27 Mar 2018 - 3:32 a. m.

Sólo el 25 % de los suelos del mundo no están degradados

El bienestar de más del 40 % de la población mundial está en peligro por el deterioro de los ecosistemas naturales, dice el informe entregado ayer en Medellín por Ipbes, plataforma que une la ciencia y la política en 129 países.

El Espectador

La degradación de la tierra ha alcanzado niveles críticos en muchas partes del mundo. Esa fue la conclusión a la que llegaron más de cien expertos de 45 países tras estudiar durante los últimos tres años la salud de la superficie terrestre.

Sus resultados fueron presentados ayer en Medellín por el Ipbes, una plataforma que pretende ser bisagra entre la ciencia y la política en 129 países. El informe, considerado el más robusto de su tipo, es un compendio de malas noticias y grandes retos para los tomadores de decisiones.

Esta evaluación, apoyada en más de 3.000 fuentes de conocimiento científico, gubernamental, indígena y local, pinta un panorama desolador de la salud de los ecosistemas naturales y sus tendencias negativas.

El problema es tan grave que el bienestar de más del 40 % de la población mundial peligra, la conservación de las especies está en jaque y el cambio climático parece intensificarse. Sus consecuencias, además, aumentan la migración humana y la probabilidad de los conflictos violentos.

La culpa, señalan los expertos, recae sobre nuestras actividades. Principalmente la expansión rápida, el manejo insostenible de las tierras de cultivo y el pastoreo. Una serie de prácticas que golpean los bancos de alimento, energía y agua de toda la humanidad.

En palabras del coordinador del estudio, el ingeniero agrícola Luca Montanarella, “una sexta extinción masiva de especies”, gracias al consumo en países desarrollados y emergentes. Porque expanden más sus fronteras agrícolas, extraen mayor cantidad de minerales y urbanizan sin límites para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Esa realidad empeorará a futuro, poniendo en jaque las tierras sanas que todavía existen, algunas de ellas ubicadas en Suramérica. De ahí que parte del esfuerzo de este informe fuese encontrar soluciones que sirvan como hoja de ruta a los tomadores de decisiones. “A un gobernador, un alcalde, un líder de una junta de acción comunal, un presidente y nosotros mismos”, explicó Wilson Ramírez, investigador del Instituto Humboldt y uno de los autores del capítulo sobre restauración.

Esas recomendaciones se basan en ejemplos exitosos. Para las tierras dedicas a la agricultura, los expertos sugieren reducir la pérdida del suelo, usar cultivos tolerantes a la sal y sistemas integrados de ganadería y silvicultura. En el caso de los pastizales, la recomendación es mantener un buen régimen de incendios e impulsar prácticas de manejo del ganado.

Por el lado de los humedales, alternativas como el control de la contaminación y la adaptación de estos ecosistemas como parte del paisaje han sido exitosas. Mientras que en las áreas urbanas, los autores sugieren planificación especial de las ciudades, reintroducción de especies nativas y desarrollo de infraestructura verde, como parques y ríos.

De hecho, una de las conclusiones más llamativas del informe son los recursos que trae esa restauración. Estas acciones generan empleo para las comunidades locales y sus costos, que se pensarían altos, son 10 veces más beneficiosos que la inacción.

Por eso “lo importantes es saber que si implementamos soluciones correctas para combatir la degradación de la tierra podemos transformar la vida de millones de personas en todo el planeta, pero esto se vuelve más difícil y más costoso cuanto más tardamos en actuar”, concluyó el presidente del Ipbes, sir Robert Watson, al cierre de la sexta plenaria de este organismo en la capital antioqueña.

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