñado por el diario La República, este tipo de impuestos ya está siendo estudiado en Dinamarca, Alemania y Suecia (aunque ninguna se ha concentrado como policía pública). El estudio menciona cinco consecuencias del consumo de carnes: emisiones de gases de efecto invernadero, incremento en la tasa global de obesidad, amenaza a la disponibilidad del agua y el alimento y el aumento de la deforestación.

Este último punto es sobre todo cierto en Colombia, en donde perdimos 178.000 hectáreas de bosque solo en 2016, de cuerdo el IDEAM, y aunque no se sabe qué porcentaje corresponde a ganadería extensiva, acaparamiento de tierras o a actividades agrícolas, se ha dicho insistentemente que el mercado de la carne de res tiene que ver con la conversión de los bosques a pastizales para las vacas.

Según la República, los investigadores de Fairr aclaran en el informe que para que se imponga este tipo de impuestos es necesario que se llegue a un consenso de que el producto o actividad en cuestión produce daños en la sociedad. Luego de asumir este impacto, se debe analizar qué tan costoso es el daño para un grupo de personas en específico (entiéndase país), lo cual permite estimar un valor impositivo, como sucedió con el tabaco y con el azúcar.

El impuesto, además de polémico, tendría unos problemas prácticos para afrontar. El diario colombiano cita a Josef Schmidhuber, subdirector de la división de comercio y mercados de la FAO que manifestó que el impuesto “es una mala idea porque se penaliza a quienes más necesitan consumir carne, es decir, a los más pobres”.

Hace once años, la FAO advertía sobre el papel de la ganadería y el consumo de carne en la emisión de gases de efecto invernadero. En su informe “La larga sombra del ganado”, esa organización calculcó que las vacas son responsables del 18% del CO2 emitido a la atmósfera. No es este gas el que emiten las vacas. Son responsables del 65 por ciento del óxido nitroso que emiten las industrias. Es un gas con un potencial de calentamiento global (GWP, por sus siglas en inglés), 296 veces la del CO2, aunque su cantidad es muy inferior. La mayor parte, además, es emitido por la naturaleza sin intervención humana. El ganado es también responsable del 23 por ciento de las emisiones de metano (23 GWP) inducidas por la actividad del hombre. También calculó que en la actualidad, según el informe, el ganado utiliza el 30 por ciento de la superficie de la tierra, la mayor parte de la cual está destinada a pastos.

¿La solución para reducir nuestra huella de carbono es grabar el consumo de carne o volvernos vegetarianos? Según un artículo de la revista Quartz, la solución no es tan sencilla. “Las plantas (generalmente) requieren menos recursos para producir y resultan en menos emisiones y otras consecuencias ambientales dañinas. Desafortunadamente, la mayoría de las plantas de alimentos en este país se cultivan en sistemas intensivos en recursos que gimen bajo el peso de un consumidor global implacablemente exigente, o en entornos mayormente artificiales que causan estragos en el suelo y la ecología más amplia, aunque no en el grado y escala de los sistemas que producen carne industrial. Dada la forma en que cultivamos alimentos hoy en día, es más exacto decir que las dietas vegetarianas son "menos horribles", no "mejores" que las dietas omnívoras”.

Un reciente informe de la BBC se hizo la siguiente pregunta: ¿qué carne comer para generar el mínimo impacto ambiental? Las vacas que consumen hierba generan más gas metano que las que crecen alimentadas en galpones con maíz y hormonas, sin embargo, eso presenta un problema ético. Los peores son los animales que se alimentan con hierba y producen metano, como vacas y ovejas. Las vacas producen el equivalente a 16kg de dióxido de carbono por cada kilo de carne, y las ovejas, 13kg de CO2 por cada kilo de carne. El periodista encontró la solución: mejillones, pues su huella de carbono es 20 veces menor que la de los pollos. 

Cerdos y pollos, que tienen una dieta más mezclada, no lo hacen tan mal. Los cerdos producen la mitad de ese CO2, y los pollos sólo 4,4kg por kilo de carne.

¿El impuesto entonces, funcionaría? El presidente de Fedegán, Jose Félix Lafaurie, le dijo a La República que “poner ese impuesto sería torpe y falto de entendimiento de las dinámicas de la carne” porque se afectaría la oferta de carne. La bióloga Brigitte Baptiste también le dijo a ese diario que la ganadería “es un sector clave y de los de mayor potencial para la transición a sostenibilidad. Impuesto aún no, mejor carne certificada e impuestos a los predios, crear fondos de incentivos a reconversión silvopastoril”, dijo.

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