5 Sep 2015 - 4:56 p. m.

¿Quién tiene el poder para envenenar la tierra?

Saskia Sassen profesora de Columbia University se sumerge en el panorama del acaparamiento de tierras, compra ilegal, contaminación de las fuentes de agua, entre otros temas, en su más reciente libro ‘Expulsiones’.

Steven Navarrete Cardona

“¿Qué ocurre en realidad cuando un nuevo propietario/arrendatario nacional o extranjero, ha adquirido 2,8 millones de hectáreas de tierra para plantar palmeras para producir biodiesel? Ante todo docenas de aldeas, distritos agrícolas de pequeñas propiedades enteros y operaciones manufactureras completas son expulsados de esas regiones rurales. (…) Todo eso conlleva degradación de esas tierras y del planeta entero a través de la perdida de la diversidad, de nutrientes e insectos. Después de unas pocas décadas las tierras estarán agotadas, clínicamente muertas, como hemos visto en zonas más antiguas de plantaciones en América Central, el Caribe y partes de África”.
 
Estas afirmaciones son resultado de más de tres años de investigaciones en los cuales la socióloga Saskia Sassen desarrolló una extensa investigación, junto a un equipo interdisciplinario, en diversos países del Sur Global, (América latina, Asía y África). En dicha apuesta escudriñó de forma incisiva las nuevas lógicas de acumulación del capital. 
 
Los resultados han sido publicados por primera vez en inglés con el nombre de ‘Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy’ en la Universidad de Harvard y que está disponible en español con el nombre de ‘Expulsiones: brutalidad y complejidad en la economía global’. 
 
El libro, (dedicado a su esposo el filósofo y profesor Richard Sennett) llega a Colombia en un momento crucial para las economías de los gobiernos progresistas en América latina, que han sido elegidos con programas que prometen cuidar y proteger el medio ambiente pero deben responder a las demandas y requerimientos de los organismos económicos internacionales. 
 
A falta de una fuerte industrialización que se ha profundizado en el neoestractivismo. Que activistas, ecologistas y líderes de movimientos sociales, denuncian, atentan contra el planeta, centrándose en la apuesta geográfica-espacial de las ‘Expulsiones’, y las motivaciones económicas que existen detrás. Es por ello que aborda desde los desalojos, el nuevo mercado global de tierras hasta la contaminación de las aguas y muerte de ríos y tierras, además, muestra los pleitos en que las diversas compañías transnacionales se han visto envueltas, acusadas de destruir las fuentes hídricas y los recursos naturales, como es el caso de Nestlé en Estados Unidos, Brasil y Canadá acusada de afectar las fuentes de agua. 
 
Otros fenómenos que se ha generalizado, para Sassen son la contaminación del planeta con desechos industriales y el acaparamiento de las tierras- que en la literatura del desarrollo rural, es definida como la compra masiva y en muchos casos innecesaria de forma inmediata de tierras-  además, concluye que África se ha convertido en continente predilecto para comprar tierras por Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Omán, Kuwait y Jordania, los países con grandes sumas de dinero como China y Corea del Sur, países Europeos y Estados Unidos. 
 
Uno de los peores males que afecta de manera tajante al medio ambiente, según la investigadora es la fracturación hidráulica, conocida como “fracking”, “que es el proceso de inyectar agua, sustancias químicas y sílice a alta presión en roca impermeable con el objeto de liberar hidrocarburos”. Para la socióloga holandesa está es una de las principales fuentes de contaminación del plantea; “por su uso extremo de agua y sus emisiones venenosas es sumamente destructivo para el medio ambiente”.
 
El abordaje de la realidad ambiental desde una perspectiva interdisciplinaria hace que el libro resulte siendo una radiografía de los crímenes ambientales y una mirada sobre la interrelación de los riesgos globales, así como un llamado a la necesidad de actuar en conjunto para prevenir que se siga destruyendo nuestro hogar común. “Enfrentamos economías en contracción en buena parte del mundo, la escala de destrucción de la biósfera en todo el globo y el resurgimiento de formas extremas de pobreza y brutalización donde pensábamos que habían sido eliminadas o estaban en vías de desaparición”, concluye Sassen. 
 

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