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Los trabajos programados para recuperar la navegabilidad del río Magdalena deben considerar los efectos sobre los arrecifes coralinos, dice la Academia de Ciencias.

Las obras que se ejecutarán en el río Magdalena aumentarán la velocidad de sus aguas, los sedimentos y la contaminación, lo que se convertiría en “un hito más de la destrucción ambiental de la región que hoy afecta el Canal del Dique”, de acuerdo con la carta enviada por un grupo de científicos encabezado por el presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el botánico Enrique Forero.

Por eso hacen un llamado para que el Gobierno Nacional tome las mejores decisiones, basadas en la evidencia científica, y se le garantice al país que los fondos invertidos intervengan de la manera más idónea el caudal del Dique, “incluyan la restauración de los ecosistemas que antes trataban sus aguas, como los manglares de las ciénagas de Palenque y Matuna”, y mitiguen “los desastres antrópicos generados por su canalización en el siglo XX”.

Los científicos hacen énfasis en que las obras de reducción y rectificación del cauce que Cormagdalena iniciará este año no deben tener como único objetivo mejorar la navegabilidad del río, por varias razones, entre ellas porque la llegada del Magdalena directamente a la bahía de Cartagena a través del Canal del Dique la ha transformado en “un estuario cloaca”. Afirman que el transporte de sedimentos en el río pasó de 144 millones de toneladas anuales en el período 1970-2000 a 188 millones en la actualidad, de los cuales el cinco por ciento atraviesa el Canal del Dique hacia la bahía de Cartagena y la de Barbacoas. Esto equivale a depositar 1.650 volquetas de seis toneladas de sedimento diariamente.

Esta situación repercutirá “mañana en el turismo del que depende buena parte del empleo de la ciudad, en la seguridad del acceso a sus terminales, en la salud pública de los usuarios de la bahía y en la seguridad alimentaria de la región”, escriben los científicos.

“Nos motivó la profunda preocupación de personas y entidades estudiosas de los corales, que se acercaron a la Academia teniendo en cuenta que está en la obligación de expresar opiniones, basadas en la mejor ciencia posible, sobre los problemas del país”, dijo Forero.

La carta, firmada también por el exministro de Ambiente José Vicente Mogollón, quien acaba de publicar el libro El Canal del Dique, historia de un desastre ambiental, demuestra que las zonas arrecifales que hacen parte del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo no sólo están siendo afectadas por los impactos que experimentan todas las regiones de corales del mundo por el cambio climático y el aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos naturales y de las enfermedades en los organismos vivos de este ecosistema, sino que además están expuestas a presiones locales, especialmente por la escorrentía continental que aportan las aguas del Canal del Dique.

Un grupo de expertos nacionales e internacionales reunidos en Ecoral, una empresa de conservación, trabaja actualmente en entender la conexión del sistema que une al Magdalena con el Canal, con las bahías mencionadas y con las islas de Barú y del Rosario. “Estamos obteniendo las bases físicas, hidrológicas, oceanográficas, biológicas y ecosistémicas de este sistema”, dijo Federico Botero, su gerente, también uno de los firmantes. El objetivo es valorar los activos ambientales e insertar la conservación en las decisiones económicas del país.

Los dragados permanentes para el mantenimiento que requiere el Dique, con un costo de $13.000 millones anuales, no se comparan con el valor de los daños ambientales, continúa la carta. Y el problema debe enfrentarse desde sus causas, como son mejorar la calidad del agua, lo que significa disminuir los contaminantes y la carga microbiológica que recibe, controlar la entrada de sedimentos a las bahías y al parque, y lograr la sostenibilidad de los servicios que prestan los arrecifes coralinos que aún sobreviven. 

lisfog@yahoo.com

@lisbethfog

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