7 Dec 2013 - 9:00 p. m.

Radiografía del agua, los bosques y la energía del futuro

Durante más de seis meses, Bibo retrató en las páginas de El Espectador un completo diagnóstico sobre el estado de los recursos hídricos del país.

Redacción Vivir

En el medio ambiente ocurren relaciones inesperadas que permiten mantener el equilibrio natural.

Los bosques, por ejemplo, no sólo proporcionan madera y contribuyen a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que su vínculo con el agua es tal que, según el estado en que se encuentren, regulan el suministro del líquido vital, e incluso disminuyen el riesgo de inundaciones y sequías.

A su vez, teniendo en cuenta que cerca del 77% de la energía que mueve a Colombia proviene de fuentes hídricas, los niveles de los cuerpos de agua son responsables de garantizar la seguridad energética.

Se trata entonces de un círculo virtuoso: al conservar los bosques, las fuentes hídricas tendrán capacidad de mover las turbinas que producen electricidad para el país.

Esta relación vital entre bosques, agua y energía fue durante 2013 el foco de la campaña Bibo, una iniciativa de El Espectador y WWF que esta vez también acompañó a la Asamblea General de las Naciones Unidas en la celebración del Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua.

En su nueva apuesta, Bibo, apoyado este año por ISAGEN, Codensa-Emgesa, EPM y Findeter, con el respaldo de APC (Agencia de Cooperación Internacional) desplegó una serie de contenidos editoriales que, sin duda, dieron cuenta de la importancia de preservar el agua y los bosques y ofrecieron un conjunto de alternativas energéticas que promueven un planeta más sostenible.

Entre julio y agosto, cada jueves, circuló un especial a través del cual los lectores de El Espectador pudieron comprender de cerca por qué es necesario preservar las coberturas boscosas del país.

En términos energéticos, los ecosistemas de montaña, como los bosques de niebla y los páramos, otorgan grandes beneficios a los embalses. Además de regular el flujo del agua, recogen las pequeñas gotas de la neblina, luego el líquido desciende de la montaña y forma ríos que hacen posible llenar los embalses. La cobertura vegetal también evita la erosión del suelo y que el agua transporte así sus materiales sólidos. Esto disminuye la sedimentación en los embalses, que puede dañar sus turbinas y restarles capacidad de almacenar agua.

Posterior a esta importante explicación, los especiales hicieron énfasis en que Colombia, gracias a su riqueza natural, obtiene la mayoría de su energía eléctrica del agua; sin embargo, su desafío es conservar los bosques y buscar otras fuentes de energía renovable para disminuir los riesgos de suministro en momentos de escasez.

Al respecto, según el informe Climascopio 2012, del Banco Interamericano de Desarrollo, Colombia todavía tiene un largo camino por recorrer en términos de energías renovables, y los especiales editoriales lo hicieron saber: el año pasado se invirtieron en el país US$50,4 millones en proyectos y empresas de energía limpia, cifra que representa una caída del 74% con respecto al dinero que se había destinado el año inmediatamente anterior.

¿Por qué? En uno de los artículos, Luis Fernando Rico, gerente general de ISAGEN, resalta que Colombia tiene una situación especial en relación con la energía renovable: “posee una riqueza inmensa en hidroelectricidad, que sigue siendo la forma más barata de producir energía eléctrica, pero que se convierte en una barrera para la entrada de otras fuentes energéticas que, si bien poseen las mismas ventajas, no tienen cómo competir”.

Frente a esta barrera, Javier Sabogal, oficial de Economía Verde de WWF, mencionó en varias ocasiones la importancia de diversificar la matriz energética del país: “Depender del agua tiene sus riesgos. El país es el tercero más sensible al cambio climático en el mundo, y cuando hay escasez del recurso hídrico, los embalses no están lo suficientemente llenos”.

Ahora bien, ¿cuál es el real potencial de Colombia en energías limpias?, fue la pregunta durante varios de los artículos publicados en El Espectador.

De un lado, en cuanto a la energía solar, Colombia tiene una enorme capacidad porque está ubicado en la zona ecuatorial, que presenta un régimen de radiación con muy poca variación a lo largo del año; la costa Caribe cuenta con el mayor potencial, especialmente La Guajira.

Precisamente en esta región están también los recursos más prometedores para la generación de energía eólica que todavía no se han explotado; actualmente se cuenta sólo con un parque de generación eólica en la Alta Guajira (el Jepírachi), aunque empresas como EPM e ISAGEN están evaluando nuevos proyectos.

En cuanto a la energía hídrica, Colombia está clasificado como el cuarto país en el mundo con capacidad hidráulica. Sin embargo, se estima que en proyectos grandes sólo se ha explotado un 8,27% de su potencial y en pequeñas centrales hidroeléctricas el 0,67%.

Mientras tanto, la opción de producir energía a través de la combustión o gasificación de material orgánico (biomasa) está también a la espera de ser explotada, pero persisten obstáculos como los altos costos del transporte y la baja densidad energética.

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