9 Mar 2017 - 3:55 a. m.

“Ser gente de río es una bendición”: Mujer Cafam 2017

Desde los 15 años, Jully Andrea Mora tiene una misión: proteger al río Sogamoso, que corre a orillas de su casa en Puerto Wilches (Santander), y dignificar el trabajo de los pescadores en su departamento.

Maria Paula Rubiano

Cuando la central de generación de energía Hidrosogamoso comenzó a operar a orillas del río Sogamoso, los pescadores del corregimiento El Pedral, en Puerto Wilches (Santander), juraron que el río que compartían con la hidroeléctrica se había cansado y que jamás verían peces de nuevo. Jully Andrea Mora, en ese entonces de 20 años, decidió que había que hacer algo para recuperar el río.

Como presidenta de la Asociación de Pescadores del corregimiento El Pedral (Asoped) y como gestora cultural de la Asociación de Pescadores Artesanales y Agricultores del Magdalena Medio, tocó las puertas de Hidrosogamoso y logró concertar con ellos un plan para descontaminar el río.

El plan consistía en educación ambiental con la comunidad, jornadas de formación con los niños y barridas sanitarias para limpiar el río y sus puertos. No fue fácil. Jully Mora recuerda que la gente tenía la creencia arraigada de que el río todo se lo lleva. Recuerda que a veces no les abrían la puerta al grupo de cuatro o cinco pescadores que, de casa en casa, iban explicando lo importante que era no echar la basura al río.

“Había quienes nos tiraban la puerta en la cara, quienes nos hacían esperar 20 minutos en la puerta. En algunas casas nos decían ‘ay, ya sabemos a qué vienen, a hablarnos de las basuras del río’. Y a nosotros no nos importaba, les volvíamos a repetir”, cuenta. Al final la gente entendió, dice. Y eso, sumado a que “tanto el pescador como el pescado se habían adaptado al nuevo río”, permitió que la vida del pueblo siguiera con el curso apacible de otros años.

Por ese esfuerzo, Jully Andrea Mora fue premiada como la Mujer Cafam 2017. El reconocimiento se le otorgó, además, por su esfuerzo para incluir a las mujeres en las actividades pesqueras que proveen el sustento alimenticio a los 2.000 habitantes del corregimiento donde ella nació hace 22 años.

De hecho, a pesar de estar bañados por el río Sogamoso y estar separados por 40 minutos en carro de la desembocadura del mismo en el Magdalena, la relación de las mujeres con el río es mucho más distante que la de los hombres. Jully Mora dice que desde que tiene memoria, sus cinco hermanos se bañaron en el río y salieron con sus padres a faenas de pesca. Ella y sus tres hermanas, en cambio, debían resignarse a mirarlo desde la orilla.

Luego cumplió 12 años y el caudal del río bajó tanto que el agua llegaba cristalina. Su papá la dejó sumergirse. Caminó hasta la mitad de la cuenca, algo impensable en otras épocas. Ese es su primer recuerdo del río. “Son esos recuerdos bonitos que te hacen amar tu historia”.

En su discurso de aceptación del premio dijo que ser gente de río es como haber sido bendecido. Al preguntarle por qué, explica que para ella es una bendición “poder estar tan cerca de lo natural, saber que tienes un recurso que hoy en día se está acabando y que hay un afán por recuperarlo. Es una bendición saber que, sin importar el momento, el pescador siempre podrá decir: ‘al menos para comer’”.

Su interés por el río fue tan evidente que a los 15 años una líder de la comunidad llamada Yorlen Martínez, empezó a invitarla a las reuniones de la Asociación de Pescadores del Corregimiento El Pedral (Asoped). Sobre todo, la impresionaron las historias de los pescadores más viejos. “Sea con sol, con lluvia, con insectos o sin ellos, el pescador está ahí, firme, haciendo su labor”, dice.

Le dolió, además, escuchar los sueños de los pescadores, quienes, sin embargo, parecían ser invisibles para el país. Lo más difícil de ser pescador artesanal en este país, dice, es que no hay una sola ley que los proteja, los regule y les permita subsistir dignamente, ni que reconozca el papel que pueden llegar a ocupar en la producción sostenible de alimentos.

Dos años más tarde, cuando ya se había graduado del colegio y ya había terminado una técnica laboral por competencias en Seguridad de la Industria del Petróleo del ITP en Barrancabermeja, se unió de manera formal a Asoped. Tres meses más tarde, los hombres la escogieron como su presidenta.

“Fue un voto de confianza. Los pescadores la mayoría varones, son muy jóvenes. El pescador tiende a ser machista, cree que la mujer debe quedarse en la casa. Pero cuando las mujeres demostramos que teníamos ideas muy buenas y que merecíamos ser escuchadas, se logró el cambio”, explica.

Ese cargo fue el que le permitió convertirse en gestora cultural de la Asociación de Pescadores Artesanales y Agricultores del Magdalena Medio (Asopesamm), que actualmente trabaja con 1.200 pescadores de nueve asociaciones de Puerto Wilches (Santander). Jully Mora añade con orgullo que cinco de esas asociaciones cuentan con 25 mujeres líderes.

Dice que este es apenas el primer “granito de arena” que ella le aportará a su asociación. Espera continuar con las jornadas de descontaminación del río y con la educación para los niños y jóvenes del municipio sobre él –creó unas escuelas en donde los pescadores más viejos les transmiten su conocimiento a los menores–. Además, quiere capacitar a las mujeres que conviven con ella en asuntos como equidad de género y que conozcan los derechos que las protegen por ley.

No le teme al regreso de los exguerrilleros a la vida civil. Sabe que los nuevos campesinos podrían generar una sobreexplotación sobre el afluente, pero está convencida de que una vez más podrán “convertir una crisis en una oportunidad”. Está convencida de que la generosidad del río alcanza para todos. Y como no estarlo, si a ella se lo ha dado todo.

 

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